Pero bueno, ¿qué ha pasado aquí? ¿Me he pasado al género literario de superventas y he salido del fantástico? Pues no… va a ser que no. Este libro es el regalo de Sant Jordi y, como podéis esperar, tiene de lo nuestro, de nuestro género. Eso sí, está encubierto bajo la etiqueta de literatura de ficción. Pues sí, también es cierto, pero no nos engañemos: acordaos de que La Ilíada es una obra de fantasía y Julio Verne escribía ciencia ficción. Vale, estoy dando ejemplos muy claros, cosa que no va con mi estilo; prefiero ser más difuso, enigmático y, a la vez, incisivo.
Pues esa “colmillada” ha llegado a un muy buen libro, algo incluso espectacular. Es ese regalo de Sant Jordi que procede de personas empáticas, posiblemente una de las características que nos hacen humanos, obviando todos nuestros logros y fracasos. Esta novela es psicológica, bien trazada, fácil de leer —no, lo siguiente—; es ese bote salvavidas para el lector que quiere volver a engancharse a la lectura, empujándote con fuerza para permitirte reentrar en la característica más intrínseca del ser humano: la percepción del entorno y lo que puede ser el más allá.
Sí, trata del más allá. Puede parecer un concepto paralelo a un sexto sentido, pero es diferente, muy diferente, porque esta novela tiene mucho mensaje, y, vamos a ser claros, estos tienden a ser muy positivos, sin obviar la presencia del suicidio. Plantea problemas éticos de la sociedad, estructurándolos en bases superpuestas que, a mi parecer, están expuestas de forma tan sencilla que parecen evidentes. Tiene todas las palabras muy bien colocadas.
Es mi primera novela de Albert Espinosa, y creo que es una de las últimas, concretamente de este año. Sin profundizar en su carrera, veo que es un hombre de ciencias, un aspecto que me atrae especialmente. Además, es catalán, donde la gramática tiene sus propias particularidades —como el uso de los signos de exclamación solo al final—, a diferencia de la norma de la RAE, que los coloca al principio y al final. Esto genera una percepción de persona más práctica, más trabajadora, que no se pierde en el esnobismo de ciertos literatos que ahondan tanto en la forma que pueden olvidar partes de la vida. Y es sabido que en esta no se puede abarcar todo: básicamente, no hay tiempo.
En esta novela, Albert nos da tiempo. Nos ofrece una visión de la medicina y del paso a la muerte como energía que, en muchos aspectos, coincide con mi propia perspectiva. Y también celebra la literatura de ficción, dando pinceladas muy sensibles hacia la ciencia ficción y otros mundos.
Me callo ya, o dejo de teclear. Te acompaño a que la leas sin saber absolutamente nada de qué va. Y posiblemente te pase lo que a mí: dos sesiones breves de lectura hasta la mitad y un final devorado sin freno. Con un diseño de letra grande, pocas páginas e ideal para leer de un tirón. Un concepto de libro en papel que es el que más me gusta. Es cierto que todos los títulos están pensados para enganchar, para invitarte a entrar —puro marketing—, pero lo que hay dentro responde a esa promesa.
Cómo me gusta Sant Jordi y que me regalen cosas —mi mujer siempre acierta— que me sacan de mi zona de confort. Esta vez ha sido así.
Como dice el título, Nunca estuviste solo: siempre me he sentido así, pero también porque siempre he intentado dar lo mejor de mí. Supuestamente, en este libro vas a encontrar ese “spoiler”.

