La leyenda del Rey Arturo siempre me ha fascinado desde pequeño. Su poder de atracción radica en los múltiples aspectos que ofrece su historia. Para algunos, la espada del heredero al trono, Excalibur, es el gran atractivo; para otros, Camelot; y en otros casos, la magia y los enigmas que rodean a Merlín. Sin embargo, lo que más me atrae personalmente es el Santo Grial, seguido de la propia espada vuelta a forjar por la Dama del Lago.
Excalibur, la película de 1981, es posiblemente una de las películas que más he visto en mi infancia. Aunque no llega al número de visualizaciones que logré con la primera de Superman, está muy cerca. A día de hoy, sigue siendo interesante, aunque ha envejecido un poco; no obstante, no de forma desastrosa ni «infumable». Continúa siendo disfrutable.

El tratamiento del Santo Grial en esta película es especial y fantástico, aunque no tan majestuoso como en Indiana Jones y la Última Cruzada. Esta última es, sin duda, una obra maestra. Luego, el Santo Grial volvería a impactarme profundamente con la novela de Michael Moorcock, El perro de la guerra y el dolor del mundo. Esa obra marcó mi adolescencia, justo cuando la progresión del género fantástico estaba dejando una huella imborrable en mí.
Entre tanto, probablemente jugué una de las mejores partidas de rol de mi vida con el juego Pendragon. El máster era un auténtico friki, alguien apasionado y dedicado, que había desarrollado una campaña increíblemente elaborada. Sin duda, la mejor que he podido disfrutar.
Sus partidas artúricas tenían un estilo único, cercano a las novelas de Margaret Weis y Tracy Hickman, combinando el espíritu épico de las leyendas con una narrativa profunda y envolvente. Fue una experiencia inolvidable que aún guardo como un buen recuerdo en mi experiencia como jugador de rol.
Por aquel entonces, en casa teníamos el cómic Camelot 3000, de Brian Bolland. Espectacular en sus ilustraciones y en su versión original en inglés. Yo era muy pequeño y solo podía hojear las páginas, maravillado por los dibujos, pero sin entender su significado. Hace poco, estando en casa de mi hermano, recuperé ese cómic, y ahora, muchos años después, he podido leerlo y apreciarlo en su totalidad. Finalmente he conectado las imágenes con el texto.
Entiendo ahora que Camelot 3000 fue innovador para su época. Fue uno de los primeros cómics en formato de miniserie o novela gráfica, algo poco común en aquel momento, al menos en la industria de DC o Marvel. Además, es prácticamente sin censura, dirigido a un público más adulto. En este sentido, puede considerarse pionero en el género, especialmente dentro del ámbito de los superhéroes.
Camelot 3000 es una adaptación de la leyenda del Rey Arturo, pero ambientada en un futuro con una invasión alienígena. Aunque el argumento en sí no es brillante, los dibujos son excelentes y consiguen transportar al lector a una mezcla natural de ciencia ficción y fantasía.
De joven fui muy aficionado a los cómics, pero con los años he desarrollado un gusto más específico. Mi gran fetiche son los cómics de los X-Men en la época de Claremont y los de Thor en la etapa de Walter Simonson. Fuera de ese patrón, soy bastante cerrado, salvo por excepciones como los dibujos de Bolland, que me fascinaron desde que vi sus primeros trabajos en Judge Dredd. Luego llegó La broma asesina, con Alan Moore, y terminó de confirmar a Bolland como uno de los dibujantes más destacados de su época. Podría decirse que ese cómic es de culto.

Aunque valoro mucho la ilustración en Camelot 3000, no lo considero un referente personal. Mis favoritos siguen siendo Simonson, Miller, Silvestri, Wrightson, Corben e incluso McFarlane en su época de Spider-Man. Este último, más que por guion, me impactó por su estilo de dibujo innovador para la época, que lo convirtió en un pionero.

La leyenda de Arturo siempre será fascinante. Camelot 3000 tiene potencial como base para una adaptación actual, quizás en forma de serie para plataformas. Con un enfoque brutal que mezcle ciencia ficción y fantasía, podría funcionar muy bien. Espadas y tecnología, un híbrido entre swords & blasters. Aquí todo se mezcla, y el resultado puede ser espectacular.

