«No toda justicia necesita luz.»
No tenía previsto escribir sobre superhéroes.
Nunca pensé que lo haría.
Doble sombra nace del impulso, no del plan. De una necesidad más que de una intención. El fin de año fue solo el detonante: venía de releer Watchmen, de volver a enfrentarme a una obra que entiende el poder no como espectáculo, sino como conflicto, desgaste y responsabilidad. Desde ahí, escribir fue inevitable.
Decidí situar esta historia en mi región, en Catalunya, y concretarla en un lugar que no conozco. No por descuido, sino por decisión. Necesitaba no dominar el territorio para obligarme a imaginarlo sin apoyos, sin atajos, sin la comodidad de lo sabido. La ficción, para mí, empieza ahí: donde no hay control absoluto.
Escribir me resulta, al mismo tiempo, fácil y difícil. Fácil porque la imaginación no pone límites; difícil porque prefiero escribir como brújula y no como mapa. Sé hacia dónde apunto, pero no siempre qué voy a encontrar. Y cuando, al revisar, la historia deja de sorprenderme, aparece un cabreo agridulce. Me enfada porque, antes que autor, me reconozco como lector. Y cuando escribo demasiado, dejo de leer otras cosas. Siento que empiezo a leerme a mí mismo, y eso no me gusta, porque llega un momento en que lo percibo como una pérdida de tiempo.
Doble sombra no es una obra aislada. Es un nodo. Un punto de contacto con otras historias que ya existen y con otras que vendrán. Dialoga con un ente narrativo que se desplegará en los años noventa y con los procesos que sostienen La Línea y Paciente Cero. No como secuelas ni universos cerrados, sino como capas que se rozan.
Cada vez me siento más orgulloso de este texto, no porque sea definitivo, sino porque me confirma algo: sigo siendo un aprendiz. Me interesa avanzar, desprenderme de clichés, escapar de etiquetas. Me fascina el progreso y me aterra la idea de que crear llegue a ser fácil. Si eso ocurre, la complejidad desaparece. Y yo escribo para disfrutar en ella.
Doble sombra es una heroína distinta. Ficticia, fantástica, pero incómodamente cercana. No busca la luz: se mueve entre ella y la sombra. Y a veces, las deja mezclarse.
La historia se lanza en descarga gratuita en los días 15 y 16 de diciembre, aquí.
Por ultimo dejo lo que ocurrió cuando acabé de escribir Doble Sombra:
Mi mujer me hizo un maratón de dos películas: Erin Brockovich y Philadelphia. Emma, nuestra superheroína, no es abogada. Pero ambas historias hablan de lo mismo que la suya: de personas solas frente a sistemas enormes, de la justicia como algo frágil, costoso y nunca gratuito. Emma no defiende con leyes ni con tribunales. Su campo de batalla es otro, más íntimo y más oscuro. Donde el derecho no llega, donde los contratos ya están firmados y las responsabilidades diluidas, aparece la sombra. No para impartir justicia perfecta, sino para señalar el desequilibrio. Y asumir el coste.
Por lo que no puedo evitar dejar una de las mejores escenas:
Esta vez, somos sombra:
la de lo que fuimos ayer y la de lo que seremos mañana.
— Jordi Revuelta

