¡Increíble! Made in Spain. Voy a poner un poco por los cielos a esta novela, pero no obviaré algún dato que le ha faltado, aunque es bastante nimio.
Es una alegría poder defender la escritura de ciencia ficción de mi país. Es algo que me llena de orgullo poder alabar algo de lo nuestro, elevando lo que posiblemente es una de mis virtudes en detrimento del siempre sentido de que parece que lo nuestro no vale tanto como lo de fuera.

El Orient Express en un futuro. Esta novela de intriga tiene todos los componentes que la hacen increíble: un viaje espacial y un caso en concreto que, a priori, es posiblemente un fallecimiento normal de una influencer en la travesía de la Tierra a Júpiter que, en la investigación, se descubre que posiblemente su robot de placer la ha matado. Ahí empieza la investigación, que poco a poco irá in crescendo.
He de reconocer que las casi quinientas páginas en un formato de libro tipo bolsillo, como el que me regalaron este año, aun teniendo esas letritas un poco pequeñas, al ser los capítulos muy cortos, la lectura se hace muy amena.
Vamos por lo bueno y por lo malo. Mis hermanos me regalaron dos premios Minotauro, el de 2023, de Sabino Cabeza, y el de este año, 2026, de África y orientado en el antiguo Egipto.
Lo bueno, y voy a decir una sola. La novela me ha gustado tanto que incluso me gustaría que la realizaran en formato televisivo o plataforma. Una peli no, porque hay demasiada trama y giros, pero una miniserie de una temporada estaría increíble.
Lo malo: los nombres. La protagonista, si es el caso de que Sabino hace un cameo (Rick Deckard) al apellido de la prota, que es Deckett, sería bueno, pero, si no es así, es demasiado parecido a nuestro Harrison Ford buscando pellejudos. Hay muchas similitudes con Blade Runner para que se ponga ese nombre y, de alguna manera, manche la propia creación del autor.
Y también el añadido que, supongo que cuando estaría con sus editores, hablando de la trama, pensaría: «¿Y si ponemos una polla o un pene grande? Eso siempre atrae». Ese detalle no es que haga que la novela pierda credibilidad, pero cae en ese ramalazo muy nuestro de películas donde deben de tener un exponente altamente sexual para llamar la atención y, en ciencia ficción, creo que no hace falta. Pero es una pequeña opinión, ya que incluso en la página 37, que es el momento donde más te tiene que impactar, leer «muestra», supongo, que un cacharrín de talla cuarenta y afirmar que una mujer no puede abarcar una talla entre 10 y 12, con lo que se me vino la risa.

Por lo demás, la novela es increíble. Celosamente diría que, con la ayuda que ya tienen de editores y revisores estas novelas, sería muy fácil escribir y muy difícil también negarse a las peyorativas de los mismos editores al querer poner ciertas cosas como gancho.
Reconozco que, Sabino, me compraré Frontera oscura y en un futuro realizaré la review, pero antes me leeré el Premio Minotauro de este año.
Como último, es de agradecer que también Sabino sabe muy bien dejar que la novela se cocine ella misma entre mujeres importantes, desarrollando los ámbitos buenos y malos que puedan tener como seres humanos, igualando de esta manera a los hombres. Ese aspecto me encanta: igualdad, no existen patrones polarizados. Y eso me encanta.
Podría decir que esta vez somos blasters, pero en una tripulación de crucero turístico no debería de haber armas de componente letal y tampoco explosivo, ya que corre peligro la integridad del casco.
Lo que sí podemos decir es que nos encanta la ciencia ficción y, si es de nuestro país, más.
