Viajes interestelares. Historia de las sondas Voyager – Pedro León

«Y otras historias», debería añadirse al título.
Es así porque vamos a realizar una reseña de este libro, que es, sencillamente, una maravilla. Pero más allá de hablar solo del contenido, queremos profundizar en los conceptos que expone, que lo convierten en una obra imprescindible para cualquier persona que se haga preguntas sobre la ciencia y sienta pasión por el universo.

Primero, quiero destacar el esfuerzo titánico que representa crear una obra como esta para alguien como Pedro. Él mismo lo explica en el prólogo: llevar a cabo este proyecto bien podría considerarse el trabajo de toda una vida. Recopilar tanta información sobre estas sondas concretas puede resultar abrumador, y por eso, apreciarlo como se merece es una forma justa de rendirle respeto. Este es, sin duda, un «must-have» para cualquier persona con inquietudes, preguntas y curiosidad por el porqué de las cosas.

El libro refleja, además, la evolución y complejidad del crecimiento de nuestra civilización a un ritmo exponencial. La carrera por llegar a la Luna fue el detonante de una inversión masiva en investigación, posiblemente una de las mejores decisiones para el futuro de todas las generaciones.

Las sondas Voyager no son solo un símbolo publicitario de nuestra humanidad exploradora, son una certeza: la ciencia no puede avanzar sin ensayo y error. Estas sondas representan el prisma a través del cual los investigadores miran hacia lo desconocido. Son las creadoras de la magia del presente y del conocimiento del mañana.

Después de toda esta introducción, quiero recalcar que este libro es de divulgación, pero en ningún momento resulta denso o inabordable. A pesar de su enorme cantidad de datos y escalas de medición, no es inaccesible. Para mí, que vengo del mundo de las ciencias, ha sido como encontrar la piedra filosofal. Pero lo mejor es que es un libro accesible para todo el mundo.

Hay un concepto que me ha dejado absolutamente fascinado y que demuestra, como bien se dice en el libro, que el ser humano es capaz de cualquier cosa cuando se lo propone:
La órbita de transferencia de Hohmann.

Lo más asombroso es que este cálculo fue desarrollado por un becario, Michael A. Minovitch, quien demostró que una nave podía ganar velocidad aprovechando la aproximación a un planeta, gracias a su campo gravitacional. Pero lo revolucionario fue que él añadió una variable que hasta entonces se obviaba: la rotación de los planetas.

Asistencia gravitacional.

Cualquier niño que haya jugado con una peonza entiende que el giro genera una fuerza. Si un objeto se acerca a ese giro, puede acelerarse. Aun así, Minovitch tuvo que enfrentarse una y otra vez al ego de otros científicos, repitiendo sus cálculos hasta que finalmente fue escuchado.

Este descubrimiento tan simple, tan lógico, me hizo reflexionar sobre cuántas veces la evidencia no basta cuando hay resistencia al progreso.

Y ahí radica la maravilla: en cómo este libro consigue hacer comprensible la ciencia, sin perder ni un ápice de profundidad.

Otro ámbito fundamental que la ciencia ha destacado y que este libro también aborda, es la importancia de la teoría de los tres cuerpos. Esta teoría ilustra cómo todo influye a escala planetaria y cómo múltiples fuerzas actúan simultáneamente desde distintas direcciones. Podemos dividir este concepto en secciones, pero no podemos ignorar la complejidad de las interacciones gravitatorias a gran escala. Esto nos lleva al concepto de escalas, y a cómo el punto de observación cambia radicalmente nuestra percepción de la realidad.

Esta idea me llevó a un debate interno en torno al concepto de expansión del universo y a la manera en que calculamos «el todo». La percepción no es igual desde un punto que desde otro, y esa diferencia se amplifica hasta volverse colosal cuando hablamos de magnitudes cósmicas.

La noción de alejarse o acercarse es relativa. Y en este libro encontrarás numerosas referencias a conceptos como el efecto Doppler, las frecuencias, las recepciones y los ajustes que permiten interpretar fenómenos que ocurren a distancias inconcebibles.

Durante la lectura, no pude evitar ver de nuevo la película Contact, basada en la obra del científico Carl Sagan. Aunque fue escrita cuando la ciencia aún estaba en pañales, «permítanme la expresión», lo cierto es que, en muchos aspectos, todavía seguimos «haciéndonos pis encima» frente a la inmensidad del universo. Seguimos siendo principiantes asombrados.

La Navaja de Ockham.

En el visionado de Contact no deberíamos pasar por alto un concepto que supera los límites de la comprensión humana: la simplicidad como clave de la verdad. La navaja de Ockham propone que, ante múltiples explicaciones, la más sencilla suele ser la correcta. Esta idea, aplicada tanto a la ciencia como a la existencia, transforma lo complejo en algo accesible, y nos ofrece una visión más clara del motivo de nuestra presencia en el universo.

Este concepto vuelve a recordarnos que cualquier cosa que hoy nos parezca impensable o desconocida y que podríamos incluso definir como magia, no es más que algo que en el futuro será simple y cotidiano. La historia de la ciencia está llena de ejemplos que lo demuestran: lo imposible de hoy es lo evidente de mañana.

Por enésima vez os dejo, uno de mis memes favoritos sobre la expansión del universo:

«El universo no se expande, huye de Chuck Norris.»

Y para cerrar, os dejo también un vídeo que muestra algunas de las imágenes más impactantes captadas por las sondas Voyager. Es una forma visual y emocionante de comprender todo lo que estas misiones han significado… y siguen significando. Merece mucho la pena.

Esta vez somos viajeros.

Kerbal Space Program, Interestellar y el Apagón.

Esta vez vamos a hablar de un must have para todo buen friki. Le voy a dedicar esta entrada porque, sinceramente, es algo brutal que lleva mucho tiempo en la comunidad: Kerbal Space Program (KSP).

KSP estaba muy pulido en su versión final. Cuando intentaron dar el salto a la segunda parte, todo se vino abajo. Se quedó en agua de borrajas, quizá porque lo que ofrecía era, básicamente, lo mismo con mejores gráficos. Eso sí, tenía algo excepcional: la posibilidad de evolucionar en diferentes tipos de módulos, como si avanzaras en el tiempo. ¿Guay, verdad? Pues esta entrada es una reivindicación para que ese proyecto no desaparezca y, con suerte, vuelva a tener un hueco en la comunidad.

Yo me lo compré cuando salió la edición Enhanced complete, junto con sus dos expansiones, todo en un único pack para PS5. Sé que este juego está pensado para PC, por ser un simulador, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos: engancha. Aprendes conceptos sobre órbitas, empuje, masa, potencia… Un millón de variables necesarias para entender cómo salir de esta roca y explorar el espacio. Y eso es fundamental para las nuevas generaciones: tener simuladores que les abran las puertas a la física, la ingeniería aeronáutica y la astronomía.

Cuando compré el simulador y completé todos los tutoriales, supe que ya solo por eso valía la pena. Me recordó a la sensación que tuve con Assassin’s Creed: Origins. Lo jugué y lo terminé solo para disfrutar de las pirámides y, por supuesto, del faro de Alejandría. Todo venía con un extra: un tour virtual por el Egipto de la época, recreado según lo que creemos que fue. Ese tour fue el motivo principal de mi compra, igual que ahora con este simulador espacial.

El tutorial con su respectivo acoplamiento.

El tutorial de acoplamiento fue la parte que más se me atragantó y también la que más esperaba. Acoplarse a otro vehículo en órbita es un auténtico desafío. Y si no, solo hay que ver la escena más emocionante de Interstellar, cuando hacen el dock con la Endurance. Brutal.

Con todo esto, podríamos hablar de la famosa ley de Murphy y cómo se refleja en la película Interstellar. El protagonista le explica a su hija que esta ley no es algo negativo, sino que simplemente establece que, si algo puede suceder, sucederá (viéndola a ella como esa posibilidad). Las variables son infinitas, y aunque la probabilidad sea minúscula, si no es del 0%, existe una posibilidad real de que ocurra. Matemáticamente hablando, es una cuestión de tiempo y condiciones.

Curiosamente, comencé a escribir este artículo el día anterior al apagón que sufrimos en España, el 28 de abril de 2025. Tal vez no venga directamente al caso, pero Kerbal Space Program es un juego—mejor dicho, un simulador—que justamente te obliga a tener en cuenta muchísimas variables si quieres viajar al espacio. Y entre todas ellas, la más determinante es la gravedad.

Como buen friki sabes que, según la teoría de los tres cuerpos de alta densidad, la atracción entre ellos puede ser completamente caótica y aleatoria, haciendo que los cálculos sean extremadamente complejos. Esta es una lección importante que el simulador enseña sin adornos.

Volviendo al apagón: es posible que nunca sepamos del todo qué lo causó. Sin embargo, hay indicios de que tuvo relación con una inestabilidad en la red eléctrica, concretamente en la energía solar. Personalmente, estoy totalmente a favor de este tipo de energía, y celebro que España sea pionera en su implementación. El fallo, dentro de todo, es comprensible, y la gestión fue rápida. Como todo proceso nuevo, hay margen de error. Y ahí es donde vuelve la ley de Murphy: no como amenaza, sino como recordatorio de que debemos estar preparados para lo improbable.

No defiendo lo ocurrido, pero tampoco lo condeno. Me mantengo neutral, con una sola intención: que como civilización evolucionemos. Esa es, de hecho, una de las razones por las que decidí crear esta web. La otra: la consciencia de la muerte, la enfermedad, y la búsqueda de unos principios fundamentales que guíen nuestro desarrollo.

KSP es posiblemente un simulador que inspirará a muchos jóvenes a posicionarse en la primera línea del futuro. Plantea una ética en la que los errores no se castigan, sino que se estudian y se comprenden para evitar que se repitan. Así es como se construye un futuro estable, y no nuestra autodestrucción.

Por eso considero que KSP 2 no debería quedar en el olvido. Debería ser rescatado y mejorado, como ha ocurrido con otros títulos que supieron redimirse a base de esfuerzo: Cyberpunk 2077, No Man’s Sky… Este último aún no he tenido la oportunidad de probarlo, pero lo deseo por esa misma vocación hacia la exploración espacial que tanto me atrae.

Esta vez no somos ni swords, ni blasters, somos buscadores de plan A,B,C… hasta dar con aquel que tenga el menor margen de error posible.

Bon Sant Jordi

La Diada, el Día del Libro, de la rosa y de Sant Jordi, tiene unas connotaciones muy profundas y arraigadas en la cultura de la región en la que vivo. Es, posiblemente, uno de los mejores días del año.

Quizá lo sea por la época en la que se celebra: el amanecer, la temperatura fresca —ni fría ni calurosa—, esa inclinación precisa del planeta con respecto al sol que lo vuelve todo más amable. Pero no quiero detenerme a describirlo, porque el cuerpo ya lo percibe así, casi sin necesidad de palabras.

Lo importante es lo que ese día reivindica. Los valores que representa. Que, posiblemente, son muchos. Y ahí está la belleza: que para cada persona signifique algo distinto.

Para muchos, es el verdadero Día de los Enamorados. La rosa lo dice sin hablar.
El libro, por su parte, es esperanza. Es descubrimiento. Un regalo que encierra, en su interior, millones de historias posibles, y que, al abrirlo, aún puede sorprenderte.

Es el día de dar, de ofrecer algo simbólico y potente.
O incluso el día en que el propio Sant Jordi se protege con su escudo del aliento mortal del dragón. Ese escudo que le concede el tiempo justo para asestar la estocada final.
La lucha del día a día, conmemorada en una jornada de reflexión.
Porque al final, lo que permanece es la cultura. Y las personas son cultura.

Es la eterna danza entre el bien y el mal, que por un momento se equilibra. Y, justo en este día, la balanza se inclina del lado del bien. Del buen hacer.
Un recordatorio de que siempre debemos seguir aprendiendo.

Feliz Sant Jordi. Desde Swords&Blasters os deseamos que os regalen lo mejor, que puede ser cualquier cosa, una palabra amable. Da igual lo importante es el prisma con que lo percibas y este sea positivo.

A mí me han regalado un libro, y eso siempre es una sorpresa. Porque no es el libro que yo habría elegido. Y justo por eso, amplía mi percepción, me abre al punto de vista de alguien más. Me lanza hacia nuevas historias para las que, quizá, no estaba preparado.

Es, posiblemente, el mejor regalo que puedo recibir, al menos en lo personal: un libro.

Este año ha tocado Exhalación, de Ted Chiang. Una colección de relatos.
Un impulso hacia esa narrativa escueta, directa, de la que seguro sacaré algo positivo.

SILO – Temp2 VS Libro (Fricazo 2×1.2 spoiler)

Bueno, vamos a empezar por lo mejor de esta segunda parte de la temporada… y, por supuesto, también del libro. La mejor parte es, sin duda, cuando Juliette se interna en las profundidades acuáticas del silo 17. Esta secuencia es la más tensa y emocionante de la novela, y también —sorprendentemente— la mejor lograda en la serie. Incluso me atrevería a decir que la serie supera al libro en esta parte.

Como ya comenté, la serie en general está por encima del libro. Aunque este último tiene su propio encanto, las perspectivas son muy distintas. Coinciden en algunos detalles, pero no en muchos. Lo que sí destaca en la serie es el desarrollo de los personajes: están mucho mejor construidos, y algunos que apenas tienen protagonismo en la novela alcanzan una trascendencia magnífica en pantalla.

Volviendo a la escena del agua: Jules entra equipada con un traje de limpieza (el silo 17 cuenta con varios de estos trajes). Si bien el libro describe todo con gran detalle, en la serie el realismo visual lo supera. Se muestra claramente la importancia de la descompresión al sumergirse en un entorno acuático, y se resalta el peligro mortal de no realizarla correctamente. Ese tipo de detalles técnicos elevan la tensión de la escena y hacen que sea aún más impactante.

En cuanto a los personajes, hay diferencias notables. Por ejemplo, en el libro, Knox muere al principio de la rebelión. En la serie, no. Su personaje, junto al de Shirley —que sí sobrevive—, tiene un peso muy potente, con una presencia que se hace notar y que aporta fuerza a la trama.

Walker es un hombre, no una mujer como aparece en la serie, aunque en ambos formatos desempeña un papel fundamental.

En cuanto a Sims, el personaje que en la serie protagoniza un constante juego de gato y ratón, en el libro tiene un protagonismo mucho más limitado, casi inexistente. También hay diferencias notables con el jefe de informática: en el libro es un tipo achaparrado y con cara de pocos amigos, sin ese aire de “posible buena persona” ni el carisma engañoso que le atribuyen en la adaptación televisiva. Y por descontado, la jueza: en el libro apenas se la menciona, mientras que en la serie tiene una presencia clara desde el principio.

Por ejemplo, en el silo 17, Juliette encuentra unos trajes que utiliza para conectar el generador y vaciar el agua del silo, algo que en la serie se presenta de forma mucho más emocionante y dramatizada.

Luego, Juliette llega a comunicarse directamente con personas del silo 18. Por su parte, Walker, al intentar reparar las comunicaciones (los walkie-talkies), descubre que existe conexión entre diferentes silos, lo que revela que hay más silos aparte del 17 y el 18. Esta comunicación entre silos resulta clave para la conclusión de este primer libro, ya que permite sincronizar la entrada de Juliette en su retorno al silo 18.

Juliette, como comentamos anteriormente, tiene acceso a varios trajes de limpieza, lo que le permite regresar. En el libro, además, se centra en fabricarse una manta térmica utilizando cinta de alta calidad de los suministros, lo cual suple con mucho ingenio el simbólico —aunque algo fantasioso— traje de bombero que lleva en la serie.

Su objetivo: interceptar a Lukas, quien también cobra un papel crucial en el desenlace. Por otro lado, el sheriff Billings, que en el libro está prácticamente ausente hasta el final, tiene una presencia mucho más activa en la serie, convirtiéndose en un personaje que, honestamente, está súper guay.

Por lo demás, la información en el libro se revela de forma más directa, pero en esta segunda parte de la historia, ambos formatos —libro y serie— comienzan a divagar a la par, especialmente en esta segunda temporada, donde la narrativa va oscilando de un lado a otro. Posiblemente, esto ralentiza el ritmo, al contrario de lo que ocurría en la primera temporada. Aun así, como ya destaqué en su día, esa primera entrega me pareció una obra maestra, con una trama increíblemente bien delimitada y construida.

Para cerrar, en la serie todo se dosifica mucho más. Incluso se amplían elementos que en el libro apenas se mencionan, como las reliquias o las enormes máquinas perforadoras del silo y su enigmático fondo. Todo esto contribuye a generar aún más misterio e incógnita, haciendo que el universo narrativo crezca y atrape al espectador de forma progresiva y muy efectiva.

Después de muchísimos años sin que algo me enganchara así, he decidido continuar con la segunda parte del libro, adelantándome a lo que la serie ha mostrado hasta ahora. Y después… dejaré que el tiempo madure con lecturas distintas, antes de enfrentarme al último libro y al cierre definitivo de esta historia.

Esta vez, somos supervivientes.

Lakers VS?

¿Magia? ¿Se me está yendo la olla? Puede ser. Pero solo porque lo que voy a contar no tiene que ver con literatura ni con géneros narrativos. Hablo de la magia de los acontecimientos, aunque estos sean deportivos. Y eso es lo que quiero reflejar.

Es sencillo. En 1989, un chaval—servidor—empezó a jugar a un videojuego de la NBA. En aquella época, poco se sabía de nada, pero los jugadores que deslumbraron entonces fueron los más grandes de este deporte.

Hoy quiero dar una opinión personal. ¿Por qué? Pues porque Luka Dončić ha fichado por los Lakers. Y cuando algo me llama la atención, es porque es digno de mención. Los Lakers estaban en la lona… hasta que llegó Luka. Y, como no podía ser de otra manera, un servidor ha vuelto a fijarse en lo que ocurre en ese mundo. Y debo reconocer que me ha sorprendido.

A lo largo de mi vida, he practicado muchos deportes. También he leído, jugado a rol, hecho infinidad de cosas. Pero, por desgracia, la enfermedad llamó a mi puerta, y aquellos deportes quedaron relegados al baúl de los recuerdos. Sin embargo, eso no me impide disfrutarlos como espectador.

Los Lakers son ahora un equipo al que hay que seguir de cerca. Merecen volver a estar en el punto de mira, porque están desplegando un juego de área y perímetro espectacular. No paran de caer triples y, si no, Dončić es lo bastante hábil para penetrar en la zona y encestar. Su nivel recuerda a la época dorada de la NBA: Larry Bird, Dennis «El Gusano» Rodman, los Bad Boys, Jordan, Magic Johnson, Malone/Stockton… aquellos jugadores que fueron la esencia del Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Sé que no volveré a jugar al baloncesto, ni en la cancha ni en simulación (porque no termina de convencerme). Pero ver a Dončić y LeBron en acción, con ese juego polivalente, es como una canasta perfecta: una obra maestra que cualquiera que aprecie lo bueno y digno de mención sabe disfrutar.

Queda poco para los playoffs y es posible que tengamos a los bulls y los Lakers intentando hacer lo imposible y más si vemos que estos estaban fatal. Y desde hace cerca de 30 años que no veia nada de este deporte. Supongo que algo debe de inspirar para que llegue a mi percepción y esto. Ha cogido un campo gravitatorio digno de ver.

Sobre todo esos ultimos minutos de los Bulls remontando lo inaudito.

Si te ha sorprendido, es normal. Este deporte alcanza su máxima tensión en los últimos minutos. Incluso he escuchado algún comentario, que me parece bien fundado, diciendo que un partido de estos solo merece la pena verlo en el último cuarto. Posiblemente debatible, pero no sin razón.

Esta vez, ni swords ni blasters. ¡Triple, catapum! 🎯🔥