Va a ser una entrada muy corta y potente. Severance es tan surrealista como demasiado realista. Ben Stiller ha creado una serie que apunta a ser de culto, con sus rarezas, su música y todos esos ingredientes que definen su estilo como director. Se ha adentrado en un concepto muy interno, una disrupción de su conciencia y de lo que en el pasado representaban sus interpretaciones únicas en la comedia. Todos lo recordamos por Algo pasa con Mary, Zoolander o Los padres de ella, películas que marcaron a una generación.
Esta serie me la recomendó mi oftalmólogo. Le dije que la vería, y así ha sido. Me ha generado muchas emociones, incluso por momentos me ha desagradado y molestado. Su concepto es tan cabrón que posiblemente much@s lo estemos viviendo sin darnos cuenta. De hecho, he tenido que ponerme algunos episodios de El joven Sheldon en su tercera temporada para reírme a carcajadas, porque la serie me tocaba los h****s. Pero he de reconocerlo: es muy buena. Es un engendro que te revienta con incógnitas, cliffhangers y todas esas cosas que molan. Sin contar que tod@s l@s actores están increíbles.
No voy a dar mi postura sobre el concepto de la serie. No quiero generar opinión, solo debatir: es buena, lenta, y puede que hasta te aburra, pero si sigues, evoluciona y crece en el espectador. Incluso me sorprende que se esté posicionando como una de las series más vistas.
Esto solo refuerza la conclusión de que la comunidad friki está creciendo a un nivel brutal, y eso me gusta.
Y ahora, terminando el octavo episodio de la segunda temporada, ya he flipado con lo que Stiller quiere transmitir. La música de la época, el cierre con Fire Woman de The Cult… Posiblemente, la actriz en quien se centra este capítulo, Patricia Arquette, nos recuerda por qué ya la reconocíamos en aquella película de culto, Amor a quemarropa, con guion de Tarantino.
Ben Stiller está eclosionando en un concepto de culto, muy pulp, muy underground, muy a lo Tarantino. De culto.
Pero sí, The cult han sido muy buenos, pero por desgracia, como dicen en su idioma, también han sido muy underrated.
Y esta serie puede ser su gran reivindicación.
Los Vinilos, que más giraron en mi casa en aquella época.
Era el año 2000 cuando me compré el códex de Armageddon, justo un año después de haber adquirido el de Orkos. Sin embargo, mi afición por este universo no comenzó ahí. Ya desde niño, cuando mi hermano trajo a casa el primer Blood Bowl, quedé atrapado en ese mundo de miniaturas y fantasía. Jugábamos en familia, incluso creando nuestras propias ligas. Aquella pasión friki me envolvió durante años, cuando aún no había alcanzado la mayoría de edad.
Warhammer Fantasy nunca terminó de engancharme, pero Warhammer 40k… ¡joder! Me voy a permitir la expresión: aquello molaba mucho. Un universo oscuro, brutal y futurista que me fascinó desde el primer momento. Por aquel entonces, pintaba miniaturas, claro, pero con un nivel bastante pobre. Las técnicas ya existían, pero ni las pinturas ni la información estaban tan accesibles como hoy en día. Era un hobby muy de nicho, casi oculto, y para encajar en la sociedad de entonces tenías que hablar de fútbol o del sexo opuesto.
Por suerte, los tiempos han cambiado.
Warhammer, y el mundo de las miniaturas en general, ha pasado de ser algo marginal a convertirse en un hobby reconocido y respetado. Además, es una actividad tremendamente terapéutica, ideal para desconectar la mente. Algo que, tanto para un adolescente como para alguien que atraviesa momentos difíciles, puede ser un verdadero refugio.
En mi caso, una enfermedad crónica que ya llevaba tiempo arrastrando empeoró drásticamente en 2023. Desde entonces, la vida ha sido una lucha constante. Con una capacidad limitada, cualquier objetivo se convierte en un reto que requiere el doble de esfuerzo y paciencia. Pero como buen luchador, sigo adelante. Paso a paso, a mi ritmo, sin prisa pero sin pausa.
¡Miz orkoz!
Y así, en casi un año, a ratitos y con ayuda de una lupa, he conseguido montar y pintar mi banda de Orkos para Kill Team. Porque, admitámoslo, ¿quién puede resistirse al estilo salvaje, macarra y completamente desvergonzado de los pieles verdes? Son caos, son locura… y a la vez, pura diversión.
Porque, aunque el camino sea lento y las hostias llegan duras como los orkos, la pasión nunca muere.
Armageddon y los Orkos: El eterno campo de batalla que nunca deja de fascinarme.
Siempre he sentido una conexión especial con Armageddon y los Orkos. Pero, seamos sinceros, elegir este ejército puede ser una de las decisiones más locas y desafiantes dentro del universo de Warhammer 40k. No por su falta de carisma —porque los pieles verdes son pura esencia macarra y brutal— sino por la enorme cantidad de miniaturas que requiere y el coste que conlleva formarlo. Incluso el hobbyista más motivado puede acabar desistiendo ante la magnitud de pintar hordas interminables de Gretchins, Noblez y Mekánikos.
Pero un día llegó Kill Team, y con ello, una luz al final del túnel. Una alternativa perfecta para los que amamos este universo, pero que no queremos dejarnos la vida (y la cartera) en el intento. Kill Team nos devolvió esa esencia de escaramuzas rápidas y tácticas, algo que ya disfrutábamos en los viejos tiempos con Blood Bowl, HeroQuest o Necromunda. Pocas minis, partidas intensas y la posibilidad de crear historias épicas en un entorno reducido. Justo lo que necesitamos hoy en día, cuando el tiempo escasea y la vida nos pasa por encima.
Pero bueno, dejando de lado los rollos existenciales, volvamos a lo que realmente importa: Armageddon, ese maldito planeta donde los Orkos han echado raíces y son imposibles de erradicar. Un infierno industrializado, un campo de batalla eterno donde los imperiales luchan desesperadamente por mantener el control, mientras los pieles verdes, liderados por el mismísimo Ghazghkull Thraka, no paran de multiplicarse y arrasar todo a su paso.
Y es que, si algo define a los Orkos, es su naturaleza imparable. No luchan por conquista, ni por ideología. Luchan porque sí. Porque para ellos, la guerra es diversión. Y en Armageddon, han encontrado su parque de atracciones perfecto.
Y aquí estamos nosotros, los frikis de siempre, disfrutando de este caos verde y brutal, ahora en un formato más accesible como Kill Team, donde la esencia del WAAAGH! sigue viva, pero sin dejarse el alma en el intento.
Porque, al final, somos Orkos. Y si algo nos gusta… ¡lo reventamos a cabezazos!
WAAAGH! No hay nada como desconectar el cerebro y dejarse llevar, ¿verdad? Ser un orko, je,je, je.
El planeta Armageddon, en el oscuro y brutal universo de Warhammer 40k, es uno de los mundos más emblemáticos del Imperio de la Humanidad. Un lugar de interminable conflicto, su historia está marcada por las legendarias guerras contra los Orkos, una raza brutal y beligerante que ha invadido el planeta en repetidas ocasiones.
Origen del Waaagh!
El Waaagh! es una fuerza psíquica única y colectiva que emana de los Orkos. Es tanto una manifestación cultural como un fenómeno psíquico que une a los Orkos en una marea imparable de destrucción. Cuando suficientes Orkos se congregan y comienzan a luchar, su energía psíquica colectiva se intensifica, alimentando su brutalidad y aumentando su fuerza. Cuantos más Orkos se unen al Waaagh!, más poderosa se vuelve esta energía, lo que les permite realizar hazañas imposibles y mantener una resistencia casi infinita en el campo de batalla.
El Waaagh! de los Orkos es liderado por un Kaudillo, el Orko más fuerte y carismático, que guía a sus seguidores hacia la guerra total. En el caso de Armageddon, fue Ghazghkull Mag Uruk Thraka quien lideró uno de los Waaagh! más devastadores que el planeta haya conocido. Ghazghkull, un genio táctico y brutal estratega, llevó a sus hordas verdes a una invasión a gran escala que puso al Imperio en jaque.
La Primera Guerra de Armageddon
La primera gran invasión Orka fue liderada por Ghazghkull y su Waaagh!, que arrasó el planeta y puso en peligro las ciudades colmena. Solo gracias a la intervención del Comisario Yarrick y las fuerzas del Astra Militarum, el Imperio logró resistir, aunque con enormes pérdidas.
La Segunda y Tercera Guerra de Armageddon
Ghazghkull regresó con un Waaagh! aún más devastador, sumiendo a Armageddon en un conflicto interminable. Los Orkos se establecieron en vastas áreas del planeta, convirtiendo la lucha en una guerra de desgaste que aún persiste en el trasfondo de Warhammer 40k.
El Waaagh! no solo es una fuerza de destrucción, sino también una manifestación de la psique colectiva Orka que desafía las leyes de la física y la lógica. Es la esencia misma de la brutalidad y la anarquía que define a los Orkos en el universo de Warhammer 40k.
Y, para cerrar, os dejo las dos primeras páginas del codex de Armageddon del año 2000.
La lectura de Silo en comparación con la serie presenta diferencias bastante marcadas desde el principio. A lo largo de este análisis, iré detallando las que me han parecido más relevantes. Como sospechaba, la adaptación ha logrado igualar e incluso mejorar algunos aspectos del libro, lo cual es un gran mérito.
La primera diferencia se aprecia desde las primeras páginas. En el libro, el exterior del silo, o más bien lo que se ve desde él, es completamente distinto. Se describe un horizonte con los restos de una ciudad postapocalíptica en la lejanía, algo que en la serie no se muestra más allá de lo evidente. Este pequeño cambio tiene un gran impacto, ya que la ausencia de esa referencia visual multiplica la incertidumbre sobre si el exterior es realmente habitable o no.
La segunda diferencia clave es la inscripción Truth en el reverso de la placa de Holston, un detalle determinante para que Juliette acepte el puesto de sheriff. En la serie, este elemento refuerza aún más el misterio desde el punto de vista audiovisual, manteniendo la intriga de manera muy efectiva. En el libro, en cambio, la aceptación del cargo de Sheriff parece un mero trámite.
En cuanto al consumo del generador, Jules le comenta a la alcaldesa que casi toda la energía del silo está destinada a informática y sus servidores. Este detalle no parece estar tan enfatizado en la serie, o quizás lo pasé por alto. Tampoco se menciona un generador de energía secundario que, aunque insuficiente para abastecer el consumo total, juega un papel en la narrativa del libro. Jules detalla que la reparación del generador principal, completamente averiado, podría llevar una eternidad.
Otro punto interesante es la ausencia de sistemas de energía renovable y equipos de mantenimiento, como limpieza de placas solares o molinos eólicos en el exterior. Sin embargo, esta faceta no se explora ni en la serie, ni en el libro; es una apreciación mía que revelaría la existencia de otros silos y lo ocurrido en el silo anexo. Es allí donde Juliette entra y descubre una infinidad de cadáveres, un momento que, curiosamente, coincide con la mitad del libro y con el final de la primera temporada de la serie.
Respecto al término Limpieza o Wool, que se refiere al destino de los exiliados encargados de limpiar la cámara exterior del silo, su significado en la serie concuerda perfectamente con la intención del libro.
Para finalizar, debo decir que actualmente me encuentro en la mitad del libro y mi análisis coincide con el final de la primera temporada. Tenía el temor de que la serie audiovisual superara al libro y, efectivamente, así ha sido. Sin embargo, Silo está adquiriendo un aura de culto en mi percepción personal. Refleja de manera inquietante cómo puede comportarse una sociedad en un entorno cerrado y apocalíptico. Su atmósfera, aunque de ciencia ficción, recrea un patrón tan realista que genera un miedo palpable sobre la naturaleza de la sociedad. De alguna manera, describe el estado actual del mundo, la sensación de una Guerra Fría perpetua y el vaivén de esa fina y delicada línea en la que nos encontramos. Para aquellos con un mínimo de empatía, esta sensación es imposible de ignorar.
Supongo que podría extenderme mucho más, pero lo dejaremos aquí por ahora. El análisis de la segunda temporada llegará en Fricazo 2×1.2, así que habrá tiempo para profundizar más adelante.
Lo que sí me queda claro es que Silo ha alcanzado un estatus muy alto entre lo mejor que he visto últimamente. Como adelanto, dejo un pequeño vistazo a lo que nos espera en la segunda temporada, acompañado de un making-of que demuestra el impresionante nivel de calidad de la serie. En especial, destaca el detallado trabajo de recreación en un entorno acuático, lo que eleva aún más su producción.
El señor Matabot ya tiene su serie en camino. Este año podremos disfrutar de la producción de Apple TV+. Viendo la calidad que han demostrado otras series del género en la plataforma, las expectativas son muy altas.
La serie promete acción y entretenimiento asegurado. Su estreno está previsto para mayo de 2025.
Info recabada de la web:
La serie «Murderbot», basada en la exitosa saga de novelas «The Murderbot Diaries» de Martha Wells, se estrenará en Apple TV+ el 16 de mayo de 2025. Los dos primeros episodios estarán disponibles ese día, y posteriormente se lanzará un nuevo episodio cada viernes hasta el 11 de julio.
La trama sigue a un androide de seguridad consciente de sí mismo, conocido como «Murderbot», que lucha con sus emociones y su libre albedrío mientras equilibra misiones peligrosas con su deseo de aislamiento.
El elenco está encabezado por Alexander Skarsgård en el papel principal, quien también es productor ejecutivo de la serie. Junto a él, participan actores como Noma Dumezweni, David Dastmalchian, Sabrina Wu, Akshay Khanna, Tattiawna Jones y Tamara Podemski.
«Murderbot» es una de las apuestas más destacadas de Apple TV+ para 2025, sumándose a su creciente catálogo de series de ciencia ficción que incluyen títulos como «Severance», «Silo» y la próxima adaptación de «Neuromante» de William Gibson.
Con la dirección de Chris y Paul Weitz, y la producción ejecutiva de David S. Goyer, la serie promete combinar elementos de thriller y comedia, explorando la complejidad de una inteligencia artificial que anhela desconectarse del mundo mientras enfrenta desafíos que ponen a prueba su autonomía y humanidad.
Los fans de la saga literaria y los entusiastas de la ciencia ficción pueden anticipar una adaptación que respeta el material original, ofreciendo una narrativa profunda y emocionante sobre la identidad, la libertad y la naturaleza de la conciencia.
Si quieres ver mi review aquí está y más info sobre la serie en cuestión aquí.
El Recolector es un relato muy corto que he creado en aproximadamente una hora. Posiblemente, una sátira sobre cómo funciona el mundo y un ejercicio personal de autoevaluación en la escritura. Lo definiría como un salto de fe y de creencia en las pequeñas unidades, una reivindicación del ciclo de la vida y de su importancia.
También es el combustible de un escritor que se mueve mejor en las distancias cortas, al que le cuesta enfrentarse a los grandes trayectos. Un superviviente que vive el día a día y que celebra, por encima de todo, el amor, recordándonos que para poder amar a los demás, uno debe primero amarse a sí mismo.
Espero que lo disfrutes. Este relato quedará de forma gratuita en mi web para que puedas leerlo cuando quieras.
Atentamente, Jordi Revuelta.
Las ventanas de mi observatorio revelaban una infinidad de datos, imágenes y acciones. Comprimían y analizaban los recursos. Seres, personas y patrones se dibujaban en cada una de las secuencias. Aquellas formas trazaban líneas repetitivas que, a veces, intentaban cambiar de dirección, aunque solo de manera momentánea. Tarde o temprano, aquellos movimientos volvían siempre a su línea troncal. Y si alguien se desviaba, otras líneas acudían en su busca para atraerlo de nuevo al camino principal.
A menudo me lanzaban incontables preguntas, oraban, y yo los percibía en su psique. Pero, en cada uno de esos actos, había un mismo anhelo: escapar de los hilos invisibles que los movían sin que fueran conscientes. Creo que lo sabían. Se esforzaban por liberarse, pero cuando alguien estaba a punto de lograrlo, de abrir una puerta hacia su libertad, siempre aparecía alguien más para construir nuevas puertas tras ella, creando un camino que, inevitablemente, lo devolvía al patrón inicial.
Se movían sin cesar, creando y destruyendo en un ciclo interminable. Soy un emisario. Llevo mucho tiempo observándolos. Los amo. Pero no sé si aún están preparados.
He comprendido que sienten hacia los suyos lo que yo siento por ellos. Pero no saben perpetuarlo. Porque mueren. Y cuando eso ocurre, todo se pierde, como si se reiniciaran una y otra vez. No logran salir de la línea. La línea que los llevará hasta mí.
Hasta entonces, no puedo intervenir. Aún no son merecedores de viajar.
Me trajeron aquí como observador. No sé cuánto tiempo deberé esperar. Pero cuando llegue el momento y sean dignos de contacto, todo cambiará para ellos y para nosotros.
De momento, siguen siendo un planeta lleno de combustible. No puedo hacer nada. Su psique, su energía, nos alimenta. Nacen, viven y mueren, y esa energía nos abastece.
Ya lo he visto antes: cuanto mayor es la energía que generan, mayor es el peligro de que su mundo acabe yermo e inerte. Pero también es, paradójicamente, el instante en el que podrían cambiar su destino.
Aunque cuando están a punto de conseguirlo todo se derrumba. Y vuelven a reiniciarse. Retroceden.