Premio Hugo del año 81 en su versión original. Snow Queen es un semiestilo de space opera sin serlo y un semicyberpunk sin serlo. Es un híbrido muy raro que, según su autora, está referenciado en el cuento original de Hans Christian Andersen.
Tengo que decir que esta entrada la empecé a escribir cuando solo me quedaban 100 páginas. Es, posiblemente, la novela que más me ha costado, o la que más me ha exigido como lector, de todas las que he leído. Y no es por el idioma, sino por una serie de aspectos que hacen que la novela no conecte conmigo, aunque la trama es realmente buena y muy trabajada. Incluso tiene pasajes y frases realmente muy, muy buenas, y eso hace que, si eres un lector pausado —cosa muy difícil en los tiempos que corren—, puedas disfrutarla bastante.

Se centra en el poder de la reina, en este caso Arienrhod, inmortal durante más de 150 años. Se mantiene joven debido al asesinato de criaturas inteligentes, a modo de delfines, que contienen un virus biológico capaz de mantener el cuerpo en estado de juventud mientras se administra el fluido o la sangre de estas criaturas.
Este aspecto me lleva a una encrucijada como autor, ya que esta especie, tal y como es la humanidad, aparte de ser masacrada, sería criada a modo de piscifactoría. Aquí se encuentra la antigüedad de la novela, o incluso el inicio de un movimiento totalmente natural del ser humano con respecto a la captura masiva en los mares de nuestro planeta, un ámbito que sigue plenamente vigente y que hoy continúa centrado en la sobreexplotación del océano Pacífico, el único reducto masivo de agua, que ya está viendo mermadas muchas de sus especies. (Lo digo por los últimos documentales espectaculares que he visto).
Por si quieres verlos, están aquí:

Otro documental, aún más duro, sería The Cove y las matanzas de delfines en Japón, e incluso cómo su consumo afecta a la población.

Segundo: el nivel de transporte tecnológico necesario para poder llegar a un sistema de dos soles que rodean un agujero negro hace que este planeta tenga estaciones de 150 años de verano y 150 de invierno. La proximidad de uno de los soles al planeta y al propio agujero negro, que es utilizado como portal, provoca que este se cierre durante dichos intervalos.
Los transportadores serían una especie de techrunners, capacitados para dirigir las naves sin dañarse en la entrada a la puerta estelar o al agujero negro, para después dirigir el viaje hacia ese planeta bañado por la luz de dos soles, como es Tiamat.
Por lo demás, Arienrhod ha perdido la mayoría de sus clones y uno de ellos, el único que prolifera, se convierte en una sibyl, creando un vínculo amoroso entre ella y su primo, descendiente de la Hegemonía. Este vínculo amoroso se rompe por el recelo y por el juramento de que ambos serían sibiles( una especie de profetas religiosos) o ninguno accedería a ello.
Moon, la clon de Arienrhod, rompe la promesa por su deseo de ser una sibila y por el conocimiento de que algo en ella no encaja, ya que es la misma persona que la Snow Queen.
La novela se torna de un sosiego muy fuerte, con un llenado de páginas que me resulta difícil incluso de describir. La falta de acción se va sucediendo a un tempo muy lento, al que no estoy acostumbrado.
Sinceramente, es una historia de amor y una reivindicación de la crueldad del ser humano. Es, posiblemente, un reflejo de los actos en los que se ha visto envuelta nuestra especie: la caza y matanza de diferentes animales, definiéndonos como algo horrendo en lo que se refiere a especie.
El león mata, pero no te come vivo; primero te asfixia y no se jacta de su crueldad. Es, posiblemente, un escalón más hacia lo que puede ser un cocodrilo, que sí puede comerte aún vivo, o incluso un oso. Sin llegar a los niveles de salvajismo humano, pero dentro del mundo animal, en el cual nosotros no deberíamos estar.
En ese aspecto, la novela me chirría mucho, porque los mers, siendo inteligentes y creados por la especie humana —o, más concretamente, por la Hegemonía, sus antiguos—, tengan de una manera tan arcaica un planeta único destinado a servir de criadero, el cual solo puede abastecerse de más mers cuando se reabre el tránsito a través del agujero negro, ya que este permanece cerrado durante el periodo estival de su ciclo entre los dos soles.
Personalmente, como autor, me habría vuelto loco escribiendo esta novela y no habría podido hacerla. Desde este prisma no me cautiva, e incluso en mi faceta de lector tampoco. Aunque valoro el trasfondo, creo que, con la mitad de páginas y bastante más acción, habría sido una novela muy, muy sólida e incluso muy guapa.
Por lo demás, no me parece una mala novela y no me arrepiento de haberla leído. Ese modo masoquista hace que uno pueda tener una percepción más equilibrada y comprender que no todo tiene por qué ser un pepino. Incluso pienso que, en otro momento de mi vida, quizá habría profundizado mucho más en ella.
Se podría decir que aquí no tenemos blasters ni swords; alguna porra energética y poco más. Todo son trifulcas dialécticas y una sucesión de escenas hasta llegar a un final sin cliffhangers de por medio ni recursos de ese estilo. Es una auténtica antítesis de gran parte de la estructura narrativa actual. Y, aun así, es un Premio Hugo.
Te dejo la Wikipedia aquí, donde incluso la describen como fast-paced, algo que yo describiría totalmente al contrario.





