Jane Goodall´s

Nunca pude imaginar la perspectiva de una persona mayor con una envergadura infinita , una secuencia de palabras que hacen creer que, por momentos, la estupidez humana se ve eclipsada por la luz de aquellas personas que honran nuestro planeta. Este documental es, posiblemente, lo más impactante que he visto en muchísimo tiempo. Es el reflejo de un verdadero propósito de vida, de algo por lo que realmente merece la pena luchar.

Si tienes la oportunidad de parar a escuchar, su última entrevista es algo para recordar.

Esta vez, ni swords ni blasters: continuidad a nuestro planeta y sus especies.

Lyonesse I – Jack Vance – Parte I.II (Resumen Con Spoilers)

Antes de seguir con Shimrod, conviene detallar que Suldrun tiene un hermano, el príncipe Cassander. Él apenas hace aparición, salvo vagamente en algún compromiso de la corona.
En cuanto a nuestro mago, su historia es, en concreto, la que más me gusta. En primera instancia, aparece como consejero durante una de esas visitas a Lyonesse (capítulo seis). Casmir le pregunta cómo podría unificar todas las islas, pero, claro, controlándolas él. Shimrod le aconseja acordar la paz con Troicinet. Por lo demás, dejamos ese detalle, que Casmir se tomará al pairo.

Casmir también visitará Tintzin Fyral antes de la muerte de Suldrun. Es evidente el poder geológico que tiene ese paso, y si pudiera controlarlo, controlaría las islas. Cuando llega, por un momento pasa por su mente en qué clase de sitio tan horrendo viviría su hija. Pero eso solo fue un destello que ni siquiera rasgó la delgada pátina de empatía que posee.

Drum y Glyneth.

En el capítulo trece nos presentan a Shimrod, con su aspecto y su similitud con Murgen, además de sus grandes diferencias. Shimrod vive solo, pero consigue un aprendiz: una persona buena y con actitud, que será una de las primeras víctimas.
Shimrod empieza a tener sueños con Melancthe, sueños con una alta carga erótica que lo impulsan a buscarla. Esta búsqueda lo lleva a dejar a su aprendiz a cargo de la casa y de todas sus herramientas de magia. Él mismo pondrá trampas que se activarán en su ausencia.

Carfilhiot representa la parte mediocre y mezquina de Desmeï, fraccionada en Melancthe y en él. En el último de los sueños repetitivos, Melancthe le dice que su tiempo se acaba, que está hechizada y que irá a la Feria de los Duendes. Shimrod, al partir, deja a su ayudante Grofinet encantado con la idea de cuidar su hogar. Pero será la última vez que se vean: Grofinet defenderá el lugar y las herramientas de Shimrod, pero sufrirá una muerte dolorosa, siendo despellejado.

Shimrod espera en una posada de la feria. Casi al final, logra ver a Melancthe. Es aquí donde ella le pide que realice una tarea, pero Shimrod, cegado momentáneamente por su belleza, le pide a cambio poder poseerla. Ella se muestra reacia a dar placer carnal antes de que ejecute la tarea que necesita: recuperar unas piedras ubicadas en otro plano, en otro mundo.

Aunque pueda parecerle sospechoso, Shimrod sabe que es una trampa. Sin embargo, lo toma como un juego y decide jugar, aunque antes debe asegurarse de sus posibilidades.

A esta altura de la novela, el lector «no tiene ni papa» del embrollo que hay montado entre los magos.

Shimrod actúa movido por la belleza de Melancthe y su deseo de poseerla, pero antes se asegura de hacer algunas preguntas sobre el propósito de la misión: entrar en Iderly y traer trece joyas de distintos colores, cada una más resplandeciente que la anterior. Por suerte, Shimrod, que podría parecer banal, no cae en la trampa. Le arranca una promesa a Melancthe, pero antes lanza un hechizo de desplazamiento temporal justo en la grieta que conduce a Iderly.

Viaja para consultar a Murgen sobre la empresa que debe realizar. Aquí aparecen unas criaturas usadas como enlaces entre mundos: los tótems llamados Sandestin. Aunque Melancthe le entrega dos escarabajos como enlaces entre ambos planos —llamados Acá y Acullá—, Murgen, al conocer la historia, le dice que le huele a Tamurello. Shimrod le comenta que la conducta de Melancthe es extraña, como si hubiera acudido a él bajo presión (cap. 14).

Murgen siente que si acaban con Shimrod, él mismo quedaría debilitado y Tamurello ganaría poder. No sabe qué pretende Desmeï, esa criatura recelosa que creó a Melancthe para controlar a Tamurello, pero este acabó centrado en Faude Carfilhiot, quien dista de ser altivo, y juntos exploran las costas de la unión antinatural.

El consejo de Murgen es claro: debe purgarse de la pasión o morirá. Le dice que puede llegar a ser un gran mago, pero que necesita su ayuda.

De regreso a la grieta junto a Melancthe, ella le dice que debe traer las trece gemas y le entrega los tótems e incluso escamas de sandestin para protegerlo de las inclemencias de Iderly. Melancthe nota que Shimrod lleva una mochila que antes no tenía. Entonces Shimrod activa el tótem Acullá, unido a un ovillo de hilo, y entra en Iderly.

Iderly es un lugar inhóspito: los amuletos que Melancthe le dio se desintegran por las condiciones extremas. Aquí la historia de Shimrod empieza a volverse realmente interesante: entra en otra dimensión, o más bien en otro mundo. Está habitado por montañas vivientes, hostiles hacia los intrusos (antiguos magos ladrones de “huevos de trueno”), pues les roban sin permiso.

Bien aconsejado por Murgen, Shimrod devuelve supuestas piezas robadas (en realidad, simples guijarros) y se gana el favor de las montañas al mostrar desprecio por los ladrones. A cambio, pide las piedras de colores, y ellas acceden, ya que estas gemas crecen por doquier. Le permiten llevarse todas las que pueda cargar.

Shimrod regresa, y una de esas piedras será utilizada más adelante por Aillas para hacer un trueque con el rey de las hadas y conocer el paradero de su hijo.

Los enlaces Acá y Acullá se habían deteriorado con el tiempo, pero el hilo unido al sandestin le marca el camino. Este, sin embargo, no permite transportarse a menos que le entregue las gemas. Shimrod se niega, el sandestin corta el hilo y desaparece… para luego reaparecer y amenazarlo: o entrega las gemas o no habrá regreso. Shimrod, que lleva otro sandestin en el morral, inicia un viaje mucho más largo a través de esferas de gas hasta que llega al claro donde debería estar Melancthe, pero ella ya no está.

Al regresar a su casa, descubre que han asesinado a su aprendiz y robado sus herramientas. La conexión con el hijo de Aillas, Drum, se entrecruzará al final con Carfilhiot y el propio Aillas, ya que en su búsqueda del niño se toparán con Shimrod, quien viaja como boticario ambulante bajo el nombre de Doctor Fidelius, “especialista en rodillas flojas”.

Drum, criado por las hadas durante un año que equivale a ocho para los mortales, recibe dones y una maldición o «Mordet» de mala suerte por siete años (lanzado por el trasgo celoso llamado Falael ). Entre los dones están una espada que siempre regresa a su mano y una bolsa con tres monedas —penique, florín y corona— que siempre se regeneran.

Drum pasará penalidades, buscando a su padre, sabiendo que es un príncipe y su madre una princesa. Lo robarán, y acabará en una especie de casa de Hansel y Gretel, donde niños esclavizados son pasto de un trol. Allí conoce a Glyneth, una niña que lo ayudará en todas las penurias, incluso cuando pierdan la bolsa de monedas o la vista —ya que, por mala suerte, Drum contempla a unas dríades desnudas y una de ellas lo maldice con un enjambre de abejas en los ojos—.

Drum posee además una flauta, que toca con maestría, y junto a Glyneth monta un espectáculo ambulante en la carreta de Shimrod, quien los contrata. Es uno de los pocos momentos de calma antes de que todo se precipite.

En Avalon, Carfilhiot secuestra la carreta mientras Shimrod está ajustando cuentas con el cómplice de la maldición de las rodillas. Justo entonces llega Aillas, y juntos deciden ir en busca de Carfilhiot, que ha huido con Drum al castillo de Tintzin Fyral.

Aillas, en su búsqueda de su hijo, recorre casi todas las islas. Murgen le entrega una de las piedras de Shimrod para poder negociar con el rey de las hadas y descubrir el paradero de Drum. Este, tras un intercambio, le concede un nunca falla (que marcará la dirección donde está su hijo). Antes de iniciar su travesía, Aillas recupera el espejo mágico y el tesoro que había guardado junto a Suldrun antes de su intento de fuga.

En su viaje, siguiendo el nunca falla, cuando intenta pasar por Tintzin Fyral, el castillo está asediado por los Ska. Ve el poderío inexpugnable de la fortaleza y el angosto paso superior que al final servirá para el asedio y rescate de su hijo. Sin embargo, antes de llegar, es capturado por los Ska y esclavizado a trabajos durante veinte años, tras los cuales podría recibir la ciudadanía ska.

Lo llevan a la isla de Kaghane, donde sirve a la nobleza Ska. Intenta pasar desapercibido, pero en un duelo con un noble le da una lección de esgrima y, ante una muerte segura, logra escapar con dos sirvientes. Fabrican zancos para despistar a los sabuesos y huyen, pero son capturados por otros Ska que los hacen trabajar en una mina, condenándolos a muerte segura.

Aillas colabora con sus compañeros para cavar un túnel de escape, y sus peripecias evocan un cameo de Los siete magníficos: de bandidos pasan a derrocar a un condado tiránico. En su búsqueda de Drum, Aillas pierde compañeros —uno se queda como regente del condado conquistado, otro cae hechizado en un palacio onírico que atrapa a los viajeros en un sueño perpetuo—.

En el capítulo dieciocho se relata cómo Drum llegó a Thripsey Shee, las criaturas que la habitan y el intercambio que se hizo entre él y Madouc.

En esta búsqueda, antes de que Aillas obtenga el objeto que le marca la dirección hacia su hijo, realiza su tercera pregunta a Persilian. El espejo responde de forma escueta, mostrando su cansancio tras haber pasado de mano en mano durante una eternidad.

Aillas, molesto, lo amenaza con tirarlo a un pozo, preguntándole si realmente no tiene problema con la eternidad y dejándolo allí para siempre si ese es su destino. Entonces, Persilian, resignado, le ofrece un detallado relato de cómo encontrar un obsequio digno para las hadas y lograr que le revelen el paradero de su hijo.

Esta parte, que coincide con la búsqueda del mago Murgen, es una de las mejores del libro. El espejo le indica a Aillas cómo sortear todas las trampas del camino, incluyendo una escena magnífica en la que debe vadear un río custodiado por una criatura tipo arpía que, al ser cortada, no muere, sino que se recompone una y otra vez.

Murgen no es un ser afable: su naturaleza es más bien la de un “neutral neutral”, un equilibrio entre la benevolencia y la indiferencia. Aillas le entrega el espejo a cambio del obsequio que necesita para las hadas, con una sola condición: que prometa formular una cuarta pregunta llegado el momento, para así liberar definitivamente a Persilian.

De esta manera, Aillas queda en paz con el espejo, comprendiendo su angustia por haber pasado tanto tiempo atrapado, sin esperanza de libertad.

Uno puede hacerse una idea de que, aunque este resumen no siga exactamente la línea del libro, resulta casi imposible recordar la infinidad de detalles que contiene la novela después de un par de semanas. Si pasara más tiempo, ni quiero imaginarlo. Es muy posible que una relectura de este libro resultara especialmente enriquecedora después de haber revisado este resumen.

Carfilhiot, quien mantiene una línea directa con Tamurello mediante un sandestin, es un incompetente en la magia, incluso en el uso de las herramientas de Shimrod. Sin embargo, posee un ítem proporcionado por Tamurello que le permite conocer la ubicación exacta de todos los dirigentes de las tierras que lo rodean. De este modo, sabe cuándo planean atacarlo.

En una de sus observaciones del mapa, ve la oportunidad de cazar a uno de los barones y matarlo. Pero estos ya conocen sus artes de brujería y le tienden una trampa. Es aquí donde se conecta la historia final de Carfilhiot con su presencia en Avallon, justo en el cruce de caminos con Shimrod, Drum y Aillas, en el momento en que este último sigue la pista de su hijo.

Carfilhiot también pasará grandes penurias en su peregrinaje —no menos que los demás protagonistas—, enfrentándose a constantes dificultades en el vasto y enigmático mundo de Lyonesse de Jack Vance. En su viaje, secuestra a Drum y a Glyneth, quienes buscaban y acaban encontrando en Avallon al rey Rhodion, soberano de las hadas, que a veces hace aparición en las ferias. Se le puede reconocer por su peculiar sombrero y por las membranas entre los dedos.

Al descubrirlo, Drum y Glyneth le quitan el sombrero, obligándolo así a concederles un deseo. Drum logra librarse de su maldición, mientras que Glyneth recibe el don de hablar con los animales. Sin embargo, Drum no consigue eliminar el tormento de las abejas que lo acosan —pues su maldición procede de las Dreide—. Finalmente, logra deshacerse de ellas al hacerlas zumbar con la música de su flauta, durante los intentos de Carfilhiot de aprovecharse de Glyneth en el trayecto hacia Tintzin Fyral.

En su recorrido, Carfilhiot es perseguido por Shimrod y Aillas hasta la guarida de Tamurello. Este, temeroso de un enfrentamiento directo con Murgen (debido al vínculo que une a los niños con Shimrod), ayuda a Carfilhiot a escapar con ellos hacia Tintzin Fyral, pero le prohíbe hacerles daño. Carfilhiot los usa como recurso o salvaguarda final, mientras Shimrod y Aillas se ven obligados a postergar la persecución.

Aillas debe regresar a Troicinet para impedir, en el último momento, la coronación de su pariente Trewan—aquel que lo arrojó por la borda—, acortando así su propio ascenso al trono. Con la ayuda de dos de los últimos “siete magníficos” que le quedan, Aillas irrumpe en la ceremonia, mata al príncipe Trewan y se corona en el acto como rey de Troicinet.

El desenlace llega con el asedio de Tintzin Fyral. Aillas, conocedor del único punto débil de la fortaleza, organiza la campaña para subir por el camino angosto y levantar allí mismo las catapultas de asedio. Durante la batalla, Carfilhiot usa a los niños como escudo humano, impidiendo que lo ataquen, incluso tras rogar inútilmente a Tamurello que intervenga.

Tamurello se manifiesta en la atalaya para salvar a Carfilhiot, pero Shimrod le recuerda que ha roto el cónclave al secuestrar a los niños bajo su tutela. La contienda debía ser personal entre él y Carfilhiot. Tamurello cede, temiendo una guerra abierta con Murgen.

Aillas y Shimrod quedan paralizados ante la amenaza de Carfilhiot, que intenta utilizar a Drum y Glyneth como salvación. En ese instante, Drum —que aún fingía ceguera— llama a su espada, que siempre vuelve a su mano, y ataca a Carfilhiot. Shimrod entra en acción usando su magia y un hilo ultrarresistente, a modo de tirolina, y juntos consiguen quemar a Carfilhiot en una hoguera.

El humo de su cuerpo forma un vapor que se condensa en la Perla Verde —nombre del segundo libro—, la cual cae al mar y es engullida por un rodaballo, desapareciendo en las profundidades.

El libro concluye con la sospecha de Casmir sobre Drum y la incógnita de su edad, mientras Aillas y él sellan un acuerdo armamentístico para impedir que Casmir construya una flota y domine el mar, manteniendo así el equilibrio de poder.

Leer el epílogo.

Con esto ponemos fin a la obra. Es posible que haya alguna errata, pero es normal dada la densidad de este primer libro, que lo convierte en una auténtica locura de la fantasía antigua.

Por fin puedo dedicarme a pensar en el próximo libro, el cual ya he empezado. Sin embargo, viendo la magnitud del anterior, he tenido que posponerlo hasta terminar esta extensa reseña–resumen.

Esta vez Somos Swords, y poco a poco la web va ampliándose con una profundidad de texto que está convirtiéndose en una obra en sí misma, con vida propia. Una vida que nace y crece en su lectura.

Lyonesse I – Jack Vance – Parte I.I (Resumen Con Spoilers)

He visto reviews que describen esta novela como simple en su inicio, así que vamos a resumirla para tenerla guardada y poder volver aquí cuando leamos la segunda y la tercera parte.

En el capítulo 10 se describe cómo empezó la dinastía de las Islas Elder y cómo estaban unidas desde un principio bajo el primer rey Olam Magnus. En esas páginas se narra la historia y cómo el trono y la mesa de Haidion se desplazaron de Lyonesse a Avallon. Aquí se detalla cómo este acto dio origen a la discordia entre los siete magos del reino. Entre ellos estaba Murgen, maestro de Shimrod, aunque se aclara en una nota que Shimrod es el alter ego (clon) de Murgen, del mismo modo que Tamurello, el mago antagonista, era también el alter ego del mago muerto Sartzanek, o mejor dicho, transformado en un poste de hierro clavado en la cima del monte Agon.

A partir de aquí comienza realmente el libro, y todo lo anterior no se revelará hasta la página 110 de la edición de Gigamesh que he leído.

Suldrun nace niña, hija del rey de Lyonesse y de la reina Sollace. Solo por ser mujer ya recibe un trato negativo, lo que la convierte en una niña introvertida que centra su mundo en el jardín que rodea el castillo de Lyonesse y que desciende hasta las arenas de la playa de Haidion.

Es normal que esa niña, que se siente diferente, vea cómo las argucias de poder de su padre la llevarán a ser ofrecida en matrimonio para poder hacer frente a Troicinet y hacerse con el control de la isla. Pero existen los Ska, una raza aparte, con leyes muy distintas, que serían lo más parecido a los vikingos: muy raciales, con normas drásticas y equitativas entre ellos, pero muy penosas con el resto.

Así, las islas podrían dividirse entre los Ska, que ocupan la isla del noroeste —una zona más despoblada—; después estaría el inmenso bosque de Trantevalles, y al este las demás comarcas. En el oeste quedaría Uflandia del Sur, muy potente, que domina un paso en un cuello de botella natural controlando el acceso mediante el castillo de Tintzin Fyral, gobernado por Carfilhiot, quien es el “malo maloso” de la historia.

Carfilhiot es un híbrido nacido de la maga Desmeï, que se bifurcó en tres entes. Uno de ellos era una aberración y fue destruido por la propia hechicera; se convirtió en cenizas y vapor, que fueron absorbidos por la maga Melancthe, y ahí comienza esta parte de la historia.

Suldrun crece, y cuando ya está lista para casarse, su padre Casmir intenta desposarla con Carfilhiot, que es básicamente un ser despreciable: sádico, abusador de mujeres e incluso dispuesto a someterse a Tamurello, el archimago, para ganarse sus favores. La carrera de Carfilhiot y su afán por aprender magia se cruzarán con el camino de nuestro protagonista, Shimrod, quien será sometido por Melancthe, Tamurello y el propio Carfilhiot.

Esta es posiblemente una de las mejores partes del libro: la historia donde Shimrod es engañado y llevado a otra dimensión para buscar unas piedras, una de las cuales tendrá un papel importante más adelante como ítem para el padre de Drum (Aillas) y de Suldrun, con el fin de poder encontrarlos. Pero eso será mucho después.

Suldrun empezará a crecer y, mientras se esconde en la sala del trono, observará un día cómo su padre entra en una sala secreta que más tarde descubrirá. Allí encontrará todo tipo de componentes mágicos, entre ellos el más importante: un espejo mágico llamado Persilian.

Persilian es una maravilla, porque da a esta primera parte del libro un aire de cuento clásico, como si Suldrun fuera una Blancanieves y el espejo perteneciera a su padre. Pero Persilian solo busca la libertad: es como un genio en su lámpara, capaz de conceder tres preguntas a su portador o, si se formula una cuarta, liberarse para siempre.

Suldrun crecerá, y sus visitas al jardín y a la playa se harán cada vez más frecuentes, hasta que ese mismo jardín se convertirá en su cárcel cuando, en el momento de su boda con Carfilhiot, lo deje plantado en el altar. Su padre, Casmir, la encerrará en dicho jardín y la despojará de sus privilegios, repudiándola sin importarle su destino ni con quién acabe.

Es aquí cuando entra en juego Aillas, heredero en la línea de poder junto a Trewan. Ambos son encomendados a partir en un navío con el objetivo de ser embajadores de Troicinet y pedir alianzas a todos los reinos de las Islas Elder. Surcarán los mares rodeando toda la isla: del sur al este, del este al norte y, finalmente, descendiendo hacia el oeste. Serán rechazados en todos los reinos, con excusas vagas y diplomáticas, sin compromisos claros. El status quo entre Lyonesse y Troicinet se mantiene, pero antes de llegar a Ys, su navío es sorprendido por una embarcación Ska: poderosa en armamento, aunque no superior a la troicina.

Durante el combate, el capitán muere y, en el retorno, Aillas es arrojado por la borda por Trewan, quien trama un plan para eliminar a todos los sucesores del trono hasta quedarse como único heredero. Este plan lo llevará a cabo casi por los pelos hacia el final del libro.

Aillas será rescatado en la playa por Suldrun. Se recuperará de sus heridas y ambos se enamorarán. Antes de que el embarazo de Suldrun se haga evidente —aunque ya difícil de ocultar—, deciden huir. Pero no tienen dinero, así que urden un plan para escapar: entran a hurtadillas en el castillo, roban unas joyas y se marchan con el espejo mágico, Persilian.

El espejo recita un poema en el que Aillas debe desposar a Suldrun esa misma noche. Aillas gastará su primera pregunta cuestión simple, y el espejo añadirá que, si formula una tercera pregunta podrá pasar a otro portador y si se realiza una cuarta, Persilian será libre. Su primera pregunta, ingenua pero sincera, fue: ¿cómo podríamos casarnos esta noche? Y el espejo le apremia a que, antes de que cierren el castillo, vuelvan al jardín: allí podrán casarse.

Cuando Aillas intenta formular una nueva pregunta, el espejo le advierte con urgencia que guarde rápidamente el espejo, junto con todo el oro y las joyas, en un hueco en la base de un tilo.

El hermano Umphred estará en la capilla. Desde hace tiempo desea a Suldrun, y al verla intentará forzarla. Se da cuenta de su estado y, bajo un juramento impuro de que no revelará nada a su padre, los casa en secreto. Pero, a posteriori, Umphred los delatará, revelando al rey Casmir tanto el matrimonio como el embarazo de su hija. Al saber que el bebé es un niño, el rey tramará un intercambio con las hadas, muy al estilo de las leyendas escocesas y gaélicas (como las que se ven en la primera temporada de Outlander y el simbolismo del “niño robado”). Madouc será la niña presentada como hija de Suldrun, mientras que el hijo real, Dhrun, tendrá su historia paralela: un año de vida humana que se multiplicará por ocho en el mundo feérico, acelerando su crecimiento.

Saltando algunos detalles, en el intento fallido de huida, Suldrun —que había tenido una niñera de confianza, despedida por su empatía hacia ella— recibe su ayuda para escapar. Sin embargo, Aillas y Suldrun son capturados. Aillas es arrojado a un pozo donde encuentra la compañía de una docena de cadáveres y sus huesos. Aunque lo alimentan, se las ingenia para construir una escalera con los restos óseos y escapar.

Mientras tanto, Suldrun intenta salvar a su hijo y entregárselo a la niñera, pero el plan fracasa por la intervención del hermano Umphred, que delata la conexión entre ambas.

A partir de ahí, Suldrun se ahorca en el mismo tilo donde guardaron el oro, las gemas y a Persilian. Ya muerta, logra hablar con Aillas cuando este escapa. No tiene fuerzas para pedirle que se quede con ella: está fría, sin vida, y todo sería solo dolor. Le ruega, en cambio, que busque y salve a su hijo Dhrun.

Como podéis ver, las historias comienzan a entrelazarse de manera bárbara, como solo Jack Vance sabía hacerlo.

Bueno, lo dejamos aquí, porque la complejidad de la reseña con spoilers es alta e incluso tengo que revisar párrafos y volver a leer para acordarme de los detalles y de la conexión exacta. Cuando lees, vas viendo cómo se construye el rompecabezas, pero cuando miras atrás se obvian detalles por la misma inercia impulsora.

Y voy a dejar esto con una frase motivadora que alberga la esencia de la literatura en sí.

“Como todo en la vida, un libro y sus letras pueden pasar de la mayor ignorancia y un valor nulo, a la mayor expectación y aprecio. El/la únic@ que puede otorgarles ese valor es quien les presta atención.”
Jordi Revuelta

¿Te acuerdas en la anterior reseña que el libro parecía un juego de rol? Pues existe.

Lyonesse I (El Jardín De Suldrun) – Jack Vance – Parte I(Sin Spoilers)

La sensación es evocadora, esa sería la palabra para describir lo que siento al leer la primera parte de Lyonesse. Evocadora, no por la nostalgia de volver a una de las mejores novelas de fantasía de la época. ¡No! Es por cómo describe Jack Vance el mundo en sí, por cómo nivela el bien y el mal, por cómo desarrolla lo que hoy llamamos grimdark, con un estilo que incluso incluye toques de humor.

La edición en inglés que había en mi casa.

Primero voy a describir un poco las sensaciones, sin spoilers, y luego haré un resumen para no olvidar el trayecto que vamos a recorrer por Lyonesse y no perdernos en el camino. Es evidente, y ya lo he explicado en alguna otra entrada, que estos libros estaban en mi casa en inglés. La portada de la edición inglesa pasaba una y otra vez por mis manos como algo imposible de leer. Yo no estaba capacitado para leer en inglés: venía de estudiar francés en la EGB y llegué al instituto totalmente perdido con la lengua anglosajona. Cateaba una y otra vez por poco, porque vocabulario tenía —y mucho, de mirar incontables veces el diccionario—, pero no sabía construir frases ni entendía la lingüística. Era como estar en un coche sin gasolina: nada podía hacer, y menos aún leer Lyonesse. Y menos mal, porque la lectura puede ser densa, con algo de descripciones al estilo de El Señor de los Anillos. Pero, curiosamente, esa sensación no la tuve ni en su día (cuando no tenía el desarrollo cognitivo de ahora), ni ahora. Lyonesse es para paladear, como un dulce espolvoreado de azúcar. Y digo dulce porque es fantasía pura: aparecen hadas, trasgos, trols, magos, un sinfín de criaturas, todo ello concentrado justo antes de la época artúrica, aproximadamente en tiempos del padre de Arturo, el rey Uther Pendragon. La ubicación son las Islas Elder(¿Atlantis?), situadas entre Cantabria, Francia e Inglaterra. Se supone que existieron, aunque hoy están sumergidas.

Las primeras ediciones en castellano que me leí.

El plot casi ni siquiera importaría, porque los sucesos se encadenan de forma que todos, absolutamente todos, están conectados. Este detalle convierte la novela en ese dulce que debes paladear con calma, mapa en mano, sabiendo en cada momento por dónde se desplazan los personajes. Posiblemente es una novela que exige de ti un ejercicio de exploración conjunta. Podríamos llamarlo como una partida de rol en la que eres espectador, viendo cómo juegan los PJ.

Cuando era chaval y salió la traducción, evidentemente llegó a mi casa. La portada no era igual: el mago que aparecía molaba mucho, sí, pero para nada tenía el scope ni la amplitud de la portada inglesa. En aquella época conecté al instante con Suldrun. Ahora no solo no he dejado de conectar con ella, sino que además me he vinculado con todos los personajes, lo que ha hecho la experiencia aún más grata. En especial, la historia que más me ha gustado es la del mago Shimrod —la que menos recordaba—, por cómo se desarrolla su aprendizaje como discípulo de Murgen, el mago más poderoso. La trama quizá se centre en los magos, pero se extiende también a las coronas de Lyonesse y Troicinet. El objetivo es unir todas las islas; unos quieren hacerlo de la manera correcta, otros por la fuerza y a cualquier precio. Y en medio de todo esto aparecen los personajes que son, en realidad, las víctimas de las ambiciones de los poderosos.

La novela está claramente polarizada entre héroes y antagonistas. ¿Dónde está el punto intermedio? En las hadas y en los semihumanos, las criaturas feéricas. Estas se concentran en el bosque central de Trantevalles, lo que inevitablemente despierta la nostalgia del Hobbit y del Bosque Viejo. Y aquí confieso: siempre me gustó más El Hobbit que El Señor de los Anillos. Y comparando este último con la obra de Vance, no se queda atrás; incluso me atrevo a decir que me gusta más (aunque me cueste la hoguera).

Lyonesse ya mola desde el nombre. Es una obra maestra no porque sea difícil o porque tenga una infinidad de personajes y una trama política elaborada, sino porque funciona a muchos niveles. Porque sí, no olvidemos que la política también es fundamental: la historia gira en torno a un objetivo claro, el poder. Y ahí surge un contraste clave: las hadas son como niños, caprichosas, pero con la diferencia de que poseen poder. Eso las hace aleatorias e imprevisibles, y Vance lo deja claro desde el glosario inicial. Los humanos, en cambio, son los realmente peligrosos: son capaces de jugar incluso con lo sobrenatural. Esa es la razón por la que la novela me recuerda a los cuentos de los Hermanos Grimm, que me provocan esa nostalgia de aquellos libros de mi infancia, que hojeaba una y otra vez.

En definitiva, Lyonesse es fantasía de la buena: sin complicaciones innecesarias, pero con tantos matices que perfectamente podría convertirse en una campaña de rol o en una adaptación. Y no serías la primera persona en intentarlo. aquí.

¡Esta vez somos Swords! Continuaremos con la segunda parte, ya con spoilers, donde detallaré los puntos clave para la lectura de la segunda entrega: La perla verde. En efecto, ese es el título del segundo libro, así como el tercero es Madouc. Y, por supuesto, ambos nombres aparecen y son referenciados ya en esta primera novela.

ALIEN Earth (con spoilers)

Alien Earth es buena (sí, me ha gustado), es una serie con mucha pasta, algo más o menos bien realizado. Los detalles abundan desde el principio, y hablo de detalles artísticos como la presentación de las letras de Alien, realizando un homenaje a El octavo pasajero. Estas intros son una pasada. Cuando hay dinero ya sabemos, visualmente, que vamos a disfrutar. Eso es lo bueno, pero…

La cagada monumental es haber tocado la Tierra. Ya desde un principio choca: te dices, ¿pero son tan tontos que van a meter a un montón de especies alienígenas en la Tierra? Pues sí.

Y sí, ese es posiblemente el único fallo de una serie espectacular, que he disfrutado muchísimo. Me ha gustado en su contexto por cómo han ambientado todo, y es posible que la adición de nuevos seres parásitos alienígenas le haya dado la frescura que necesitaba la saga Alien.

Ahora vamos a por la cagada monumental. Esta surge de la poca inteligencia de la nueva megacorporación añadida a la saga (Prodigy). Hablo de ella porque, una vez avanzada la serie, tenemos uno de los capítulos intermedios donde detallan todo lo que ha pasado en la nave de Weyland y por qué se ha estrellado en la Tierra. Es ahí cuando te desvelan que Weyland no tenía rumbo a la Tierra y quería analizar los especímenes en una base fuera de nuestro planeta. Y el tonto niño rico, superdotado de inteligencia, es quien provoca una explosión en la nave y la dirige hacia la Tierra. Ahí ya dices: es imposible ser tan memo. Y en los últimos capítulos intentan aligerar esta incoherencia alegando que el niño prodigio, dueño de Prodigy, tiene un trastorno de conducta que le afecta si no se toma las pastillas. Y claro, en un momento tan crucial, se las deja de tomar… porque es muy listo.

Sí, porque es muy listo. Y ahí es cuando ya murió la serie. Desde mi punto de vista, la serie la podrían haber ambientado en un planeta anexo y, de la misma forma, habría sido excepcional, incluso con la intención de acabarla con la presunción de mancillar la Tierra. Pero eso ya está hecho, así que no hay vuelta atrás.

Por lo demás, la serie está increíblemente realizada. El miedo, la congestión, los parásitos… hacen de todos los capítulos un vals de secuencias embriagadoras, salpicadas con escenas a rebosar de ketchup chorreando por todas partes, cosas que los amantes del gore disfrutarán mucho.

Alien es un referente para muchos de nosotr@s, por la nostalgia de sus dos primeras películas que, en lo que respecta a mis gustos, siguen encabezando mi lista:

  1. Aliens: El regreso
  2. Alien: El octavo pasajero
  3. Prometheus, a la par con Romulus
  4. Alien Earth

Alien Earth quedaría como cuarta.

Y quedaremos con un buen regusto de boca con respecto a Disney, con la que me queda acabar de ver la segunda temporada de Andor, la cual me está gustando, aunque no tanto como la primera. Aun así, seguro quedará mejor que la embolada monumental que se les irá de las manos en la segunda temporada de Alien Earth, donde el roto ya está hecho. Creo que empezarán a caminar en círculos hasta acabarla de cualquier manera. Eso sí, tendremos más casquería y poco más.

Esta vez somos blaster, aunque en esta serie no han tenido mucha fuerza; ha sido más de cuerpo a cuerpo.