Ancillary Justice – Ann Leckie | Experimental Review (Part I)

Justicia auxiliar, o Remplazos de justicia, o incluso Cuerpos de justicia —y uso “cuerpos” a propósito— es una novela difícil. Y no lo es por complejidad técnica, sino por la manera en que aborda cómo piensa el ser humano como individuo.

He marcado esta entrada como experimental porque la escribo justo al llegar al ecuador de la novela. Dije “difícil”, y sí, lo es. La narración se divide en dos tramos: uno situado en el pasado, donde se va revelando por qué una mujer —y aquí, por cierto, casi todo son mujeres— La protagonista encuentra medio muerta a una compañera en las calles heladas.

Empecé la novela en su momento y la dejé en el primer capítulo, no por un mal inicio. Supongo que venía de otra lectura muy reciente y ahí quizá pequé de flojo. Tampoco creo que fuera por estar en inglés: pasó, y no hay que darle más vueltas. Creo que ni siquiera llegué al verdadero pico de complejidad, porque cuando entra la segunda trama te das cuenta de que algo no encaja del todo: la mente individual se disuelve y pasa a comportarse como una mente colmena. La protagonista puede llegar a desquiciarte, porque describe acciones y movimientos que ocurren en distintos lugares al mismo tiempo, sin que al principio sepas que es miembro de una IA —o, mejor dicho, de una máquina inteligente. Prefiero “máquina”: más arcaico, más honesto con cómo siempre lo he entendido, lejos de las modas actuales y del bombardeo constante con las IAs.

Este concepto de abstracción, que te libera de la individualidad, es posiblemente una de las claves que llevaron a la novela a ganar el Hugo por su planteamiento. No digo que no me guste, pero llegué a ella por recomendación de mi hermano, que insiste en que la obra es una pasada (Space Opera), y confío en su criterio. Aun así, hasta el ecuador del libro la cosa no termina de arrancar para mí. Es posible que sea un enfoque demasiado polarizado para mi idea de space opera pura, donde la caña empieza desde el minuto uno.

Otro hándicap es que la estoy leyendo en inglés, aunque no lo considero un problema en sí: cuando algo cuesta, la satisfacción suele ser mayor. Por ese lado, la novela no pincha. Al contrario, haber empezado a leerla sin conocer su contenido de antemano ha mantenido ese efecto puzle que, de repente, te provoca un chispazo neuronal y te hace pensar: “¿qué cojones está pasando?”.

Es, posiblemente, una de esas novelas muy puristas en su concepción de jerarquías dentro de un universo controlado por máquinas, plenamente conscientes de que cualquier amenaza potencial para el imperio debe ser erradicada. Ahí es donde entran las dos protagonistas y cómo evolucionan en su búsqueda de venganza, con la intriga añadida de que, habiendo sido “justas” en el pasado, ahora se mueven sin ser conscientes de ello.

Te dejo el enlace de compra en Amazon en la imagen, correspondiente a su edición en castellano.

Con esto dejamos la review para una segunda parte, donde detallaremos mejor los conceptos de la obra, ya que se trata de una trilogía y estas impresiones quedarán aquí almacenadas para cuando llegue el momento de abordar el resto de las novelas, cuando ellas mismas pidan volver a entrar en nuestro interior.

Y esta vez… ¡ya sabemos lo que somos!

La Lectura

Es una entrada fácil, algo que todas y todos los que leemos ya sabemos desde dentro, especialmente quienes frecuentamos la literatura de género. Aun así, no puedo pasar por alto lo bien colocadas que están las palabras, encajadas unas con otras para explicar algo que ya sabíamos, pero que quizá necesitaba ser reivindicado una vez más.

En mi caso, siempre creeré que leer en físico es mejor. Al menos, así lo siento yo.

Lo dejo aquí, porque merece tenerlo presente y escucharlo en más ocasiones, como ese libro al que siempre vuelves a releer.

Con lo que dentro, video:

Cassian Rogue Andor One

Diego Luna, alias Cassian Andor, ha conseguido algo increíble. Es posible que haya logrado situar a su personaje en un nivel comparable al irrepetible Han Solo de Harrison Ford. Evidentemente, ambos ocupan lugares paralelos, pero muy distintos en carácter y forma. Aun así, Diego Luna, con la ayuda de un elenco de personajes impresionantes, ha construido en Andor algo realmente excepcional.

La sorpresa nació ya en la primera temporada, que comienza de manera pausada para luego crecer de forma exponencial en capacidad de sorpresa y genialidad. Andor es, posiblemente, el mejor material de Star Wars hasta la fecha, casi si obviamos la primera trilogía. Pero siempre hay un “pero”: aquellas primeras películas fueron creadas para un público amplio, accesible a todos. Andor, en cambio, no sé exactamente cómo está calificada por edades, pero es una serie claramente adulta. Hasta tal punto que, aun sin la presencia constante del poder de la Fuerza, la opresión del Imperio se vuelve tangible, latente y, en muchos momentos, casi asfixiante. Es una aproximación teatral y visual a lo que la literatura podría transmitir, pero llevada con maestría al formato audiovisual.

Volviendo a Diego Luna, es impresionante observar cómo progresa su personaje, cómo se moldea y cómo transmite. Y, por supuesto, el sílex más primario y punzante de la serie es Luthen, auténtico baluarte de la Rebelión.

Sin entrar aún en spoilers, Andor tiene una lentitud abrumadora, difícil de procesar en estos tiempos saturados de estímulos. Pero no hay que rendirse: la recompensa está ahí, y es real. La segunda temporada la he visto en dos bloques separados por meses. La primera parte, hasta el episodio cinco, puede incluso tornarse aburrida, con tramas que parecen parches aquí y allá, preparando el clímax. Sin embargo, los últimos seis episodios, del seis al doce, convierten la serie en una auténtica locura y en algo irrepetible dentro del universo Star Wars.

Sé que existe The Mandalorian. Sí, claro, pero es diferente. No transmite de la misma manera la opresión real del Imperio. Es más, si después de Andor ves Rogue One, descubres que muchos personajes están directamente conectados con la serie, y eso es maravilloso. Sin embargo, esa sensación tan potente de opresión y sacrificio no se percibe igual en la película. Rogue One es una de las mejores películas de Star Wars, sin duda, pero responde más al formato clásico de héroes que llegan para acabar con el Imperio, sin reflejar de forma tan cruda el coste humano que sí muestra la serie.

Con spoilers

Comenté antes que el punto de inflexión de la segunda temporada llega en el episodio seis, justo en el momento en que Andor habla con Luthen sobre la causa y si realmente merece la pena. Ahí es donde ambos se alinean por completo y donde toda la narrativa se encauza para cabalgar durante seis episodios de auténtica demencia narrativa.

Disney+, junto con Loki —de la que ya hablé— y The Mandalorian, puede presumir de albergar algunas de las mejores series de ciencia ficción adulta, logrando una armonía casi perfecta entre calidad, presupuesto y creación. Podría dejarlo ahí: buenas series hay muchas; excelentes, muy pocas.

Y no puedo cerrar el artículo sin nombrar a Luthen y dejar aquí un vídeo de una de las actuaciones más profundas de toda la serie. Un personaje que, además, protagoniza una de las mejores escenas de escape en nave jamás realizadas en televisión, ya en la primera temporada..

Esta vez no hay duda: ¡somos blasters!

Maestros Del Fantástico (Ediciones Ilustradas)

Espectaculares las versiones que hay aquí. Todavía estoy dudando cuál escoger, aunque creo que al final no voy a elegir ninguna. Supongo que Drácula ya lo tengo en su versión original y, posiblemente, todas estas obras prefiero leerlas también en su idioma original. Puede sonar un poco pedante, pero es mi forma de entenderlo.

Aun así, no puedo dejar de alabar al menos las diez primeras entregas. En su día me hice con las versiones ilustradas de Dumas, tal como ya expresé en una entrada. Tranquilamente, esto es publicidad gratuita, y para eso estamos: para transferir lo mejor.

Enlace en la imagen.

Tiene muy buena pinta y, aun así, insisto en que no lo voy a comprar… pero me encanta y me hace dudar. Es, sin duda, esa bomba de marketing que no está nada mal, porque puede hacerte consciente de obras que quizá ya estén en tus estanterías, en las de algún familiar o, por supuesto, en cualquier biblioteca. Es ese revulsivo que puede empujarte a leer, y por eso hago aquí la mención.

También está el fantástico tratamiento que se hace de los clásicos, algo importante e indeleble en el tiempo.

Seguro que en su interior puede haber swords —no blasters, aunque por ahí asome La guerra de los mundos con sus alienígenas cargados de energía—, pero sí texto y lectura de los clásicos de lo fantástico, capaces de impulsar la entrada en este mundo en el que cada vez somos más.

SILO 3 (Dust – Vestigios) – Hugh Howey. Con y Sin Spoiler.

El último libro de la trilogía de Silo es, posiblemente —en comparación con La jungla de cristal 2 en su día— un hito en cuanto al número de personas que mueren en una obra. Aquí tenemos el desenlace de la trilogía, algo evidente y para lo que no hace falta ser ningún genio.

Debo decir que, después de terminar de leer Silo, mi sensación es clara: posiblemente la serie televisiva es mejor que los libros, sin rodeos. Es cierto que la imaginación de cada cual es personal y difícil de trasladar o explicar en su imagen mental. Desde mi punto de vista, los libros detallan más a los personajes y al ritmo narrativo que a la escenografía o el detalle visual, y eso me gusta mucho porque mantiene muy bien la acción. Es verdad que, como ocurre en muchos cierres literarios, el libro comienza de forma lenta y luego avanza a pasos agigantados.

Silo me gusta mucho, mucho, pero aun así entro en bucle comparándolo con la serie televisiva, que concibo como superior. Es así, no hay más. Supongo que en este aspecto me he cerrado en banda.

Lo que comentaba sobre las muertes al principio es cierto, siempre y cuando obviemos el momento del apocalipsis. Por lo demás, aquí encontramos un número de tragedias muy concreto, contado en unidades que no son precisamente pocas.

También es normal que los conflictos humanos se enreden y que estos sean especialmente crueles.

Silo es, posiblemente, en concepto, idea y estructura, una de las mejores novelas de ciencia ficción distópica que he leído, y quizá la mejor serie de ciencia ficción que he visto en mi vida. Es posible que Rebecca Ferguson tenga mucho que ver en ello: por su actuación, por la orientación de su personaje y por su conocimiento en mecánica, algo que, por afinidad personal, ya me tiene ganado. Ese equilibrio de competencias entre sexos resulta fascinante y completamente creíble. Jules es una heroína como debe ser.

A partir de aquí entramos en spoilers, aunque antes quiero decir que he disfrutado toda la trilogía. La he leído quizá de forma algo superficial en algunos momentos, incluso distraído en otros, pero lo achaco a las inevitables comparaciones, que ya se sabe que son odiosas. Aun así, es una trilogía imprescindible para entender cómo podría ser un futuro muy creíble.

Spoilers:

Ese apocalipsis acaba siendo poco más que un reset de la humanidad, sin demasiado trasfondo. Es cierto que las nanomáquinas se presentan como un peligro futuro y, al mismo tiempo, como una herramienta esperanzadora para la medicina. Como arma biológica, desde mi punto de vista, tienen más peso en la reparación de tejidos que en la idea de una supuesta inmortalidad, tal y como casi se plantea.

El conflicto entre Anna y Donald lo percibo como un crimen pasional algo incoherente, teniendo en cuenta las capacidades intelectuales de Anna y Donald. Aun así, está bien desarrollado al mostrarnos cómo Anna intenta suplantar a su mujer sin contarle la verdad. Esa verdad debería haberse revelado en la segunda parte y habría evitado su muerte. Son elementos metidos con calzador, bien integrados, pero forzados. Tengo curiosidad por ver cómo lo resolverán en la serie.

Este punto me recuerda a El prestigio de Nolan, cuando el personaje de la mujer de Christian Bale se suicida, algo que no habría ocurrido si se le hubiera contado la verdad sobre los gemelos. Choca muchísimo, pero dota a la historia de una potencia enorme. Aquí sucede algo similar: le da fuerza, especialmente en esta tercera parte, donde las investigaciones de Anna actúan como detonante y revelan el objetivo de todos los silos, concebidos para que, de manera darwiniana, solo uno quede con vida mientras el resto son destruidos.

El final es bastante happy flower, después de toda la escabechina previa. Apenas se menciona —o se obvia— el paisaje de la ciudad cercana en ruinas, y se revela que muy cerca ya es posible vivir y que existe superficie verde.

Sin querer meter más caña, me alegro de haber leído Silo. Ha sido una necesidad hacerlo, aunque al terminarlo queda una sensación similar a cuando te explican un truco de magia: pierde parte de la gracia. Aun así, eso no baja esta obra del pedestal. Silo es, sencillamente, imprescindible.

Por lo demás me alegro de haber acabado la trilogía porque ahora me podré dedicar a acabar o empezar otra. Y es fascinante la sensación de terminar algo para iniciar otra cosa, mariposa.

Dejo los enlaces de los tres libros por si te los quieres pillar en amazon:

Y después del género que nos delimita el silo, que ya de por sí es distinto, llega el momento de poner en la balanza hacia qué dirección vamos: si hacia las Swords o hacia los Blasters.