Lyonesse I – Jack Vance – Parte I.I (Resumen Con Spoilers)

He visto reviews que describen esta novela como simple en su inicio, así que vamos a resumirla para tenerla guardada y poder volver aquí cuando leamos la segunda y la tercera parte.

En el capítulo 10 se describe cómo empezó la dinastía de las Islas Elder y cómo estaban unidas desde un principio bajo el primer rey Olam Magnus. En esas páginas se narra la historia y cómo el trono y la mesa de Haidion se desplazaron de Lyonesse a Avallon. Aquí se detalla cómo este acto dio origen a la discordia entre los siete magos del reino. Entre ellos estaba Murgen, maestro de Shimrod, aunque se aclara en una nota que Shimrod es el alter ego (clon) de Murgen, del mismo modo que Tamurello, el mago antagonista, era también el alter ego del mago muerto Sartzanek, o mejor dicho, transformado en un poste de hierro clavado en la cima del monte Agon.

A partir de aquí comienza realmente el libro, y todo lo anterior no se revelará hasta la página 110 de la edición de Gigamesh que he leído.

Suldrun nace niña, hija del rey de Lyonesse y de la reina Sollace. Solo por ser mujer ya recibe un trato negativo, lo que la convierte en una niña introvertida que centra su mundo en el jardín que rodea el castillo de Lyonesse y que desciende hasta las arenas de la playa de Haidion.

Es normal que esa niña, que se siente diferente, vea cómo las argucias de poder de su padre la llevarán a ser ofrecida en matrimonio para poder hacer frente a Troicinet y hacerse con el control de la isla. Pero existen los Ska, una raza aparte, con leyes muy distintas, que serían lo más parecido a los vikingos: muy raciales, con normas drásticas y equitativas entre ellos, pero muy penosas con el resto.

Así, las islas podrían dividirse entre los Ska, que ocupan la isla del noroeste —una zona más despoblada—; después estaría el inmenso bosque de Trantevalles, y al este las demás comarcas. En el oeste quedaría Uflandia del Sur, muy potente, que domina un paso en un cuello de botella natural controlando el acceso mediante el castillo de Tintzin Fyral, gobernado por Carfilhiot, quien es el “malo maloso” de la historia.

Carfilhiot es un híbrido nacido de la maga Desmeï, que se bifurcó en tres entes. Uno de ellos era una aberración y fue destruido por la propia hechicera; se convirtió en cenizas y vapor, que fueron absorbidos por la maga Melancthe, y ahí comienza esta parte de la historia.

Suldrun crece, y cuando ya está lista para casarse, su padre Casmir intenta desposarla con Carfilhiot, que es básicamente un ser despreciable: sádico, abusador de mujeres e incluso dispuesto a someterse a Tamurello, el archimago, para ganarse sus favores. La carrera de Carfilhiot y su afán por aprender magia se cruzarán con el camino de nuestro protagonista, Shimrod, quien será sometido por Melancthe, Tamurello y el propio Carfilhiot.

Esta es posiblemente una de las mejores partes del libro: la historia donde Shimrod es engañado y llevado a otra dimensión para buscar unas piedras, una de las cuales tendrá un papel importante más adelante como ítem para el padre de Drum (Aillas) y de Suldrun, con el fin de poder encontrarlos. Pero eso será mucho después.

Suldrun empezará a crecer y, mientras se esconde en la sala del trono, observará un día cómo su padre entra en una sala secreta que más tarde descubrirá. Allí encontrará todo tipo de componentes mágicos, entre ellos el más importante: un espejo mágico llamado Persilian.

Persilian es una maravilla, porque da a esta primera parte del libro un aire de cuento clásico, como si Suldrun fuera una Blancanieves y el espejo perteneciera a su padre. Pero Persilian solo busca la libertad: es como un genio en su lámpara, capaz de conceder tres preguntas a su portador o, si se formula una cuarta, liberarse para siempre.

Suldrun crecerá, y sus visitas al jardín y a la playa se harán cada vez más frecuentes, hasta que ese mismo jardín se convertirá en su cárcel cuando, en el momento de su boda con Carfilhiot, lo deje plantado en el altar. Su padre, Casmir, la encerrará en dicho jardín y la despojará de sus privilegios, repudiándola sin importarle su destino ni con quién acabe.

Es aquí cuando entra en juego Aillas, heredero en la línea de poder junto a Trewan. Ambos son encomendados a partir en un navío con el objetivo de ser embajadores de Troicinet y pedir alianzas a todos los reinos de las Islas Elder. Surcarán los mares rodeando toda la isla: del sur al este, del este al norte y, finalmente, descendiendo hacia el oeste. Serán rechazados en todos los reinos, con excusas vagas y diplomáticas, sin compromisos claros. El status quo entre Lyonesse y Troicinet se mantiene, pero antes de llegar a Ys, su navío es sorprendido por una embarcación Ska: poderosa en armamento, aunque no superior a la troicina.

Durante el combate, el capitán muere y, en el retorno, Aillas es arrojado por la borda por Trewan, quien trama un plan para eliminar a todos los sucesores del trono hasta quedarse como único heredero. Este plan lo llevará a cabo casi por los pelos hacia el final del libro.

Aillas será rescatado en la playa por Suldrun. Se recuperará de sus heridas y ambos se enamorarán. Antes de que el embarazo de Suldrun se haga evidente —aunque ya difícil de ocultar—, deciden huir. Pero no tienen dinero, así que urden un plan para escapar: entran a hurtadillas en el castillo, roban unas joyas y se marchan con el espejo mágico, Persilian.

El espejo recita un poema en el que Aillas debe desposar a Suldrun esa misma noche. Aillas gastará su primera pregunta cuestión simple, y el espejo añadirá que, si formula una tercera pregunta podrá pasar a otro portador y si se realiza una cuarta, Persilian será libre. Su primera pregunta, ingenua pero sincera, fue: ¿cómo podríamos casarnos esta noche? Y el espejo le apremia a que, antes de que cierren el castillo, vuelvan al jardín: allí podrán casarse.

Cuando Aillas intenta formular una nueva pregunta, el espejo le advierte con urgencia que guarde rápidamente el espejo, junto con todo el oro y las joyas, en un hueco en la base de un tilo.

El hermano Umphred estará en la capilla. Desde hace tiempo desea a Suldrun, y al verla intentará forzarla. Se da cuenta de su estado y, bajo un juramento impuro de que no revelará nada a su padre, los casa en secreto. Pero, a posteriori, Umphred los delatará, revelando al rey Casmir tanto el matrimonio como el embarazo de su hija. Al saber que el bebé es un niño, el rey tramará un intercambio con las hadas, muy al estilo de las leyendas escocesas y gaélicas (como las que se ven en la primera temporada de Outlander y el simbolismo del “niño robado”). Madouc será la niña presentada como hija de Suldrun, mientras que el hijo real, Dhrun, tendrá su historia paralela: un año de vida humana que se multiplicará por ocho en el mundo feérico, acelerando su crecimiento.

Saltando algunos detalles, en el intento fallido de huida, Suldrun —que había tenido una niñera de confianza, despedida por su empatía hacia ella— recibe su ayuda para escapar. Sin embargo, Aillas y Suldrun son capturados. Aillas es arrojado a un pozo donde encuentra la compañía de una docena de cadáveres y sus huesos. Aunque lo alimentan, se las ingenia para construir una escalera con los restos óseos y escapar.

Mientras tanto, Suldrun intenta salvar a su hijo y entregárselo a la niñera, pero el plan fracasa por la intervención del hermano Umphred, que delata la conexión entre ambas.

A partir de ahí, Suldrun se ahorca en el mismo tilo donde guardaron el oro, las gemas y a Persilian. Ya muerta, logra hablar con Aillas cuando este escapa. No tiene fuerzas para pedirle que se quede con ella: está fría, sin vida, y todo sería solo dolor. Le ruega, en cambio, que busque y salve a su hijo Dhrun.

Como podéis ver, las historias comienzan a entrelazarse de manera bárbara, como solo Jack Vance sabía hacerlo.

Bueno, lo dejamos aquí, porque la complejidad de la reseña con spoilers es alta e incluso tengo que revisar párrafos y volver a leer para acordarme de los detalles y de la conexión exacta. Cuando lees, vas viendo cómo se construye el rompecabezas, pero cuando miras atrás se obvian detalles por la misma inercia impulsora.

Y voy a dejar esto con una frase motivadora que alberga la esencia de la literatura en sí.

“Como todo en la vida, un libro y sus letras pueden pasar de la mayor ignorancia y un valor nulo, a la mayor expectación y aprecio. El/la únic@ que puede otorgarles ese valor es quien les presta atención.”
Jordi Revuelta

¿Te acuerdas en la anterior reseña que el libro parecía un juego de rol? Pues existe.

Lyonesse I (El Jardín De Suldrun) – Jack Vance – Parte I(Sin Spoilers)

La sensación es evocadora, esa sería la palabra para describir lo que siento al leer la primera parte de Lyonesse. Evocadora, no por la nostalgia de volver a una de las mejores novelas de fantasía de la época. ¡No! Es por cómo describe Jack Vance el mundo en sí, por cómo nivela el bien y el mal, por cómo desarrolla lo que hoy llamamos grimdark, con un estilo que incluso incluye toques de humor.

La edición en inglés que había en mi casa.

Primero voy a describir un poco las sensaciones, sin spoilers, y luego haré un resumen para no olvidar el trayecto que vamos a recorrer por Lyonesse y no perdernos en el camino. Es evidente, y ya lo he explicado en alguna otra entrada, que estos libros estaban en mi casa en inglés. La portada de la edición inglesa pasaba una y otra vez por mis manos como algo imposible de leer. Yo no estaba capacitado para leer en inglés: venía de estudiar francés en la EGB y llegué al instituto totalmente perdido con la lengua anglosajona. Cateaba una y otra vez por poco, porque vocabulario tenía —y mucho, de mirar incontables veces el diccionario—, pero no sabía construir frases ni entendía la lingüística. Era como estar en un coche sin gasolina: nada podía hacer, y menos aún leer Lyonesse. Y menos mal, porque la lectura puede ser densa, con algo de descripciones al estilo de El Señor de los Anillos. Pero, curiosamente, esa sensación no la tuve ni en su día (cuando no tenía el desarrollo cognitivo de ahora), ni ahora. Lyonesse es para paladear, como un dulce espolvoreado de azúcar. Y digo dulce porque es fantasía pura: aparecen hadas, trasgos, trols, magos, un sinfín de criaturas, todo ello concentrado justo antes de la época artúrica, aproximadamente en tiempos del padre de Arturo, el rey Uther Pendragon. La ubicación son las Islas Elder(¿Atlantis?), situadas entre Cantabria, Francia e Inglaterra. Se supone que existieron, aunque hoy están sumergidas.

Las primeras ediciones en castellano que me leí.

El plot casi ni siquiera importaría, porque los sucesos se encadenan de forma que todos, absolutamente todos, están conectados. Este detalle convierte la novela en ese dulce que debes paladear con calma, mapa en mano, sabiendo en cada momento por dónde se desplazan los personajes. Posiblemente es una novela que exige de ti un ejercicio de exploración conjunta. Podríamos llamarlo como una partida de rol en la que eres espectador, viendo cómo juegan los PJ.

Cuando era chaval y salió la traducción, evidentemente llegó a mi casa. La portada no era igual: el mago que aparecía molaba mucho, sí, pero para nada tenía el scope ni la amplitud de la portada inglesa. En aquella época conecté al instante con Suldrun. Ahora no solo no he dejado de conectar con ella, sino que además me he vinculado con todos los personajes, lo que ha hecho la experiencia aún más grata. En especial, la historia que más me ha gustado es la del mago Shimrod —la que menos recordaba—, por cómo se desarrolla su aprendizaje como discípulo de Murgen, el mago más poderoso. La trama quizá se centre en los magos, pero se extiende también a las coronas de Lyonesse y Troicinet. El objetivo es unir todas las islas; unos quieren hacerlo de la manera correcta, otros por la fuerza y a cualquier precio. Y en medio de todo esto aparecen los personajes que son, en realidad, las víctimas de las ambiciones de los poderosos.

La novela está claramente polarizada entre héroes y antagonistas. ¿Dónde está el punto intermedio? En las hadas y en los semihumanos, las criaturas feéricas. Estas se concentran en el bosque central de Trantevalles, lo que inevitablemente despierta la nostalgia del Hobbit y del Bosque Viejo. Y aquí confieso: siempre me gustó más El Hobbit que El Señor de los Anillos. Y comparando este último con la obra de Vance, no se queda atrás; incluso me atrevo a decir que me gusta más (aunque me cueste la hoguera).

Lyonesse ya mola desde el nombre. Es una obra maestra no porque sea difícil o porque tenga una infinidad de personajes y una trama política elaborada, sino porque funciona a muchos niveles. Porque sí, no olvidemos que la política también es fundamental: la historia gira en torno a un objetivo claro, el poder. Y ahí surge un contraste clave: las hadas son como niños, caprichosas, pero con la diferencia de que poseen poder. Eso las hace aleatorias e imprevisibles, y Vance lo deja claro desde el glosario inicial. Los humanos, en cambio, son los realmente peligrosos: son capaces de jugar incluso con lo sobrenatural. Esa es la razón por la que la novela me recuerda a los cuentos de los Hermanos Grimm, que me provocan esa nostalgia de aquellos libros de mi infancia, que hojeaba una y otra vez.

En definitiva, Lyonesse es fantasía de la buena: sin complicaciones innecesarias, pero con tantos matices que perfectamente podría convertirse en una campaña de rol o en una adaptación. Y no serías la primera persona en intentarlo. aquí.

¡Esta vez somos Swords! Continuaremos con la segunda parte, ya con spoilers, donde detallaré los puntos clave para la lectura de la segunda entrega: La perla verde. En efecto, ese es el título del segundo libro, así como el tercero es Madouc. Y, por supuesto, ambos nombres aparecen y son referenciados ya en esta primera novela.

ALIEN Earth (con spoilers)

Alien Earth es buena (sí, me ha gustado), es una serie con mucha pasta, algo más o menos bien realizado. Los detalles abundan desde el principio, y hablo de detalles artísticos como la presentación de las letras de Alien, realizando un homenaje a El octavo pasajero. Estas intros son una pasada. Cuando hay dinero ya sabemos, visualmente, que vamos a disfrutar. Eso es lo bueno, pero…

La cagada monumental es haber tocado la Tierra. Ya desde un principio choca: te dices, ¿pero son tan tontos que van a meter a un montón de especies alienígenas en la Tierra? Pues sí.

Y sí, ese es posiblemente el único fallo de una serie espectacular, que he disfrutado muchísimo. Me ha gustado en su contexto por cómo han ambientado todo, y es posible que la adición de nuevos seres parásitos alienígenas le haya dado la frescura que necesitaba la saga Alien.

Ahora vamos a por la cagada monumental. Esta surge de la poca inteligencia de la nueva megacorporación añadida a la saga (Prodigy). Hablo de ella porque, una vez avanzada la serie, tenemos uno de los capítulos intermedios donde detallan todo lo que ha pasado en la nave de Weyland y por qué se ha estrellado en la Tierra. Es ahí cuando te desvelan que Weyland no tenía rumbo a la Tierra y quería analizar los especímenes en una base fuera de nuestro planeta. Y el tonto niño rico, superdotado de inteligencia, es quien provoca una explosión en la nave y la dirige hacia la Tierra. Ahí ya dices: es imposible ser tan memo. Y en los últimos capítulos intentan aligerar esta incoherencia alegando que el niño prodigio, dueño de Prodigy, tiene un trastorno de conducta que le afecta si no se toma las pastillas. Y claro, en un momento tan crucial, se las deja de tomar… porque es muy listo.

Sí, porque es muy listo. Y ahí es cuando ya murió la serie. Desde mi punto de vista, la serie la podrían haber ambientado en un planeta anexo y, de la misma forma, habría sido excepcional, incluso con la intención de acabarla con la presunción de mancillar la Tierra. Pero eso ya está hecho, así que no hay vuelta atrás.

Por lo demás, la serie está increíblemente realizada. El miedo, la congestión, los parásitos… hacen de todos los capítulos un vals de secuencias embriagadoras, salpicadas con escenas a rebosar de ketchup chorreando por todas partes, cosas que los amantes del gore disfrutarán mucho.

Alien es un referente para muchos de nosotr@s, por la nostalgia de sus dos primeras películas que, en lo que respecta a mis gustos, siguen encabezando mi lista:

  1. Aliens: El regreso
  2. Alien: El octavo pasajero
  3. Prometheus, a la par con Romulus
  4. Alien Earth

Alien Earth quedaría como cuarta.

Y quedaremos con un buen regusto de boca con respecto a Disney, con la que me queda acabar de ver la segunda temporada de Andor, la cual me está gustando, aunque no tanto como la primera. Aun así, seguro quedará mejor que la embolada monumental que se les irá de las manos en la segunda temporada de Alien Earth, donde el roto ya está hecho. Creo que empezarán a caminar en círculos hasta acabarla de cualquier manera. Eso sí, tendremos más casquería y poco más.

Esta vez somos blaster, aunque en esta serie no han tenido mucha fuerza; ha sido más de cuerpo a cuerpo.

El Universo En Una Caja -Andrew Pontzen

Este libro, en su título, ya te dice que es todo y a la vez nada. Y creo que también es una pasada. No es un libro de literatura convencional. Lo que se relata aquí, en concreto, si lo definiéramos en una palabra sería “simulación”: cómo las simulaciones nos ayudan a entender el todo, utilizando modelos físicos ya conocidos y testados en experimentos y, cómo no, con la gran ayuda de la potencia computacional.

El libro empieza detallando —cosa muy importante— la evolución de las simulaciones del tiempo o clima de nuestro planeta. Ese es un punto de partida, pero deja claro que una simulación nunca es perfecta, ya que la inmensidad de datos y elementos que interactúan en todo nuestro universo, a día de hoy, son inabarcables. De hecho, ya resulta inabarcable el simple hecho de predecir hasta el átomo más minúsculo y todos los elementos cuánticos que interactúan en él.

¿Por qué dije que este libro es todo y a la vez nada? Pues es muy simple: es una puerta al conocimiento que, a su vez, abre una más grande al desconocimiento de nuestro universo. Pero si aplicamos simples reglas, observamos y recreamos que los movimientos son como se han simulado, iremos acercándonos cada vez más a una simulación precisa. En el caso del tiempo, si tienes todos los datos de un día pasado, puedes prever el próximo e incluso analizar esos datos ya registrados. Eso sería una extensión de la experimentación. Pero también se recalca que la predicción del tiempo va directamente ligada a la interacción del cosmos, ya que este viene regido por gases, materia y materia oscura.

Si tratamos de alargar en el tiempo la predicción del universo, nos encontramos con que, aunque tenga un patrón repetitivo, la magnitud temporal es tan inmensa que imposibilita una predicción adecuada.

El tema principal es que me podría enrollar, pero para eso no estamos. Este libro es para tenerlo, ojearlo, releerlo por capítulos. Y lo mejor: no utiliza un lenguaje excesivamente técnico. Pero claro, ¿quién soy yo para decir eso, si este terreno en sí ya me gusta? Lo que quiero destacar es que, en las descripciones del libro, se habla de tú a tú. Se comentan cosas cercanas, como películas, hechos reales o recuerdos del propio autor, como su crecimiento en casa con un Spectrum ZX. Algo que, posiblemente, much@s de nosotr@s hemos vivido o conocemos.

Como más información, el libro detalla conceptos que apenas arañan la superficie, pero ¡es que araña casi todo! Eso sí, sin profundizar. Y es ahí donde el libro pasa de “nada” a “todo”. Luego eres tú quien decide en qué quieres indagar más. ¿Que te mola la meteorología? Pues entras en programas o webs donde se detallan infinidad de parámetros y te conviertes en un surfero que busca la próxima ola.

Con respecto a la astronomía, las variables se disparan a niveles insospechables. Pero para que te hagas una idea: si observas una galaxia que se acerca, también puedes ver cómo se mueven sus espirales. A partir de ahí puedes crear un modelo de predicción con la infinidad de soles que contiene. Creas patrones físicos casi al azar y, al simular, puedes lograr que aparezca una galaxia similar a la observada. En ese momento sabes que vas bien… o sigues sabiendo que no sabes nada, que simplemente estás simulando lo desconocido. Como en el experimento de Holmberg.

Es simple observar, pero ese astrónomo que contempla el cielo en una noche perfecta y despejada puede tener una visión distorsionada del cuerpo celeste que estudia, simplemente porque la luz y su onda se han distorsionado en algún punto intermedio. El punto de observación es crucial. Aquí todo es crucial. Tantas variables nos conducen a esa palabra que tanto nos gusta: “singularidad”.

Con esto, dejo un libro increíble, capaz de abrir ese pozo de conocimiento que todos tenemos y al que nunca podremos descender lo suficiente, porque siempre habrá cosas nuevas por descubrir. Lo cual, en sí, es maravilloso.

¡Ah! Y recuerda la importancia de las cuadrículas: a mayor número y más pequeñas, mayor resolución.

Exhalación – Ted Chiang (Segunda Parte)

Dije que probablemente esta segunda parte de relatos no llegaría a la altura de la primera, ¡pues a la mierda, me equivoqué! Es como decir que, a medida que cumplo años y aprendo, también desaprendo más. Ted te muestra, con sus relatos y en concreto con el último, lo genuino de la persona. Algo que tod@s buscamos, pero que a veces olvidamos, y por lo cual nos encontramos en una eterna lucha para mostrar lo auténtico.

El último relato, titulado “La ansiedad es el vértigo de la libertad”, es un claro ejemplo de esto que intento explicar. Y lo voy a decir muy brevemente. ¿Verdad que he dicho “a la mierda”? Es fácil: podría hablar con corrección, en consonancia con la premisa de expresarse bien, y defiendo hacerlo cuando uno debe dirigirse a cada persona en un tono distinto. Ahí reside la enseñanza. Pero aquí, en nuestro cubil, no hay necesidad de demostrar nada. El respeto es la premisa, pero el lenguaje debe ser cercano.

Ted te muestra eso, pero desde sus inquietudes, que se reflejan en preguntas existenciales. Preguntas tan duras que trascienden lo religioso y lo científico en su relato Ónfalo. La fe es tratada de una manera magistral, y en concreto aborda una pregunta ancestral: ¿qué datos se almacenan en nuestra alma, cuáles conforman nuestra personalidad, indagando en el propio origen de la humanidad?

Ese penúltimo relato actúa como preludio del último, que es el pelotazo final. En él vuelve a hacer hincapié en la cuestión de cambiar las líneas temporales, de una forma increíble. Y lo hace preguntándose cuán infinita o inabarcable puede ser esa bifurcación si analizas incluso la aleatoriedad de lo más minúsculo que nos mueve: átomos, células… Vamos, que cuánticamente cada movimiento no siempre discierne de nosotros mismos. Aunque, a posteriori, nuestras decisiones sí resultan previsibles dentro de nuestras líneas temporales.

Decide, de manera cuántica, saltando de sus letras o de las páginas impresas, que eres tú quien decide la calidad en que se presentará tu vida a nivel empático.

Puff, ¿qué más puedo decir? En mi próxima review será de un libro divulgativo, y podría extenderme un poco más. Pero lo único que puedo afirmar es que, después de estas últimas lecturas, me dan ganas de volver a la buena fantasía, la de sentimiento. Abrir por fin, quitar el celofán que mantiene impertérrita (queriendo abrirse para volver a ser leída) la trilogía de Jack Vance, Lyonesse. Y seguir saboreando el placer sensorial de buenas lecturas, de sentimientos encontrados con lo que soy hoy y lo que era ayer. Cómo la energía ha fluido por mi ser. Cómo el dolor, el placer y, en especial, el sufrimiento son directamente proporcionales a la sensorialidad y potencian lo que te hace humano. Algo de lo que me siento orgulloso.

Por lo demás, me quedaría leer el relato de La llegada. Ya he visto la película y sé del fanatismo que despierta, pero quizá, al ser de otra generación, yo soy más de Contact. Por cierto, me alegra decir que tuve mis quejas porque no estaba en las plataformas y protesté bastante, pero al final llegó a HBO e incluso a Netflix y pude volver a verla.

Esta vez creo que somos lo que somos. No hay más, y depende de nosotr@s. ¡No hay más!