Era el año 2000 cuando me compré el códex de Armageddon, justo un año después de haber adquirido el de Orkos. Sin embargo, mi afición por este universo no comenzó ahí. Ya desde niño, cuando mi hermano trajo a casa el primer Blood Bowl, quedé atrapado en ese mundo de miniaturas y fantasía. Jugábamos en familia, incluso creando nuestras propias ligas. Aquella pasión friki me envolvió durante años, cuando aún no había alcanzado la mayoría de edad.

Warhammer Fantasy nunca terminó de engancharme, pero Warhammer 40k… ¡joder! Me voy a permitir la expresión: aquello molaba mucho. Un universo oscuro, brutal y futurista que me fascinó desde el primer momento. Por aquel entonces, pintaba miniaturas, claro, pero con un nivel bastante pobre. Las técnicas ya existían, pero ni las pinturas ni la información estaban tan accesibles como hoy en día. Era un hobby muy de nicho, casi oculto, y para encajar en la sociedad de entonces tenías que hablar de fútbol o del sexo opuesto.
Por suerte, los tiempos han cambiado.
Warhammer, y el mundo de las miniaturas en general, ha pasado de ser algo marginal a convertirse en un hobby reconocido y respetado. Además, es una actividad tremendamente terapéutica, ideal para desconectar la mente. Algo que, tanto para un adolescente como para alguien que atraviesa momentos difíciles, puede ser un verdadero refugio.
En mi caso, una enfermedad crónica que ya llevaba tiempo arrastrando empeoró drásticamente en 2023. Desde entonces, la vida ha sido una lucha constante. Con una capacidad limitada, cualquier objetivo se convierte en un reto que requiere el doble de esfuerzo y paciencia. Pero como buen luchador, sigo adelante. Paso a paso, a mi ritmo, sin prisa pero sin pausa.

Y así, en casi un año, a ratitos y con ayuda de una lupa, he conseguido montar y pintar mi banda de Orkos para Kill Team. Porque, admitámoslo, ¿quién puede resistirse al estilo salvaje, macarra y completamente desvergonzado de los pieles verdes? Son caos, son locura… y a la vez, pura diversión.

Porque, aunque el camino sea lento y las hostias llegan duras como los orkos, la pasión nunca muere.
Armageddon y los Orkos: El eterno campo de batalla que nunca deja de fascinarme.
Siempre he sentido una conexión especial con Armageddon y los Orkos. Pero, seamos sinceros, elegir este ejército puede ser una de las decisiones más locas y desafiantes dentro del universo de Warhammer 40k. No por su falta de carisma —porque los pieles verdes son pura esencia macarra y brutal— sino por la enorme cantidad de miniaturas que requiere y el coste que conlleva formarlo. Incluso el hobbyista más motivado puede acabar desistiendo ante la magnitud de pintar hordas interminables de Gretchins, Noblez y Mekánikos.
Pero un día llegó Kill Team, y con ello, una luz al final del túnel. Una alternativa perfecta para los que amamos este universo, pero que no queremos dejarnos la vida (y la cartera) en el intento. Kill Team nos devolvió esa esencia de escaramuzas rápidas y tácticas, algo que ya disfrutábamos en los viejos tiempos con Blood Bowl, HeroQuest o Necromunda. Pocas minis, partidas intensas y la posibilidad de crear historias épicas en un entorno reducido. Justo lo que necesitamos hoy en día, cuando el tiempo escasea y la vida nos pasa por encima.
Pero bueno, dejando de lado los rollos existenciales, volvamos a lo que realmente importa: Armageddon, ese maldito planeta donde los Orkos han echado raíces y son imposibles de erradicar. Un infierno industrializado, un campo de batalla eterno donde los imperiales luchan desesperadamente por mantener el control, mientras los pieles verdes, liderados por el mismísimo Ghazghkull Thraka, no paran de multiplicarse y arrasar todo a su paso.
Y es que, si algo define a los Orkos, es su naturaleza imparable. No luchan por conquista, ni por ideología. Luchan porque sí. Porque para ellos, la guerra es diversión. Y en Armageddon, han encontrado su parque de atracciones perfecto.
Y aquí estamos nosotros, los frikis de siempre, disfrutando de este caos verde y brutal, ahora en un formato más accesible como Kill Team, donde la esencia del WAAAGH! sigue viva, pero sin dejarse el alma en el intento.
Porque, al final, somos Orkos.
Y si algo nos gusta… ¡lo reventamos a cabezazos!
WAAAGH! No hay nada como desconectar el cerebro y dejarse llevar, ¿verdad? Ser un orko, je,je, je.
El planeta Armageddon, en el oscuro y brutal universo de Warhammer 40k, es uno de los mundos más emblemáticos del Imperio de la Humanidad. Un lugar de interminable conflicto, su historia está marcada por las legendarias guerras contra los Orkos, una raza brutal y beligerante que ha invadido el planeta en repetidas ocasiones.
Origen del Waaagh!
El Waaagh! es una fuerza psíquica única y colectiva que emana de los Orkos. Es tanto una manifestación cultural como un fenómeno psíquico que une a los Orkos en una marea imparable de destrucción. Cuando suficientes Orkos se congregan y comienzan a luchar, su energía psíquica colectiva se intensifica, alimentando su brutalidad y aumentando su fuerza. Cuantos más Orkos se unen al Waaagh!, más poderosa se vuelve esta energía, lo que les permite realizar hazañas imposibles y mantener una resistencia casi infinita en el campo de batalla.
El Waaagh! de los Orkos es liderado por un Kaudillo, el Orko más fuerte y carismático, que guía a sus seguidores hacia la guerra total. En el caso de Armageddon, fue Ghazghkull Mag Uruk Thraka quien lideró uno de los Waaagh! más devastadores que el planeta haya conocido. Ghazghkull, un genio táctico y brutal estratega, llevó a sus hordas verdes a una invasión a gran escala que puso al Imperio en jaque.
La Primera Guerra de Armageddon
La primera gran invasión Orka fue liderada por Ghazghkull y su Waaagh!, que arrasó el planeta y puso en peligro las ciudades colmena. Solo gracias a la intervención del Comisario Yarrick y las fuerzas del Astra Militarum, el Imperio logró resistir, aunque con enormes pérdidas.
La Segunda y Tercera Guerra de Armageddon
Ghazghkull regresó con un Waaagh! aún más devastador, sumiendo a Armageddon en un conflicto interminable. Los Orkos se establecieron en vastas áreas del planeta, convirtiendo la lucha en una guerra de desgaste que aún persiste en el trasfondo de Warhammer 40k.
El Waaagh! no solo es una fuerza de destrucción, sino también una manifestación de la psique colectiva Orka que desafía las leyes de la física y la lógica. Es la esencia misma de la brutalidad y la anarquía que define a los Orkos en el universo de Warhammer 40k.
Y, para cerrar, os dejo las dos primeras páginas del codex de Armageddon del año 2000.


Esta vez, somos, ¡orkos!
