La creatividad moderna: entre el boceto y la franquicia

Hoy vamos a tratar un concepto que veo en los círculos donde me muevo. Parece generalizado cierto descontento en la generación X, que ha sido la generación de transición entre los boomers y las generaciones posteriores, ya plenamente tecnológicas.

El mundo ha cambiado, y ha cambiado para mal. El dinero siempre ha sido importante, pero hoy en día se ha convertido en el suelo de sustento sobre el que avanzar en cualquier proyecto. Este concepto, tan evidente, ha roto con la improvisación, la prueba y error que caracterizó a las generaciones de los años setenta, ochenta y noventa.

El mundo está roto, eso ya lo sabemos. Pero el género se ha adentrado en un refrito constante de fórmulas que siguen un patrón definido. Voy a poner un ejemplo claro, en este caso relacionado con la cocina. Ferran Adrià lo dijo: si hubiera estudiado la cocina tal y como se enseñaba en su época, nunca habría innovado.

Pues bien, el género de las películas y las series se está viendo desfavorecido desde la perspectiva de los creadores —o de los supervivientes— de aquellas épocas en las que se creaba desde cero. Hoy en día se repiten una y otra vez franquicias rentables hasta el infinito.

El sketch es el motivo real de cómo se debe crear.

Estos días me he leído los diez primeros cómics de The Walking Dead. Son el ejemplo perfecto de una palabra con mayúsculas, de un título contundente que refleja la mortalidad. Los muertos vivientes no son realmente aquellos a quienes se denomina así. Los verdaderos muertos vivientes son los mortales; son las personas, los entes vivos que caminan inexorablemente hacia la muerte. Ese es el mensaje.

Pero la realidad es que el sketch representa para mí lo más importante de lo que posiblemente fueron dos o tres de los mejores episodios realizados hasta la fecha en una recreación de un cómic. ¿A dónde quiero llegar? Antes, muchas de las mejores películas se creaban a partir de un guion y, posteriormente, de unos cómics o bocetos que servían como guía visual. Quiero dejar claro que, posiblemente, las mejores transposiciones del formato original al cine o a la televisión se producen cuando se adaptan desde un cómic.

Sí, ese formato tan infravalorado, incluso por mí mismo durante muchos años.

Es aquí donde cobra relevancia la espectacular adaptación de los primeros episodios de The Walking Dead. Olvidemos en qué acabó convirtiéndose la serie o hasta dónde estiraron el chicle. Centrémonos en cómo comenzó.

Otros ejemplos claros son las adaptaciones de Frank Miller, como 300 y Sin City. La guía de la viñeta es posiblemente la mejor manera de expandir la secuencia, el tempo y la dirección visual para que un proyecto de adaptación llegue a buen puerto.

Posiblemente este artículo sirva de ayuda por el sencillo mensaje que contiene para futuros creadores. Pero, de la misma manera, es también un recordatorio personal, una especie de trackball mental al que volver cuando sea necesario.

¡Esta vez somos walking Dead!

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