Cassian Rogue Andor One

Diego Luna, alias Cassian Andor, ha conseguido algo increíble. Es posible que haya logrado situar a su personaje en un nivel comparable al irrepetible Han Solo de Harrison Ford. Evidentemente, ambos ocupan lugares paralelos, pero muy distintos en carácter y forma. Aun así, Diego Luna, con la ayuda de un elenco de personajes impresionantes, ha construido en Andor algo realmente excepcional.

La sorpresa nació ya en la primera temporada, que comienza de manera pausada para luego crecer de forma exponencial en capacidad de sorpresa y genialidad. Andor es, posiblemente, el mejor material de Star Wars hasta la fecha, casi si obviamos la primera trilogía. Pero siempre hay un “pero”: aquellas primeras películas fueron creadas para un público amplio, accesible a todos. Andor, en cambio, no sé exactamente cómo está calificada por edades, pero es una serie claramente adulta. Hasta tal punto que, aun sin la presencia constante del poder de la Fuerza, la opresión del Imperio se vuelve tangible, latente y, en muchos momentos, casi asfixiante. Es una aproximación teatral y visual a lo que la literatura podría transmitir, pero llevada con maestría al formato audiovisual.

Volviendo a Diego Luna, es impresionante observar cómo progresa su personaje, cómo se moldea y cómo transmite. Y, por supuesto, el sílex más primario y punzante de la serie es Luthen, auténtico baluarte de la Rebelión.

Sin entrar aún en spoilers, Andor tiene una lentitud abrumadora, difícil de procesar en estos tiempos saturados de estímulos. Pero no hay que rendirse: la recompensa está ahí, y es real. La segunda temporada la he visto en dos bloques separados por meses. La primera parte, hasta el episodio cinco, puede incluso tornarse aburrida, con tramas que parecen parches aquí y allá, preparando el clímax. Sin embargo, los últimos seis episodios, del seis al doce, convierten la serie en una auténtica locura y en algo irrepetible dentro del universo Star Wars.

Sé que existe The Mandalorian. Sí, claro, pero es diferente. No transmite de la misma manera la opresión real del Imperio. Es más, si después de Andor ves Rogue One, descubres que muchos personajes están directamente conectados con la serie, y eso es maravilloso. Sin embargo, esa sensación tan potente de opresión y sacrificio no se percibe igual en la película. Rogue One es una de las mejores películas de Star Wars, sin duda, pero responde más al formato clásico de héroes que llegan para acabar con el Imperio, sin reflejar de forma tan cruda el coste humano que sí muestra la serie.

Con spoilers

Comenté antes que el punto de inflexión de la segunda temporada llega en el episodio seis, justo en el momento en que Andor habla con Luthen sobre la causa y si realmente merece la pena. Ahí es donde ambos se alinean por completo y donde toda la narrativa se encauza para cabalgar durante seis episodios de auténtica demencia narrativa.

Disney+, junto con Loki —de la que ya hablé— y The Mandalorian, puede presumir de albergar algunas de las mejores series de ciencia ficción adulta, logrando una armonía casi perfecta entre calidad, presupuesto y creación. Podría dejarlo ahí: buenas series hay muchas; excelentes, muy pocas.

Y no puedo cerrar el artículo sin nombrar a Luthen y dejar aquí un vídeo de una de las actuaciones más profundas de toda la serie. Un personaje que, además, protagoniza una de las mejores escenas de escape en nave jamás realizadas en televisión, ya en la primera temporada..

Esta vez no hay duda: ¡somos blasters!

Maestros Del Fantástico (Ediciones Ilustradas)

Espectaculares las versiones que hay aquí. Todavía estoy dudando cuál escoger, aunque creo que al final no voy a elegir ninguna. Supongo que Drácula ya lo tengo en su versión original y, posiblemente, todas estas obras prefiero leerlas también en su idioma original. Puede sonar un poco pedante, pero es mi forma de entenderlo.

Aun así, no puedo dejar de alabar al menos las diez primeras entregas. En su día me hice con las versiones ilustradas de Dumas, tal como ya expresé en una entrada. Tranquilamente, esto es publicidad gratuita, y para eso estamos: para transferir lo mejor.

Enlace en la imagen.

Tiene muy buena pinta y, aun así, insisto en que no lo voy a comprar… pero me encanta y me hace dudar. Es, sin duda, esa bomba de marketing que no está nada mal, porque puede hacerte consciente de obras que quizá ya estén en tus estanterías, en las de algún familiar o, por supuesto, en cualquier biblioteca. Es ese revulsivo que puede empujarte a leer, y por eso hago aquí la mención.

También está el fantástico tratamiento que se hace de los clásicos, algo importante e indeleble en el tiempo.

Seguro que en su interior puede haber swords —no blasters, aunque por ahí asome La guerra de los mundos con sus alienígenas cargados de energía—, pero sí texto y lectura de los clásicos de lo fantástico, capaces de impulsar la entrada en este mundo en el que cada vez somos más.

SILO 3 (Dust – Vestigios) – Hugh Howey. Con y Sin Spoiler.

El último libro de la trilogía de Silo es, posiblemente —en comparación con La jungla de cristal 2 en su día— un hito en cuanto al número de personas que mueren en una obra. Aquí tenemos el desenlace de la trilogía, algo evidente y para lo que no hace falta ser ningún genio.

Debo decir que, después de terminar de leer Silo, mi sensación es clara: posiblemente la serie televisiva es mejor que los libros, sin rodeos. Es cierto que la imaginación de cada cual es personal y difícil de trasladar o explicar en su imagen mental. Desde mi punto de vista, los libros detallan más a los personajes y al ritmo narrativo que a la escenografía o el detalle visual, y eso me gusta mucho porque mantiene muy bien la acción. Es verdad que, como ocurre en muchos cierres literarios, el libro comienza de forma lenta y luego avanza a pasos agigantados.

Silo me gusta mucho, mucho, pero aun así entro en bucle comparándolo con la serie televisiva, que concibo como superior. Es así, no hay más. Supongo que en este aspecto me he cerrado en banda.

Lo que comentaba sobre las muertes al principio es cierto, siempre y cuando obviemos el momento del apocalipsis. Por lo demás, aquí encontramos un número de tragedias muy concreto, contado en unidades que no son precisamente pocas.

También es normal que los conflictos humanos se enreden y que estos sean especialmente crueles.

Silo es, posiblemente, en concepto, idea y estructura, una de las mejores novelas de ciencia ficción distópica que he leído, y quizá la mejor serie de ciencia ficción que he visto en mi vida. Es posible que Rebecca Ferguson tenga mucho que ver en ello: por su actuación, por la orientación de su personaje y por su conocimiento en mecánica, algo que, por afinidad personal, ya me tiene ganado. Ese equilibrio de competencias entre sexos resulta fascinante y completamente creíble. Jules es una heroína como debe ser.

A partir de aquí entramos en spoilers, aunque antes quiero decir que he disfrutado toda la trilogía. La he leído quizá de forma algo superficial en algunos momentos, incluso distraído en otros, pero lo achaco a las inevitables comparaciones, que ya se sabe que son odiosas. Aun así, es una trilogía imprescindible para entender cómo podría ser un futuro muy creíble.

Spoilers:

Ese apocalipsis acaba siendo poco más que un reset de la humanidad, sin demasiado trasfondo. Es cierto que las nanomáquinas se presentan como un peligro futuro y, al mismo tiempo, como una herramienta esperanzadora para la medicina. Como arma biológica, desde mi punto de vista, tienen más peso en la reparación de tejidos que en la idea de una supuesta inmortalidad, tal y como casi se plantea.

El conflicto entre Anna y Donald lo percibo como un crimen pasional algo incoherente, teniendo en cuenta las capacidades intelectuales de Anna y Donald. Aun así, está bien desarrollado al mostrarnos cómo Anna intenta suplantar a su mujer sin contarle la verdad. Esa verdad debería haberse revelado en la segunda parte y habría evitado su muerte. Son elementos metidos con calzador, bien integrados, pero forzados. Tengo curiosidad por ver cómo lo resolverán en la serie.

Este punto me recuerda a El prestigio de Nolan, cuando el personaje de la mujer de Christian Bale se suicida, algo que no habría ocurrido si se le hubiera contado la verdad sobre los gemelos. Choca muchísimo, pero dota a la historia de una potencia enorme. Aquí sucede algo similar: le da fuerza, especialmente en esta tercera parte, donde las investigaciones de Anna actúan como detonante y revelan el objetivo de todos los silos, concebidos para que, de manera darwiniana, solo uno quede con vida mientras el resto son destruidos.

El final es bastante happy flower, después de toda la escabechina previa. Apenas se menciona —o se obvia— el paisaje de la ciudad cercana en ruinas, y se revela que muy cerca ya es posible vivir y que existe superficie verde.

Sin querer meter más caña, me alegro de haber leído Silo. Ha sido una necesidad hacerlo, aunque al terminarlo queda una sensación similar a cuando te explican un truco de magia: pierde parte de la gracia. Aun así, eso no baja esta obra del pedestal. Silo es, sencillamente, imprescindible.

Por lo demás me alegro de haber acabado la trilogía porque ahora me podré dedicar a acabar o empezar otra. Y es fascinante la sensación de terminar algo para iniciar otra cosa, mariposa.

Dejo los enlaces de los tres libros por si te los quieres pillar en amazon:

Y después del género que nos delimita el silo, que ya de por sí es distinto, llega el momento de poner en la balanza hacia qué dirección vamos: si hacia las Swords o hacia los Blasters.

¡Miss Agente Navidad!(La Paz En El Mundo)

«Pero ¿qué mierda de título es este?», podrán pensar much@s.

Supongo que este año es uno de los más importantes para quienes nos gusta el género de la ciencia ficción y la fantasía. Pero no porque hayamos tenido muchísimas novedades relevantes, ni únicamente por el hecho de que nos atraiga este género en concreto, sino por la percepción y la capacidad que tienen nuestros congéneres para detectar que el mundo, tal y como lo hemos conocido, está en peligro. Como siempre lo ha estado, es evidente, pero ahora aún más: a mayor capacidad, mayor daño.

Es sabido por todas y todos quienes hemos leído a grandes autoras y autores, como la mismísima Ursula K. Le Guin o el propio Asimov, que el progreso puede desembocar en la barbarie, y que recuperarse de ella es un proceso que llevaría muchísimo tiempo.

No quiero enrollarme demasiado, pero esta Navidad os deseo lo mejor. Os deseo poder seguir dando la tabarra y, por qué no, recordar en forma de meme aquella inocencia del pasado en la que siempre se terminaba con un deseo: la paz en el mundo. Es cierto que muchas veces se decía para quedar bien y sin un sentimiento real detrás, pero ese deseo es, posiblemente, lo que debería sentir cada alma que tiene la gran suerte de existir, aunque sea por un minúsculo instante, en este planeta prodigioso que habitamos.

No he podido evitar recordar una de las escenas de Miss Agente Especial, en la que se recalca una faceta que hoy en día quizá provocaría que te lanzaran tomates.

Yo mismo lo he vivido en mis propias carnes: hacer un comentario en una reunión —sobre la importancia de la Navidad— y percibir ese mar de fondo que te devora cuando los presentes no sienten lo mismo y tú lo notas al instante. La Navidad siempre me ha gustado y siempre ha sido así, pero es evidente que muchas personas no piensan de la misma manera.

Es cierto que las vivencias nos moldean, y que incluso el perro más bueno puede morder si se le maltrata. Aun así, puedo decir que la vida no es fácil para nadie y que, posiblemente, es en quienes se levantan tras caer donde se aprecia la verdadera esencia.

La Navidad es, quizá, como el agua de la lluvia que da tregua, o como el fuego que protegía a nuestros ancestros de las bestias. Pero ¿qué hacemos con quienes eligen la senda del animal?

Como he escuchado muchas veces: “tonto el último”, “que cada uno se lama su cipote”, “sálvese quien pueda”, y una infinidad de dichos que hacen que uno sienta vergüenza ajena ante ciertas actitudes dentro del círculo de personas con las que, por la inevitable sucesión de nuestro camino, debemos interactuar.

Es posible que la comunidad centrada en la literatura de género sea más consciente del proyecto que supone este tipo de escritura, capaz de generar personas de gran valor para la humanidad. Y creo que, dentro de todo el lodo que existe —y que además no deja de generarse gratuitamente en medio del caos—, están esos lectores y lectoras que actúan como impulsores de un futuro mejor.

Con todo ello, Swords & Blasters os desea unas felices fiestas, junto a vuestros seres queridos.

Un abrazo y nos vemos el año que viene, a menos que Papá Noel me haya dejado Expedition 33 en el calcetín de la chimenea y me vuelva loco, o me dé una de mis flipadas habituales y tenga que hacer un articulo de cualquier cosa que haya visto.

Esta vez somos Swords & Blasters.

—Joder, Jordi, ¿siempre ha sido así?
—Pues sí…

Doble Sombra -Jordi Revuelta

«No toda justicia necesita luz.»

No tenía previsto escribir sobre superhéroes.
Nunca pensé que lo haría.

Doble sombra nace del impulso, no del plan. De una necesidad más que de una intención. El fin de año fue solo el detonante: venía de releer Watchmen, de volver a enfrentarme a una obra que entiende el poder no como espectáculo, sino como conflicto, desgaste y responsabilidad. Desde ahí, escribir fue inevitable.

Decidí situar esta historia en mi región, en Catalunya, y concretarla en un lugar que no conozco. No por descuido, sino por decisión. Necesitaba no dominar el territorio para obligarme a imaginarlo sin apoyos, sin atajos, sin la comodidad de lo sabido. La ficción, para mí, empieza ahí: donde no hay control absoluto.

Escribir me resulta, al mismo tiempo, fácil y difícil. Fácil porque la imaginación no pone límites; difícil porque prefiero escribir como brújula y no como mapa. Sé hacia dónde apunto, pero no siempre qué voy a encontrar. Y cuando, al revisar, la historia deja de sorprenderme, aparece un cabreo agridulce. Me enfada porque, antes que autor, me reconozco como lector. Y cuando escribo demasiado, dejo de leer otras cosas. Siento que empiezo a leerme a mí mismo, y eso no me gusta, porque llega un momento en que lo percibo como una pérdida de tiempo.

Doble sombra no es una obra aislada. Es un nodo. Un punto de contacto con otras historias que ya existen y con otras que vendrán. Dialoga con un ente narrativo que se desplegará en los años noventa y con los procesos que sostienen La Línea y Paciente Cero. No como secuelas ni universos cerrados, sino como capas que se rozan.

Cada vez me siento más orgulloso de este texto, no porque sea definitivo, sino porque me confirma algo: sigo siendo un aprendiz. Me interesa avanzar, desprenderme de clichés, escapar de etiquetas. Me fascina el progreso y me aterra la idea de que crear llegue a ser fácil. Si eso ocurre, la complejidad desaparece. Y yo escribo para disfrutar en ella.

Doble sombra es una heroína distinta. Ficticia, fantástica, pero incómodamente cercana. No busca la luz: se mueve entre ella y la sombra. Y a veces, las deja mezclarse.

La historia se lanza en descarga gratuita en los días 15 y 16 de diciembre, aquí.

Por ultimo dejo lo que ocurrió cuando acabé de escribir Doble Sombra:

Mi mujer me hizo un maratón de dos películas: Erin Brockovich y Philadelphia. Emma, nuestra superheroína, no es abogada. Pero ambas historias hablan de lo mismo que la suya: de personas solas frente a sistemas enormes, de la justicia como algo frágil, costoso y nunca gratuito. Emma no defiende con leyes ni con tribunales. Su campo de batalla es otro, más íntimo y más oscuro. Donde el derecho no llega, donde los contratos ya están firmados y las responsabilidades diluidas, aparece la sombra. No para impartir justicia perfecta, sino para señalar el desequilibrio. Y asumir el coste.

Por lo que no puedo evitar dejar una de las mejores escenas:

Esta vez, somos sombra:
la de lo que fuimos ayer y la de lo que seremos mañana.
Jordi Revuelta