Silo – Primera Y Segunda Temporada de la serie de Apple TV+

Hacía mucho tiempo que no me sentía emocionado por una serie que, desde el primer minuto, logra impactar.

La intriga, las relaciones sociales y el suspense son las credenciales de Silo, una serie ambientada en un mundo postapocalíptico donde la supervivencia depende de vivir bajo tierra en estructuras similares a un silo, enormes cilindros que se internan en las profundidades del suelo. Una escalera central conecta todos los niveles, y en estos niveles se establecen las clases sociales.

Antes de entrar en detalles, daré mi opinión personal sin spoilers: Silo, en su primera temporada, es una obra maestra. Y lo considero así por una razón fundamental: la historia se centra en distintos personajes, pero arranca de manera focalizada para luego expandirse de forma controlada, al igual que el propio Silo. Un silo es un receptáculo cerrado, sin posibilidad de expansión, y la serie respeta esta premisa en su narrativa. El ritmo es impecable, las incógnitas son constantes, y la protagonista, Juliette, logra una conexión empática perfecta conmigo.

Juliette pertenece al equipo de mantenimiento, cuya labor es esencial para que el Silo funcione. Son la clave para la supervivencia de las diez mil personas que viven allí. Por supuesto, todos los ciudadanos aportan su granito de arena al funcionamiento de la sociedad, pero, en este contexto, el mantenimiento es el equivalente al oxígeno y al agua en un planeta: sin ellos, nada más podría existir. No se trata de restar importancia a otros roles, sino de reconocer que sin energía y recursos básicos, la supervivencia sería imposible.

Dejando de lado estas reflexiones, me gustaría destacar que Silo es una serie con un marcado componente social, lo que quizá la aleje de un público más joven. No porque no puedan encontrar aspectos interesantes en ella, sino porque aborda temas como la paternidad, la crianza y la lucha por la subsistencia, cuestiones que, si bien pueden ser de su interés, suelen cobrar mayor relevancia en etapas más avanzadas de la vida. Un joven se encuentra en pleno proceso de abrirse camino, con otras preocupaciones más inmediatas.

Spoilers, pero no muchos, los dejaremos para otra entrada. Cuando lea los libros.

Si volvemos al tema del mantenimiento, ahora con spoilers, queda claro que la parte baja del Silo, la más crucial, es también la que vive en peores condiciones. El mantenimiento es esencial para la supervivencia de todos, pero paradójicamente, quienes lo llevan a cabo habitan en el fondo de la estructura, en un nivel de vida más precario.

El mantenimiento siempre será una tarea odiada. Es evidente que es el enemigo número uno tanto para empresarios como para cualquier comprador, y voy a explicar por qué. Cuando alguien adquiere un objeto nuevo, lo hace con la creencia inconsciente de que su duración será casi perpetua. Esta ilusión se activa en el momento de la compra, sin que el usuario piense en el inevitable desgaste. Y esto no solo ocurre con empresarios, sino con cualquier persona que compra un electrodoméstico o un coche: todas las máquinas sufren deterioro con el tiempo. Pero el problema no es solo el desgaste en sí, sino que este siempre ocurre en el peor momento posible. Solo por el simple hecho de que es un problema no esperado.

Dentro del Silo, el mayor ejemplo de esto es el generador y su rotor, que suministran toda la energía a la estructura. Este sistema no puede detenerse nunca. Su fallo representa un problema de proporciones catastróficas. Aquí es donde entra la cuestión técnica: la reparación del generador es un punto crucial en la trama, y su ejecución tiene ciertos elementos discutibles. A menos que el mecanismo funcione con un rodamiento magnético, el proceso de sustitución de rodamientos mecánicos gigantes tomaría meses y sería extremadamente complejo. Pero esto es solo un detalle técnico que, en última instancia, no empaña la calidad de la historia. Silo es una obra impresionante, sin importar cómo se mire.

No he leído los libros, así que es posible que me equivoque en mis suposiciones. Sin embargo, está claro que el exterior está destruido y que las imágenes que muestra el visor son una mentira. Me inclino a pensar que el Silo está gobernado por una inteligencia artificial, ya que cuenta con un sistema capaz de eliminar a toda la población si es necesario. Además, existe la posibilidad de que el aire exterior sea respirable después de 300 años, lo que añadiría otra capa de misterio a la trama.

Otro aspecto intrigante es la alusión a una guerra mundial. En el último episodio, la población es sometida a controles para detectar radiación, lo que sugiere que el conflicto podría haber sido el detonante del encierro en el Silo. Además, se da a conocer la existencia de otros silos, ya que dos personajes parecen provenir de lugares distintos. En particular, se menciona a una de las fundadoras del Silo 48, cuya conexión se revela a través de un objeto clave: la reliquia del dispensador de caramelos PEZ con forma de pato.

Aún quedan muchas incógnitas por resolver, lo que hace que la historia sea aún más fascinante. Y ese misterio, ese componente enigmático, es lo que me impulsa a leer los libros. Sin embargo, temo que estos no logren transmitir la misma atmósfera que la serie ha plasmado con tanta intensidad. La sensación que deja Silo es simplemente brutal.

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