La sensación es evocadora, esa sería la palabra para describir lo que siento al leer la primera parte de Lyonesse. Evocadora, no por la nostalgia de volver a una de las mejores novelas de fantasía de la época. ¡No! Es por cómo describe Jack Vance el mundo en sí, por cómo nivela el bien y el mal, por cómo desarrolla lo que hoy llamamos grimdark, con un estilo que incluso incluye toques de humor.

Primero voy a describir un poco las sensaciones, sin spoilers, y luego haré un resumen para no olvidar el trayecto que vamos a recorrer por Lyonesse y no perdernos en el camino. Es evidente, y ya lo he explicado en alguna otra entrada, que estos libros estaban en mi casa en inglés. La portada de la edición inglesa pasaba una y otra vez por mis manos como algo imposible de leer. Yo no estaba capacitado para leer en inglés: venía de estudiar francés en la EGB y llegué al instituto totalmente perdido con la lengua anglosajona. Cateaba una y otra vez por poco, porque vocabulario tenía —y mucho, de mirar incontables veces el diccionario—, pero no sabía construir frases ni entendía la lingüística. Era como estar en un coche sin gasolina: nada podía hacer, y menos aún leer Lyonesse. Y menos mal, porque la lectura puede ser densa, con algo de descripciones al estilo de El Señor de los Anillos. Pero, curiosamente, esa sensación no la tuve ni en su día (cuando no tenía el desarrollo cognitivo de ahora), ni ahora. Lyonesse es para paladear, como un dulce espolvoreado de azúcar. Y digo dulce porque es fantasía pura: aparecen hadas, trasgos, trols, magos, un sinfín de criaturas, todo ello concentrado justo antes de la época artúrica, aproximadamente en tiempos del padre de Arturo, el rey Uther Pendragon. La ubicación son las Islas Elder(¿Atlantis?), situadas entre Cantabria, Francia e Inglaterra. Se supone que existieron, aunque hoy están sumergidas.

El plot casi ni siquiera importaría, porque los sucesos se encadenan de forma que todos, absolutamente todos, están conectados. Este detalle convierte la novela en ese dulce que debes paladear con calma, mapa en mano, sabiendo en cada momento por dónde se desplazan los personajes. Posiblemente es una novela que exige de ti un ejercicio de exploración conjunta. Podríamos llamarlo como una partida de rol en la que eres espectador, viendo cómo juegan los PJ.
Cuando era chaval y salió la traducción, evidentemente llegó a mi casa. La portada no era igual: el mago que aparecía molaba mucho, sí, pero para nada tenía el scope ni la amplitud de la portada inglesa. En aquella época conecté al instante con Suldrun. Ahora no solo no he dejado de conectar con ella, sino que además me he vinculado con todos los personajes, lo que ha hecho la experiencia aún más grata. En especial, la historia que más me ha gustado es la del mago Shimrod —la que menos recordaba—, por cómo se desarrolla su aprendizaje como discípulo de Murgen, el mago más poderoso. La trama quizá se centre en los magos, pero se extiende también a las coronas de Lyonesse y Troicinet. El objetivo es unir todas las islas; unos quieren hacerlo de la manera correcta, otros por la fuerza y a cualquier precio. Y en medio de todo esto aparecen los personajes que son, en realidad, las víctimas de las ambiciones de los poderosos.
La novela está claramente polarizada entre héroes y antagonistas. ¿Dónde está el punto intermedio? En las hadas y en los semihumanos, las criaturas feéricas. Estas se concentran en el bosque central de Trantevalles, lo que inevitablemente despierta la nostalgia del Hobbit y del Bosque Viejo. Y aquí confieso: siempre me gustó más El Hobbit que El Señor de los Anillos. Y comparando este último con la obra de Vance, no se queda atrás; incluso me atrevo a decir que me gusta más (aunque me cueste la hoguera).
Lyonesse ya mola desde el nombre. Es una obra maestra no porque sea difícil o porque tenga una infinidad de personajes y una trama política elaborada, sino porque funciona a muchos niveles. Porque sí, no olvidemos que la política también es fundamental: la historia gira en torno a un objetivo claro, el poder. Y ahí surge un contraste clave: las hadas son como niños, caprichosas, pero con la diferencia de que poseen poder. Eso las hace aleatorias e imprevisibles, y Vance lo deja claro desde el glosario inicial. Los humanos, en cambio, son los realmente peligrosos: son capaces de jugar incluso con lo sobrenatural. Esa es la razón por la que la novela me recuerda a los cuentos de los Hermanos Grimm, que me provocan esa nostalgia de aquellos libros de mi infancia, que hojeaba una y otra vez.
En definitiva, Lyonesse es fantasía de la buena: sin complicaciones innecesarias, pero con tantos matices que perfectamente podría convertirse en una campaña de rol o en una adaptación. Y no serías la primera persona en intentarlo. aquí.
¡Esta vez somos Swords! Continuaremos con la segunda parte, ya con spoilers, donde detallaré los puntos clave para la lectura de la segunda entrega: La perla verde. En efecto, ese es el título del segundo libro, así como el tercero es Madouc. Y, por supuesto, ambos nombres aparecen y son referenciados ya en esta primera novela.
