¡Uih!, alerta de clásico, de esos de los que ya se ha dicho de todo. Pero nosotros vamos a por otros conceptos: aventura, acción a raudales, un potaje rocambolesco de los que, cuando lo lees, te das cuenta de que hasta el mismísimo Patrick Rothfuss se ha basado en una parte de ella. Aún no profundizaré en ese concepto «lo verás claro», pero ya te digo yo que incluso el título se parece a lo que será su tercera novela, Las puertas de piedra.
Primero, sin spoiler, para que sepas de antemano qué te vas a encontrar en esta novela. Si eres adolescente, no la leas: es compleja y muy fácil a la vez. Para mí fue así; lo que antes me resultaba difícil ahora se ha vuelto fácil. Y he de decir que prever más o menos todo lo que iba a pasar me ha alegrado mucho, mucho. No sé… no necesitaba aquellos giros inesperados. Y eso que la novela está llena de ellos e incluso desborda fantasía, quizá demasiada, pero (como he dicho antes) es un potaje de la hostia. Es más, es como poner un bocadillo de lentejas o garbanzos: sabes que está bueno. La diferencia es que normalmente te lo comes con cuchara y luego mojas el pan… pues aquí es al revés.
Yo me compré la edición de Gigamesh, pero en mi casa siempre ha estado la de Martinez Roca(Grand Fantasy), que viene a ser casi lo mismo.
Si esperas pirámides, no esperes eso. Vas a encontrar Londres, mucho Londres, y un poco de Egipto. No más. Bueno, sí: magia, viajes en el tiempo y flipadas a mansalva, con algo de explicación sobre los mitos de la licantropía.
Dije que el libro es difícil, y lo es. Hay que estar pendiente: cambia mucho de personajes, hay unos cuantos y todos son importantes. Si sigues el hilo, no hay problema. El principio es casi infumable, hasta más o menos la página 80. El punto de inflexión llega cuando aparecen Punch and Judy. Yo, que he estado muchas veces en Londres (que, por cierto, no me gusta, como no me gusta ninguna ciudad grande), conecté en ese momento con lo que podía ser el pasado. Al menos en mi caso, a partir de ahí todo es bajada.
La novela es de las que te salvan si vas un poco saturado. Reconozco que me gusta reencontrarme con literatura antigua. Es una maravilla, sí. ¿Podrías pasar sin ella? Sí. Pero como todo en la vida, Las puertas de Anubis no es de mi bouquet, y aun así me flipa. Me toca los huevos, pues sí, también.
Y ahora vamos con los spoilers y cómo se parece, en su primera fase, a El nombre del viento o cómo este ambientó todo imitando a Powers.
Londres de 1800 es Tarbean en El nombre del viento. El protagonista es como Kvothe: se convierte en un mendigo, las pasa realmente putas. El conocimiento del protagonista y el hecho de ser de otro tiempo sería como el poco conocimiento de Kvothe en sus inicios.
Pero… ese personaje tan endeblucho consigue sobrevivir a los cambios de cuerpo de Joe Cara de Perro, la leyenda viva del hombre lobo. Entonces deja su cuerpo hecho mierda y a punto de morir, y llega a uno fuerte y alto. Ahí es cuando, incluso, puede defenderse de toda la inmundicia que hay en los bajos fondos mágicos de Londres, paralelos pero consonantes con la historia real tal como la conocemos.
Brendan Doyle, profesor de literatura, pasará de ser un viajero en el tiempo a ser un poeta de renombre, con amigos a la altura o más. El personaje podrá dar una buena hostia a aquel desalmado de la época que le amenace. Es aquí cuando la novela empieza a coger un ritmo trepidante, tanto que se podría contar como una historia de aventuras total, de las tan gustosamente realizadas por Indiana Jones, Lara Croft o Uncharted.
Tim Powers hace que lo grotesco y la flipada estén bien elaborados. Los viajes en el tiempo no serán demasiados para no liarla aún más parda, ya que eso se lo dejará a los personajes. Y por momentos te verás sonriendo, con una mueca en la cara, flipando de la locura que tienes entre manos.
Qué vamos a decir… es otro de esos libros imprescindibles o prescindibles, pero es mejor haberlo leído y poder opinar por un@ mism@. Dentro de este libro hay pequeños pasajes que son una completa maravilla, párrafos que equilibran el descontrol y la locura de la enorme imaginación de Powers.
Es, posiblemente, una magnitud de imaginación tan elevada como la que tuvo en sus inicios Orson Scott Card con su Planeta llamado traición, solo que aquí está mejor escrita. O mejor traducida, gracias al gran Albert Solé. No puedo opinar de la versión en inglés, ya que la he leído traducida y está de fruta madre.
Y esta review la dejamos con un poco del humor que tiene…
—Te he dicho que tu peli era de las Top Freak Movies.
—¿Nos la jugamos a suertes para ver quién elige la siguiente?
—¡Sí! Da igual, las dos últimas han sido espectaculares.
—Venga, al mejor de tres. Un, dos, tres… piedra, papel o tijeras.
Esta escena puede ser normal, tanto en parejas, compañeros de piso, bich@s con bich@s, salamandras con salamandros… da igual. El tema es poner una de aquellas pelis que revisiono a menudo por su alta calidad, por su dudosa calidad aunque a mí me gusta, pero también por momentos de genialidad que la convierten en un culto total.
Es posible que esta lista de siete películas que he revisionado hace poco —digo siete porque es el número que me gusta, es el número perfecto—, si la alargase a diez me extendería demasiado, y quiero seguir comentando pelis en un futuro. Pero solo comentar aquellas escenas que me impactan, y por qué.
Se podría ampliar tanto que sería una flipada total, pero intentaré incluir un corto interesante al respecto, de esos donde la cabeza te hace pum y ves que es una obra maestra. Es posible que entre alguna que no sea del género, pero por norma siempre entrarán del género que más nos gusta.
Lo sé, las películas nos gustan a tod@s. No es como la literatura. Son chupinazos directos, un formato más corto, visual y bla bla bla… Todos sabemos que la literatura es lo mejor. Pero el séptimo arte es importante como el que más, ya que se infiltra en todos los sentidos. Con esto, también quiero decir que este tipo de películas serán de las que no te dejarán quitar la atención, a menos que tengas que ir al lavabo y darle a pausa. Pero eso es importante, porque hoy en día casi nadie puede hacer una actividad sin parar un momento y mirar el móvil. Es una cosa muy seria, ya que la sociedad está hipervitaminada de inputs.
Venga… que me enrollo con la misma cantinela de siempre. Vamos a poner unas pelis:
Pacific Rim
Dredd (2012)
The Warriors
Cube
Al filo del mañana
Interestellar
Tomates verdes fritos
Vamos con Pacific Rim:
Los bichos salen aquí, y de los grandes, tipo Godzilla. No he visto ninguna película de Godzilla (es un género que no me llama especialmente), pero en esta, los bich@s se utilizan como una amenaza surgida de una brecha dimensional. Son meros títeres dentro de un plan mayor.
La película rebosa acción. Tiene un reparto de escándalo, de principio a fin. Incluso aparece Santiago Segura (sí, increíble pero cierto) con un cameo genial.
Lo más impresionante, sin embargo, son los conceptos de ciencia ficción: la simbiosis o interlink entre unidades, imprescindible para manejar un mech gigante capaz de enfrentarse a criaturas colosales. Tenemos científicos locos, luchadores atormentados por su pasado… un mejunje espectacular de matices bien estructurados que le dan coherencia a toda la historia.
Y por fin, también, unos trajes de combate muy logrados, muy en la línea (o similares) a los trajes de amortiguación AMA que he desarrollado en mi novela de ciencia ficción (aún por publicar), y que también aparecen en los prólogos publicados de la segunda entrega, ambientada en el mismo universo pero en un periodo anterior. Muy anterior.
Pero, dejando todo eso de lado, esta peli tiene una de las escenas más top que más me gustan. Porque transmite sinceridad, aprecio, compromiso… aunque el mariscal no lo vea así, porque la testosterona está en niveles críticos. Todo eso se percibe con claridad. Incluso el humor está perfectamente integrado.
Ahí va la escena:
Bueno, sinceramente, creo que podría hacer una entrada solo de esta peli, pero quiero comentar a grandes rasgos cada una de ellas. Continuamos con la siguiente:
La comenté en la entrada anterior. Con esta me salvo de líneas… porque agárrate, que vienen.
The warriors (1979):
Esta película entra dentro de las muy viejas que, para nada o casi nada pierden fuerza con el tiempo. Está basada en un libro sobre bandas callejeras de la época, cuando existían muchas tribus urbanas. Vale, por aquí está bien, pero lo que más me gusta es cómo una banda es perseguida.
Antes de nada, comentar que todas estas películas las he visto tanto en versión original como traducidas al castellano. En todas es posible que los doblajes estén muy bien, y que en la original molen mucho. En The Warriors, se utiliza mucho la palabra “mariconas” o “faggots”. No es que sea despreciable, ni siquiera para la época, porque aquí tod@s dan caña. Están en modo supervivencia. Las mujeres se defienden, saben valerse por sí mismas, utilizan tácticas diferentes, como es normal. Pero aquí entra la ley del más fuerte.
Y para nada los Warriors se convierten en unos imprudentes, ya que sopesan muy bien la situación, y si deben correr o luchar, lo van a hacer. Una de las escenas míticas, después de tanto huir, es cuando el más imprudente de ellos (Ajax) e incluso el más fuerte, se harta de correr.
Como último detalle, aún recuerdo cómo me pasé uno de los videojuegos más infravalorados de Rockstar (sí, los creadores de GTA), cuando lanzaron este juego para PS2. Fue una auténtica maravilla. Puede que la historia fuera algo corta, pero era guapo. Guapo de verdad.
Cube:
Ohh… Cube, menuda maravilla. Otro animal de diferente especie. Un híbrido de mucha calidad entre intriga, terror, gore y mucho mensaje. Sí, de esas cosas que me gustan.
Hubo una vez (no viene mucho a cuento, pero entra en materia) que estaba viendo Nashville, una serie sobre cantantes de country. En uno de los momentos top, una de las cantantes se compara con la número uno y le pregunta al CEO de una de las mejores casas de discos por qué ella no triunfaba. (Spoiler: triunfa después). Él le responde:
—Cuando tengas algo que decir en tus canciones, me llamas.
Ahí le demuestra que, por muy buena que fuese, necesitaba expresar algo, dar un mensaje, algo. O, como mínimo, relajarse y disfrutar. No obcecarse. Dejar que todo fluyera. Al final daba igual: era un reflejo o un espejo donde se quería ver el CEO e incluso el posterior mánager.
Pues eso es Cube. Una peli con significado. Aunque no lo parezca y te dé igual, porque el concepto es guapísimo.
Y aquí se podrían abrir interminables debates. Pero el mensaje está al final de la película, donde cada uno de los integrantes tiene algo, cada uno dispone de una pieza del puzzle. Todos son ganadores. Y llega ese momento final donde alguien incluso renuncia. Cube se vuelve psicológica a más no poder. Porque esa renuncia viene de alguien que, posiblemente, es quien más palabra podría tener. Más poder. Más todo.
En Cube tenemos una maravilla donde analizar minuciosamente cada diálogo y llegar a conclusiones. Por eso es ultra revisable.
Por cierto, pongo el principio de la peli. Es ahí donde se puede ver el detalle y lo bien realizadas que están las esclusas, como también los pomos. Cualquiera que sepa del tema se dará cuenta de que son manetas de fileras, utilizadas para repasar las roscas dañadas de tornillos. Sobre las guías ya ni te cuento: son indestructibles y robustas.
Si ves Cube 2, ya son puro chichinabo.
Al filo del mañana:
¡Uy! Tom Cursi, en cartel. Uy, repeat and again, el Ángel de Verdún. Repeat and again.
La marmota… pero en ciencia ficción. On your feet maggot!
El Ángel de Verdún es, posiblemente, uno de los personajes femeninos más potentes que hay, sin faltar al respeto al de Tomates verdes fritos, que ya comentaremos más adelante.
Edge of Tomorrow es de culto. No, es más que de culto, al menos para mí. La puedo ver incontables veces.
Interestellar:
Bueno aquí no hay mucho misterio. solo poner la escena que más me gusta y eso que me gustan todas.
Interestellar si no la has visto, que suerte tienes.
«En esta entrada, explico brevemente por qué me encanta esta escena. Aquí.
Tomates verdes fritos:
La resalto en negrita porque es, posiblemente, mi película favorita de todos los tiempos.
En ella se debaten muchísimos enigmas existenciales de la vida. El principal: cómo las líneas vitales pueden alterar por completo el futuro, el presente y el pasado; cómo algo puede truncarse de forma irreversible, y cómo quienes quedan atrás luchan por reparar el daño y encauzar sus vidas. Atemperar la rigidez de todo.
Pero esta película es, simplemente, un vals de perfección entre imágenes, música y secuencias. Esta película consigue hacerme llorar pero en cantidad. Me conmueve profundamente el momento en que Buddy le cuenta a Ruth la historia de los patos y el lago, cómo le transmite su memoria antes de morir. Cómo se trunca el bien. La bondad de una persona válida para este mundo, y cómo, a través del sufrimiento, quienes quedan intentan enderezar su legado.
En esta película se abordan infinitos temas sociales. Y ahí está: la historia, al ritmo del soul. De la música negra, de la liberación frente a la opresión racial y machista, encubierta en una lucha contra la opresión de la vida misma que tod@s sufrimos. Una lucha por enderezar un sistema. Un sistema con muchos errores.
La versión traducida es brutal. Nunca me he dignado siquiera a verla en versión original. Prefiero dejarla así.
¿Empezamos con Dredd? Pues sí. Y lo haré con un pequeño fanfic o recreación
Megacity.
literaria de la última película de Dredd (2012), que, posiblemente, es una de esas cintas que más me gusta cada vez que la vuelvo a ver. Además, viendo cómo el género de la ciencia ficción está en auge (aunque muchos lo nieguen), no deja de crecer el número de adaptaciones, remakes y conversiones literarias a la pantalla. Cada año hay novedades.
Sin ir más lejos, este año se ha adaptado Murderbot como serie. Y también se ha anunciado que quieren volver a adaptar Juez Dredd. ¿Podrán superar una obra maestra? En mi opinión, no. Para mí, la película de 2012 es un ejemplo de cómo construir un gran guion. Quizás me excedo, pero es que la recreación, la atmósfera y cómo progresa la película (en ese modo nostálgico de «nivel tras nivel», como un videojuego o un cómic) la hacen memorable.
Dredd está acorralado. Lucha por la supervivencia. Y cada elemento suma para que se convierta en una cinta espectacular. Hay guiones sublimes que logran mezclar puro entretenimiento con escenas memorables. Otro ejemplo sería Aliens: El regreso.
En Dredd, tenemos esa progresión de niveles, piso a piso, que recuerda mucho a la estructura de Juego con la muerte de Bruce Lee (película que, de haber sido terminada por completo con él, habría alcanzado el culto que merece). Dredd también es, sin duda, una película de culto. Es una de esas historias donde los buenos son los que acaban atrapados, sin salida. Y el equilibrio entre Dredd y la novata Anderson construye un dúo que logra salvarse contra todo pronóstico.
Pero antes de hablar de Murderbot, sigamos con un pequeño fanfic ambientado en el universo de Dredd (2012).
Ya la queremos liar… cómo me gustan estos rollitos.
—¿Cuánto cuesta comprar a un juez hoy en día? —dijo el juez Dredd.
—Un millón de créditos —respondió el corrupto juez Lex, dando una señal al juez Álvarez para que rodeara a Dredd y no le dejara escapatoria—. A repartir entre cuatro.
—Ahora entre tres.
—Por mí, vale —dijo Lex con una sonrisa lobuna.
—No me parece mucho —murmuró Dredd, mirando a su alrededor mientras analizaba dónde podría estar otro juez acechándolo—. Traicionar a la Ley, traicionar a la ciudad…
—Guárdate esos rollos para los novatos —replicó Lex, cambiando de posición y cobertura, aunque su voz delataba su ubicación aproximada—. Llevo veinte años pateando las calles, ¿sabes qué es MegaCity1, Dredd? Es una puta trituradora… La gente entra por un lado y la carne sale por el otro.
Casi la «o» que había salido de sus labios volvió, chocó en sus dientes, mientras cambiaba de posición de nuevo y acorralar junto a Álvarez el otro flanco de Dredd.
—¡Nosotros solo hacemos que gire! —movió la cabeza Lex, dando el visto bueno a Álvarez para disparar.
Álvarez comenzó a disparar y Dredd, solo pudo que saltar de cobertura en cobertura mientras Álvarez se aproximaba a su posición. Dredd no tenía munición, empezó a cambiar en todos los modos de munición de su arma para que esta revelase que todas las opciones estaban vacías. Salvo máxima potencia. Rodó fuera de su cobertura justo después de que le disparasen, giró y apuntó a la cabeza de Álvarez y esta desapareció en un estallido de sangre y vísceras.
— Hijo de puta…
— ¡A repartir entre dos!
—Ya, y estaria tenblando sino te hubieras quedado sin balas.—dijo Lex, que habia escuchado como Dredd, cambiaba entre todas las opciones de su pistola.
Dreed no pudo hacer otra cosa que saltar, rodar y protegerse ante la lluvia de munición que caia sobre el mientras Lex sin parar su avance quedaba cada vez más cerca. Pero mientras en los pisos superiores Anderson hacía contacto con otra juez.
—Baja el arma, novata. Vengo con los refuerzos.
Anderson recibió un zumbido en su mente, fruto de su poder mutante, desarrollado por la radiación y la cercanía al borde exterior del megabloque en que creció. Sin pensarlo, Anderson disparó a la juez.
Dredd seguía a cubierto cuando Lex habló:
—Perforadora.
Y empezó a disparar contra el último muro de la sala, la única cobertura que se interponía entre él y Dredd. Los disparos se sucedieron uno tras otro, hasta que uno atravesó el muro y alcanzó a Dredd por el bajo vientre.
La onomatopeya ahogada y el deslizamiento de un cuerpo, seguidos de la sombra de unas piernas, hicieron avanzar a Lex sin preocupación. Incluso bajó su arma con una sonrisa al ver el cuerpo de Dredd, sentado. La dentadura lobuna de Lex ya no tuvo que hacer aparición en su sonrisa; solo necesitó ampliarla, arqueándola hacia arriba, igual que su pistola, para dar el remate final.
El cañón de Lex tenía una dirección imparable. Nada podría detener la bala. Y aun así, Dredd levantó la mano.
—Espera —dijo Dredd.
—¿Espera? ¿Estás de coña? ¿Has dicho espera? ¿El juez Dredd, el gran juez Dredd, por fin se ve a punta de pistola y lo que dice es “espera”? ¿Sabes qué? Esperaba más de ti. ¿Esperar a qué? ¿A que cambie de idea? ¿A que te dé otros dos segundos de vida porque estás tan mal que no soportas ver la muerte?
—No…
La sonrisa depredadora de Lex se torció mientras su cuerpo era atravesado por un sinfín de impactos mortales que lo hicieron caer… Sin espera. Sin tiempo. Sin dos segundos más de vida. Pero sí con el tiempo justo para que, si algo de vida quedaba en el cuerpo tendido de Lex, pudiera escuchar las palabras de Dredd:
—Que esperes a que ella te mate…
Anderson lo había salvado.
Y aquí acabamos con este fanfic, que se podría decir que es una transcripción de la peli… pero no. Le he añadido mi toque personal. Cómo lo veo. Desde mi punto de vista. Mi reflejo y mi mente compartida. La famosa “telepatía” de la que habla Stephen King cuando se refiere a la escritura.
Añadiría que, justo antes de esta escena, si la hubiera escrito yo, me habría vuelto loco. Porque antes, Dredd acaba con otro juez, y —valga la redundancia— la clave de esta escena es que se queda sin munición. Lo que quiero decir es que esta escena demuestra que hay cosas que, aunque tengan errores, son una maravilla. Y no hay que preocuparse, porque ahora sí: ese error Dredd no lo volverá a cometer. Se armará para acabar con el origen de la llamada de emergencia que los llevó a ese megabloque.
Con esto cierro una pequeña observación personal: Dredd es una pasada. Es posible que su personaje, al llevar casco, rompa con la idea clásica de mostrar el rostro para generar empatía. Y ahí es donde entra Murderbot. En el cine, mostrar la cara es casi obligatorio para conectar con el espectador. Si no, es difícil. Dredd lo consigue. Murderbot necesita mostrar al actor y generar cercanía de otra forma, y la serie lo logra, sobre todo gracias al grupo de investigadores hippies y ese Sanctuary Moon tan característico. Es un acierto total.
Y lo dejo aquí, para una segunda parte donde profundizar en esos aspectos… y en esa serie.
Ahora solo queda esperar. Pero esa palabra es muy relativa, y hasta podría formar parte de algún tabú. Esperar. ¿Cuánto? Me niego. Por eso he creado mi propio fanfic.
Añadir la info recabada de la web sobre el pelotazo de una nueva peli de Dredd y sus enlaces:
Una nueva entrega cinematográfica de Judge Dredd está oficialmente en desarrollo, y no será una secuela sino un reinicio completo (reboot). La dirige Taika Waititi, conocido por Thor: Ragnarok y Jojo Rabbit, y el guion lo firma Drew Pearce (Iron Man 3, Misión: Imposible: Nación Secreta). Tanto Waititi como Pearce crecieron como fans de cómics de 2000 AD, la casa de Dredd. Diario AS
Este nuevo proyecto busca ser más fiel al espíritu de los cómics, con un tono más cercano al humor oscuro y la crítica social que caracterizan al universo de Mega‑City One. El objetivo también es establecer un “universo Dredd” expandible en cine y televisión. Empire
Como curiosidad, parece que Karl Urban no retomará el papel de Dredd, lo cual refuerza que se trata de un reinicio total. Gamesradar
¿Qué somos? La verdad, ya ni sé para qué pregunto. Si total… ya lo sabéis.
¿Primero lo bueno o lo malo? Porque esta segunda parte de la saga de Silo tiene esos dos aspectos. Para que no te espantes: el libro es increíble, pero…
Pero antes voy a empezar como empieza el tercer libro:
«Para los supervivientes».
Y voy a detenerme en eso. Esta saga parece estar hecha para ellos. Para los que se dan de hostias, la cagan a nivel estratosférico y, después de darse cuenta, han de conseguir avanzar más de lo que la han jodido. Consiguen avanzar, pero la cagada es monumental. Y esto ocurre por el desconocimiento de absolutamente todos. Incluido el protagonista principal de esta segunda parte, que es uno de los diseñadores de los silos.
Es posible que de esta manera se presenten los personajes de esta segunda parte. Y con esto empezaremos con lo malo.
Los personajes, como he dicho antes, cambian. En esta segunda parte ya no vamos a tener a Juliette, nuestra heroína, que ha sobrevivido a una limpieza y es la única superviviente tras una salida del silo.
En este libro viajamos al origen, a un futuro próximo, al momento de la creación de los silos y cómo fueron diseñados. En el papel suena interesante, y lo es, pero el problema es cómo se presenta esta progresión: se vuelve tediosa, larga. Siguiendo la dinámica editorial actual: libros grandes con muchas cosas que se podrían obviar y que solo sirven de trámite hasta llegar al clímax. Personajes ya metidos en política, muy humanos, con muchas dudas, que se agravan en un ambiente tan deprimente como puede ser un silo. Esta vez, además, nos moveremos entre distintos silos. Un proceso tan extenso y pesado que no empieza a despuntar hasta pasada la mitad del libro, cuando se nos cuenta cómo se destruyó el silo diecisiete, donde Juliette conoce a Jimmy, o “Solo”.
A partir de aquí puede haber spoilers. Pero antes de entrar con todo, te digo: si aguantas más allá de la mitad del libro, la lectura se acelera, no podrás dejarlo, y todo sube exponencialmente. Lo que convierte a esta segunda entrega de la trilogía Silo en una maravilla. Puede impulsarte a leer el tercero. Pero en mi caso, dejaré pasar un tiempo prudente, para no quemarlo o incluso dejarlo para más adelante. Así lo hice con la trilogía de Los tres cuerpos, y esta vez haré lo mismo. Es más, posiblemente no lea la tercera parte hasta que no salga la tercera temporada de Silo en Apple TV. Porque creo que estamos hablando de que Silo es el pelotazo de las series de ciencia ficción. Es evidente que hay muchísimas y muy buenas, por lo que posicionarse a ese nivel es muy difícil. No como ocurrió con Juego de Tronos, ya que el género de fantasía no tiene tantas series a su altura.
Spoilers.
Veníamos de jugar al gato y al ratón con el primer libro, con aquellas imágenes que hacían pensar que el exterior era verde o que todo podía ser una simulación. En el segundo libro no sigue ese juego hasta el final, donde nuevamente se abre la caja de Pandora. Pero ahora lo hace de forma muy lenta, al principio, añadiendo un componente de exterminio tipo «nano-máquinas» para curar y alargar la vida. Pero revela que estas máquinas pueden usarse como un virus: así como te dan vida, te la pueden quitar.
En la review de la serie y el libro, llegué a aventurarme a decir que los silos estaban controlados por una especie de IA. Pero en este segundo libro se inclinan más por un posible “reset” humanitario. Incluso uno podría haber pensado, en el primero, que ese paisaje devastado lo provocaban los mismos turnos de control con drones armados, ya que en algún párrafo se detallan temblores relacionados con armamento.
Las fuerzas políticas y un conflicto que no se detalla terminan cediendo protagonismo a los problemas familiares y al conflicto interior de Donald, quien pasa de ser un mero títere a tomar el timón del barco. Aun así, queda encerrado en un recinto como lo es el silo, que le impide tener ese impulso natural que había en el primer libro: la incertidumbre. Ese desconocimiento que permite cometer atrocidades sin una línea equitativa, por mucho que exista un libro de la Orden.
Lo bueno:
El libro es brutal. Solo que has de superar la mitad para empezar a disfrutarlo. Para mí es demasiado. Pero no tod@s somos iguales. Aunque recalco que, en lo personal, leer un libro de una saga y enseguida el siguiente es una locura. Sería como no dormir en 24 horas y esperar que el cuerpo funcione igual las siguientes 24.
Donald, el personaje principal, a medida que empieza a descubrir la manipulación a la que ha sido sometido, se convierte en juez y verdugo. Y es en ese momento cuando su personaje explota, porque no cae en la típica paranoia. Al ser un hombre de bien, maltratado, analiza los ángulos y, debido a la manipulación que ha sufrido, se convierte en un ejecutor vengativo. Y uso esa palabra porque no busca imponer su ley a la fuerza, sino desvelar un futuro. Un futuro que, fuera del círculo de los cincuenta silos, puede albergar esperanza. Pero deberá luchar contra lo que no los hace del todo humanos, porque en su interior tienen nanomáquinas. Máquinas que pueden dar vida, pero también quitarla.
Él se siente culpable de la vida de mierda a la que ha condenado a la sociedad. Y probablemente esa misma vida es la que se podría esperar para los primeros colonos en Marte: viviendo penosamente bajo tierra.
Donald empieza a molar a partir de la segunda mitad del libro. Pero es realmente cuando entra la historia de Jimmy, o Solo, el hombre que hace contacto con Juliette en el silo 17, aquel silo destruido que aún alberga esperanza al llegar ella. Es allí donde este segundo libro se dispara hacia arriba en exponencial.
Jimmy es una pasada. Su madre lo arranca de clase al conocer el conflicto y corre con él hacia la sala del conocimiento del silo, donde está su padre. Las escaleras están abarrotadas y madre e hijo se separan. Jimmy llega de milagro junto a su padre, quien le da las instrucciones para entrar a la sala del legado. Pero su madre no aparece entre la multitud. Padre y madre son capturados y asesinados frente a las cámaras, que Jimmy puede observar desde la sala del legado del silo 17.
Su padre le advierte que lo matarán si abre la puerta, igual que harán con ellos. Esas palabras resuenan en Jimmy todo el tiempo. Aunque quiere ayudar a sus padres, la muerte de estos lo bloquea. Lo bloquea durante casi más de un año, en el que la contraseña se reinicia cada día después de tres intentos fallidos.
1218 es el número, si mal no recuerdo. Están ligados al piso de su escuela y de su casa. Si divides ese número entre tres, te da 406 días: poco más de un año. Y justo después de ese tiempo, la puerta se abre y Jimmy debe matar a los hostiles.
Pasarán muchísimos años, casi treinta, en los que recorre un silo desierto. Tiene varios encuentros, como con un matrimonio que lo asalta por comida.
Jimmy se cuestiona, después de matar al hombre y luego a la mujer, por qué necesitaban comida… si ella tenía el abdomen abultado, como si fuese por exceso de comida.
Y ahí es cuando la obra pega el cambio brutal y conecta las historias paralelas del silo 1 (Donald) con la del 17 (Jimmy), mostrando lo que puede provocar el desconocimiento, y cómo pueden producirse muertes aleatorias y sin sentido.
Hay más personajes, como un porteador del silo 18 llamado Misión, ligado al pasado, a la primera rebelión que se logró contener sin destruir ese silo. Para mí, es un parche en el libro que sirve para explicar cómo comenzó esa rebelión, pero sin demasiada profundidad. Salvo la conexión familiar con la esposa de Holsten, el primer comisario del primer libro. Aunque le dedican muchas páginas, no tiene demasiado sentido. Pero eso sí: sirve para hacerte sufrir y que, cuando llegan Jimmy y Donald, empieces a flipar con el libro.
Tampoco me quiero extender más, pero es evidente que todo se conecta. Supongo que ha sido así toda mi vida, para bien y para mal. Al terminar el libro anteayer, justo antes de escribir este artículo, me sorprendió descubrir que Hugh Howey se autopublicó en Amazon, lanzando entregas por un dólar. Un detalle que me sacó una sonrisa, porque se parece mucho a lo que yo he estado haciendo: subiendo mis relatos por menos de un euro, incluso regalándolos al lanzarlos. Salvo Amanecer del Ronin, que es mi retoño.
En casi todo lo que he emprendido en la vida, he terminado destacando. Y no han sido pocas cosas. Siempre ha sido una cuestión de aptitud y honestidad.
Escribir, no lo hago por dinero ni por reconocimiento. Ni siquiera empecé la web con esas intenciones. Lo hago porque me gusta. Porque cada día, convivir con una enfermedad crónica convierte todo —leer, pensar, escribir, todo— en un reto… pero también en un regalo. Ya no es tan fácil como antes, pero ahora cada paso vale más. Esto no es un negocio. Es un camino. Es dejar huella. Un legado, como en Silo.
«La línea define, da contorno, te muestra. Sin ella, todo sería confusión, desorden y un sin sentido.»
Un fondo negro. Una línea luminiscente. No han sido el motor de este relato corto, que vendría a ser un segundo prólogo continuista de Paciente Cero y presentación de Rena González.
La Línea es la continuación de un experimento narrativo que, para nada, es nuevo. En el pasado ya se ejecutaba de esta manera. Es posible que hoy todo esté muy especializado. Pero back to the roots: la búsqueda de la simpleza y la complejidad nacieron, de nuevo, de una sola palabra. Como ocurrió en Catarsis. Es posible que aquella palabra, más compleja, tenga un significado más claro que la que se presenta aquí como motor. Una palabra que puede medirse de infinidad de maneras, y de la que, posiblemente, en un futuro, emerja una definición distinta.
Rena González aparece aquí en su prueba final, su cierre académico. El final de su preparación como Agente de Investigación en Próxima. Un final que es, en realidad, el inicio de su relación con el protagonista de Paciente Cero. Pero que, por sí solo, no le dará dimensión ni profundidad a su personaje. Este quedará encuadrado. Y dejaremos que la palabra tome forma: delimitación, cuerpo y definición.
Disfruta del lanzamiento de este relato continuista. De un proyecto que no definiría como el miedo a la página en blanco, ese concepto tan ampliamente mencionado por tantos escritores. Aquí, el miedo está en cómo contener una lluvia de ideas y encuadrarlas en un texto corto y escueto. Formando fragmentos simples que, de manera sencilla, se van uniendo como si de un puzle se tratase hasta albergar una novela. Una novela donde esa línea y esa definición deberán ampliarse con más y más capas sobrepuestas.
De ahí nace también la simpleza de la portada, que surge únicamente de un texto, casi como aquellos que se generaban automáticamente en un Word de los primeros Windows, donde se presentaban los trabajos escolares. Ese texto se ha creado añadiendo muchas capas, y únicamente esas capas van dirigidas al contorno. Nada más. Nada menos.
«La línea define, da contorno, te muestra. Sin ella, todo sería confusión, desorden y un sin sentido.» Enlace de descarga en la imagen.Capas y más capas.
Supongo que ni swords, ni blasters, capas…
Las demás capas y la palabra en cuestión están en la nota del autor cuando la leas. Una palabra que a mí, cada vez que me la describen, la he de buscar en el diccionario. Así de simple.