¿El papel de qué? Pues… el papel de todo. De las cosas. De la nostalgia. Del tiempo.
Hoy no he podido evitar fijarme en cómo crecen la broza, las hierbas, todo lo orgánico. Y esta mañana me he descubierto con la necesidad de coger algo físico entre las manos: un libro en papel. Me he visto incluso aconsejando/me a mi hijo que el móvil no es bueno. Que no lo es para su desarrollo. Que ni siquiera lo es para los adultos.
Mientras le digo esto, miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo evidente:
gracias a las lluvias… ¡gracias a ellas!
La vegetación ha crecido de forma desproporcionada. Todo eso necesita cuidado, mantenimiento. Y, entonces, la nostalgia me invade. Deseo para mi hijo lo mismo que yo tuve: libros, revistas, álbumes de cromos. Objetos que no solo entretienen, sino que enriquecen cognitivamente.
Y me asalta una pregunta:
¿Por qué el papel es tan caro? ¿Por qué cada vez se produce menos?
Sí, ocupa espacio. Claro, puedes comprarte un Kindle a color, incluso leer cómics con él. Con enlace que te dejo. Lo compras por ahí y das soporte .
Pero no va por ahí la cosa.
Porque el objeto en sí.
Sí, mola. Pero no es perfecto. Aún no.
Me encantaría que existiera una pantalla que se sintiera como el papel. Que me permitiera dibujar y escribir con la misma libertad, con tinta electrónica real, suave para los ojos.
Seguro que llegaremos ahí. Pero todavía no.
Aunque en el presente lo ideal sería la versión de Kindle Scribe pero en color. Donde l@s crador@s podrán dar mayor rienda a su creatividad.
Hoy pensaba en cómo generar papel a partir de residuos orgánicos.
El papel no debería ser un problema, ni deberíamos seguir dependiendo de la deforestación para producirlo.
Existen alternativas sostenibles, y cada vez hay más personas investigando cómo reutilizar, crear.
Te dejo un vídeo que explica el proceso paso a paso. No es sencillo, pero tampoco imposible.
Y quizás, como tantas otras cosas, solo necesite que más gente empiece a intentarlo.
Porque ,no nos engañemos, todos hemos visto The Last of Us, Soy leyenda, o cualquier peli postapocalíptica.
Y sabemos que, en apenas cinco años sin intervención humana, una ciudad entera podría quedar cubierta por la vegetación.
La nostalgia vende, es evidente.
Pero quizá lo haga por su componente sensorial, por esa capacidad de conectar con nosotros de forma más intensa que la mayoría de cosas que nos rodean hoy.
Los feelings, los sentimientos, son aspectos cada vez más difusos en nuestra sociedad. Está claro que la evolución tecnológica, lo digital, lo informático… facilita muchas cosas. Pero el formato físico es lo que permanece. Incluso este texto que estás leyendo no es más que un borrón temporal, flotando en una nube caótica de ceros y unos.
Una especie de profilaxis sensorial.
Y, al final, lo único que de verdad nos limpia, lo que nos devuelve a nosotros mismos, es ese gesto tan sencillo como abrir un libro, un cómic, una revista… y simplemente disfrutar.
Este pensamiento, esta idea de reciclaje y aprovechamiento, es lo que me ha llevado a escribir.
A levantarme hoy con la necesidad de sentir.
Porque al final todo son sentimientos.
Sentimientos de espacio. De presencia.
Y cuando esos sentimientos no encuentran cabida, la sociedad misma empieza a parecerse a eso: a un lugar donde nada ocupa espacio. Donde todo es efímero.
Y eso no es suficiente.
Siempre tiene que haber espacio para lo físico.
Incluso en el futuro.


