El anime o los dibujos no son mi fuerte, eso creo que ya ha quedado patente en comentarios de otras entradas. Edgerunners, la primera temporada, me flipó. Es más, creo que es mejor que la segunda, pero con matices. La segunda temporada está más elaborada, la conexión con el videojuego de Cyberpunk es notable, incluso la trama trasciende en la misma vertiente, pero incorporando un elenco mayor de personajes que, para mí, son increíbles todos. Es posible que Talia sea la que, por su background, tenga más potencia y que su historia, interconectada con todas las demás, cree el nexo de la serie.

Esta serie es dura, muy dura, y creo que incluso es bastante impresionante en su mensaje y en la dureza con la que muestra lo peligrosas que pueden ser las transformaciones. A día de hoy ocurre lo mismo. E incluso se puede hacer hincapié en cómo las transformaciones alteran la percepción en la juventud. Está claro que todo lo que publican estos siempre viene filtrado, y es un problema de desarrollo en inteligencia emocional. Estos aspectos abarcan también a la población adulta, pero no deberían ser tan trascendentes por ese delay autoimpuesto por la experiencia y el progreso en la madurez. Dejando de lado el sermón.
Edgerunners empieza a lo bestia, con un primer episodio espectacular, mejor que el de la primera temporada. Se sigue moviendo en sinuosidades de media ladera hasta el episodio seis y luego baja un poco para llegar al clímax. Podemos decir que, con su estreno este mes de octubre en Netflix, se ha secuenciado con un nuevo parche del videojuego, agregando trasfondo y misiones relacionadas con esta segunda temporada.
La verdad es que ha sido una maravilla pillar con ilusión una serie basada en el videojuego que abrió el inicio de la web, abrió el inicio de la creación propia como autor y que ha desencadenado tanto aprendizaje por mi parte en el ámbito de las letras; algo que, por supuesto, amaba, pero por lo que para nada había sentido interés en su creación.
Siendo anime o dibujos, dicho de forma un poco despectiva, tengo que reconocer que me flipa la serie. Me flipa la intro con la canción de The Cure, una canción que no es de su estilo más puro y recuerda un poco al punk en vez de a la new wave, al ser similar a un grupo brutal o referente para ellos, supongo, como The Clash. Digo esto porque por mi mente salió girando un doble LP que escuché un millón de veces, como es London Calling. La similitud puede que sea para rellenar palabras, pero es una percepción. En los créditos iniciales te ponen qué canción es de The Cure, pero yo te la dejo aquí: The Cure – 10:15 Saturday Night.
Como spoilers:
Poco podríamos decir, salvo que el escenario principal es el constructo, como ocurre en el videojuego. Lo que pasa es que, en este caso, tiene mucha fuerza desde mi punto de vista por Talia. Al estar enferma, debe de cromarse, ya que de ello depende su vida. El tema de la boca me desconcierta: genera una percepción más maligna en un principio y luego demuestra que el motivo era salvar la vida. La poca edad le impide casi todo al cromarse. En definitiva, la psicosis tiene mucha cabida, ya que el cerebro, al no disponer de las hormonas y segregaciones naturales de las diferentes partes del cuerpo, acaba por colapsar.
El constructo aquí coge mucho juego, los demás personajes también. Esta segunda parte busca igualar al videojuego, aunque también busca el enlace con el personaje Martinez de la primera temporada y no con V (este queda para el videojuego), la cual es más pepinera e improvisada que esta segunda parte, que es más rebuscada, con muchos frentes abiertos.
La estética cyberpunk me encanta, los dibujos también, todo el arte me gusta, con lo que esta serie es disfrutable cien por cien. Al contrario de lo que me pasó con esa de League of Legends, que ni siquiera sé el nombre, intenté darle una oportunidad y no pude. Pues con esta sí.
Esta vez podríamos ser blasters, pero lo dejaremos con runners.
