Un viaje introspectivo para reconocerse como persona, marcado por las consecuencias de los hechos de los protagonistas. Este libro de Emilio lo compré durante la presentación que hizo de su obra Naturaleza Muerta. El motivo que me impulsó a adquirirlo y pedirle que me lo firmara fue, entre otras cosas, el hecho de que incluye un viaje en moto. Además, sentía curiosidad por descubrir cómo sería su escritura en sus inicios literarios. Estos aspectos me llevaron a comprarlo y, en consecuencia, a leerlo. Y aquí estoy para compartir mis impresiones.
Es evidente que esta novela tiene características que atraen desde un principio, como el viaje a la Trans-Taiga, un lugar inhóspito en Canadá, y el misterio de hacia dónde nos llevará esa travesía. La novela me ha gustado, está claro, aunque ni de lejos se acerca a la trilogía de Los Ojos Bizcos del Sol. Pero esto es solo una opinión personal, ya que el estilo lovecraftiano no es lo mío. Aun así, el hecho de que esta novela combine elementos de ese estilo y me haya gustado ya es un gran mérito. Para los amantes de este género, será una novela ideal.
Un detalle que me pareció un acierto es cómo Emilio otorga a sus personajes nombres representativos de sus acciones o características personales, lo que podríamos llamar “motes”. Esto hace que la novela sea aún más atractiva.
La historia comienza con muchas incógnitas y una situación bastante enrevesada que luego se resuelve de una manera muy buena, exponiendo un grave problema de personalidad en los personajes, quienes terminan encontrándose a sí mismos.
Es evidente que también hay una buena dosis de imaginación que da soporte tanto a la estructura de los personajes como a la del propio autor. Hay un componente que me ha encantado por encima de todo: cómo aborda ciertas explicaciones sobre las estrellas y cómo uno puede guiarse por ellas en un terreno inhóspito. Esto me sacó una sonrisa al encontrar paralelismos generacionales con el escritor, que logran conectar al lector con su perspectiva.
Emilio es un referente para mí en la escritura nacional, junto con Celia Corral Vázquez y Jesús Cañadas. A los demás escritores españoles, tranquilos, poco a poco os iré descubriendo. El tiempo, al fin y al cabo, es relativo. Con lo que tiempo al tiempo. Aparte de sentirme creador, también soy consumidor y quiero ver lo que hay ahí fuera.
Aunque tengo una queja respecto a la literatura fantástica española: parece que hay una marcada tendencia hacia el terror lovecraftiano. Y debo recalcar que ese estilo no es de mi agrado, a pesar de que, cuando era chaval, algunas de las mejores partidas de rol que disfruté fueron con La Llamada de Cthulhu.
Esta vez, sin embargo, somos moteros.

