¡Pero bueno, bueno! Qué sensación de alegría encontrarse de nuevo. Encontrar tu yo. Encontrar el género que más me gusta por antonomasia.
¿Qué puedo decir? ¿Cuántos años he dejado pasar antes de leerme la segunda parte o secuela de uno de los mejores libros de ciencia ficción de este milenio? Uff… Qué osadía describir esto, pero fue Old Man’s War —que me leí en versión original—; aquello fue una auténtica catarsis.
Repito: la sensación de space opera en estado puro. Después del tropiezo que tuve con The Snow Queen, de la que esperaba mucha más chicha, aquí ya sabemos que tendremos un taco de chicha buena. Aunque, personalmente, creo que esta novela está mejor centrada en los personajes e incluso en la estructura del cerebro, amigo, potenciando los sentimientos de los personajes.
Es evidente que esta novela trata sobre las Brigadas Fantasma y que Jane Sagan es una de sus protagonistas. Se trata del cuerpo clonado de la fallecida esposa de John Perry en la primera entrega. Perry no aparecerá, pero tendrá un sustituto más que a la altura: Jared Dirac, el reclonado de Charles Boutin, declarado traidor a la humanidad y, en este caso, a las Fuerzas de Defensa Coloniales.
En esta entrega conoceremos mucho mejor cómo funcionan estas fuerzas. Sin llegar al nivel de la primera novela, Scalzi encadena una genialidad tras otra con una facilidad pasmosa. Es casi como ver un deporte en el que juegan auténticos profesionales y pensar, desde fuera, que tampoco parece para tanto. Pero, cuando tienes la oportunidad de jugar con ellos, descubres que el ritmo es trepidante y que eres incapaz de seguirlo. En definitiva, eso es lo que tiene la buena literatura de ciencia ficción: todo sucede a una velocidad vertiginosa y, aun así, cumple con todas las expectativas.
La verdad es que no seguiría dando más cera sin entrar en spoilers, porque no hace falta. Eso se lo dejaré a otras personas, a las que admiro, en un pódcast donde lo describen mejor que nadie.
Como único detalle, aquí descubriremos cómo las Fuerzas de Defensa Coloniales se enfrentan a un problema mayúsculo al verse inmersas en una contienda simultánea contra tres razas: los Obin, los Rraey y los Enesha. La sucesión de la trama escala de una manera magistral y la forma en que Scalzi va dando un escalón o una plataforma a cada una de ellas es perfecta. También se menciona a los Consu y su relación con los Obin, aunque no llegamos a tener un encuentro con ellos como ocurría en la primera novela, donde, para mí, protagonizan uno de los momentos más memorables. En esta segunda entrega, sin embargo, el momento cumbre es el propio final y la manera en que Scalzi cierra una novela sencillamente espectacular.
Ahora se me abre un debate interno y, al mismo tiempo, una alegría increíble por haber acertado al esperar todo este tiempo para leerla. Han sido casi cuatro años. Puede parecer mucho, pero, en realidad, ha sido casi nada, porque sabía que quería saborearla. Y así ha sido.
Con esto, y cerrando la entrada, me dispongo a disfrutar de la «extra ball«, que será el pódcast, como si fuera una segunda relectura. Y desde aquí vuelvo a recalcar que, posiblemente, sea el mejor pódcast que he escuchado sobre nuestro género. Lástima que no haya tenido continuidad; demasiado poco tiempo para un proyecto así. Les deseo de corazón que, en el futuro, puedan disponer del tiempo necesario para seguir haciendo lo que realmente les gusta. Y pueden estar tranquilos, porque aquello que hicieron lo hicieron muy bien. Si no, para muestra, un botón.







