Justicia auxiliar, o Remplazos de justicia, o incluso Cuerpos de justicia —y uso “cuerpos” a propósito— es una novela difícil. Y no lo es por complejidad técnica, sino por la manera en que aborda cómo piensa el ser humano como individuo.
He marcado esta entrada como experimental porque la escribo justo al llegar al ecuador de la novela. Dije “difícil”, y sí, lo es. La narración se divide en dos tramos: uno situado en el pasado, donde se va revelando por qué una mujer —y aquí, por cierto, casi todo son mujeres— La protagonista encuentra medio muerta a una compañera en las calles heladas.
Empecé la novela en su momento y la dejé en el primer capítulo, no por un mal inicio. Supongo que venía de otra lectura muy reciente y ahí quizá pequé de flojo. Tampoco creo que fuera por estar en inglés: pasó, y no hay que darle más vueltas. Creo que ni siquiera llegué al verdadero pico de complejidad, porque cuando entra la segunda trama te das cuenta de que algo no encaja del todo: la mente individual se disuelve y pasa a comportarse como una mente colmena. La protagonista puede llegar a desquiciarte, porque describe acciones y movimientos que ocurren en distintos lugares al mismo tiempo, sin que al principio sepas que es miembro de una IA —o, mejor dicho, de una máquina inteligente. Prefiero “máquina”: más arcaico, más honesto con cómo siempre lo he entendido, lejos de las modas actuales y del bombardeo constante con las IAs.
Este concepto de abstracción, que te libera de la individualidad, es posiblemente una de las claves que llevaron a la novela a ganar el Hugo por su planteamiento. No digo que no me guste, pero llegué a ella por recomendación de mi hermano, que insiste en que la obra es una pasada (Space Opera), y confío en su criterio. Aun así, hasta el ecuador del libro la cosa no termina de arrancar para mí. Es posible que sea un enfoque demasiado polarizado para mi idea de space opera pura, donde la caña empieza desde el minuto uno.
Otro hándicap es que la estoy leyendo en inglés, aunque no lo considero un problema en sí: cuando algo cuesta, la satisfacción suele ser mayor. Por ese lado, la novela no pincha. Al contrario, haber empezado a leerla sin conocer su contenido de antemano ha mantenido ese efecto puzle que, de repente, te provoca un chispazo neuronal y te hace pensar: “¿qué cojones está pasando?”.
Es, posiblemente, una de esas novelas muy puristas en su concepción de jerarquías dentro de un universo controlado por máquinas, plenamente conscientes de que cualquier amenaza potencial para el imperio debe ser erradicada. Ahí es donde entran las dos protagonistas y cómo evolucionan en su búsqueda de venganza, con la intriga añadida de que, habiendo sido “justas” en el pasado, ahora se mueven sin ser conscientes de ello.
Con esto dejamos la review para una segunda parte, donde detallaremos mejor los conceptos de la obra, ya que se trata de una trilogía y estas impresiones quedarán aquí almacenadas para cuando llegue el momento de abordar el resto de las novelas, cuando ellas mismas pidan volver a entrar en nuestro interior.
Y esta vez… ¡ya sabemos lo que somos!







