¡Qué pasa, Tron! Eso se decía en los ochenta, pero por entonces había los cuatro por cuatro, ¿3×3 de qué? Esta vez vamos a hablar de media, series y películas. En total, de tres visionados. Es la locura de cómo los amantes del género nos tragamos cualquier cosa, cualquier franquicia; cómo decae el género y, a la vez, se levanta una y otra vez. Esta crítica va a ser constructiva, sobre cómo nos venden algo que posiblemente es una castaña y puede ser igualmente guay.
Vamos a opinar de dos películas y de la serie El problema de los tres cuerpos; en concreto, la serie de Netflix, adaptación de la novela de Cixin Liu, y luego de Depredador: Badlands y Tron: Ares.
Empezaremos por lo bueno y, a partir de ahí, iremos a por lo más malo, cambiando el sentido de la tendencia popular, donde solo interesa cascar a grosso modo y arremeter con lo que sea, aun sin parachoques.

El problema de los tres cuerpos:
La serie de Netflix me ha costado horrores empezarla a ver. Supongo que tenía idealizada la novela, la cual considero de obligada lectura, como puede comprobarse en las reseñas que he realizado de la trilogía. La serie ya de por sí es un 3×3: te da empatía, te da cercanía y te adapta superbien la novela. Desde mi punto de vista, es casi un lanzamiento sin paracaídas en el que te vas a salvar. Tratan temas de la raza humana que hacen que el modus operandi de la llamada a los extraterrestres tenga una credibilidad abrumadora. El inicio demuestra cómo la violencia puede marcar a las personas. También cómo los extraterrestres, o nosotros mismos, si no tratamos a los demás por igual (da igual raza, etnia o clase social), creemos o tenemos el derecho de pisotearlos como cucarachas. Este aspecto es superinteresante porque en la serie se plantean personas que tienen un alto nivel académico o intelectual, independientes unas de otras, y estos se muestran supercercanos. Posiblemente este apartado es el más top de la serie.
Este tema en sí me flipa. ¿Qué más podemos decir? Pues que este año se nos presentará la segunda temporada y parece que, en vez de ser de ocho capítulos, serán más. Pero viendo que ya entraremos en el segundo libro, El bosque oscuro. Añadiría que puede ser muy chulo cómo plantean las escenas en el espacio. Estoy esperando ese momento.

Badlands:
Jajaja, esta es la segunda mejor buena. Estamos en el equilibrio donde está todo que se va a la mierda o tira para adelante como los de Alicante. Badlands tira muy bien, con una única pega: el CGI es tan abrumador por todos lados que tienen que tirar de recursos de mucha oscuridad de cámara, casi sin contraste, para poder difuminar el susodicho CGI. Lo primero que pensé nada más empezar la peli es: «Joder, vamos fuerte, lucha de primeras a full, pero no veo nada». Me tuve que acercar a la pantalla o montarme en una tienda de campaña para oscurecer todo mi alrededor. Esto se puede suplir con verla de noche, pero entre tantos gruñidos de depredador puedes despertar a la familia o molestar al vecino.
No sé, en mi caso a veces veo las pelis en la PlayStation y con los cascos; este sería el momento. Badlands mola, es puro entretenimiento y me hace gracia lo de “bichito”. ¿Qué le vamos a hacer? Por ahí me tienen ganado.

Tron: Ares:
Tron es fetiche para mí, y cuando digo fetiche es que es fetiche. Pero la peli es una explosión de efectos, entretenida, pero tiene algo que, como creador, en mi vida lo hubiera hecho. Y no digo que no pueda hacer cagadas, como todo el mundo, pero crear de la nada tanta energía… Vale, ya sé que dura solo media hora, pero supongo que, a día de hoy, por lo que conocemos de la física y las leyes o principios de conservación de esta, hace que todo se vaya al traste. Me sabe mal. Me la trago, la veo y disfruto, pero con eso no puedo. Con lo que esta vez, Alicatron.
Ahora nos queda esperar un posible año duro, pero está a la vuelta de la esquina la peli del Proyecto Hail Mary.
