La Ilíada – Homero

¡Uff! Pedazo de review. Qué osadía, qué desparpajo, qué caradura, haber creado una historia corta inspirada en esta obra. Podría parecer que he profanado todo lo que representa, pero no es así. Esto es un homenaje. Ahora toca dar mi punto de vista sobre uno de los primeros escritos de la humanidad.

Primero, detallemos algo: La Ilíada es, esencialmente, una novela de fantasía.

¿Eh?

¿Novela de fantasía? ¿No me jodas? Es como decir que El Quijote es una obra de Tolkien, con elfos y demás criaturas. Pero, en el caso de La Ilíada, sí que es una novela estructurada en cantos recitados… de fantasía. Es evidente: en ella intervienen numerosas divinidades de la antigua Grecia que tienen un papel trascendental en la trama. Dioses, divinidades… fantasía.

Lo demás son especulaciones. Incluso la descripción de vestimentas y cascos. Es posible que no haya evidencia de que semejante ornamentación bélica existiera en el siglo XII a.C. Este tipo de detalles parecen más propios de épocas posteriores, cinco o siete siglos después.

Incluso Homero, el supuesto autor, es un enigma. Algunos dudan de que haya existido realmente; otros afirman que era ciego. Se especula que su discapacidad podría haber sido el catalizador de una obra que explora la catarsis: cómo las personas con minusvalías tan significativas podrían haber encontrado formas de integrarse en una sociedad tan exigente como la de aquella época.

Los pasajes que describen el entorno de Troya también contribuyen al misticismo. La búsqueda de su ubicación real, los indicios de destrucción y reconstrucción a lo largo de su historia… todo ello alimenta la duda: ¿existió realmente Troya?

Pero hay un detalle que eclipsa todos estos enigmas: Alejandro Magno. Se dice que siempre llevaba consigo una copia de La Ilíada. Este hecho, para mí, es un claro indicador de la posible veracidad de algunos aspectos de la obra. No tanto de Homero como figura, sino de la existencia real de la ciudad. Alejandro podría haber sido uno de los principales artífices o defensores de su autenticidad histórica.

Por otro lado, también se dice que Homero no fue un solo hombre, sino un grupo, un colectivo de historiadores o narradores. Si realmente era ciego, alguien debió ayudarle, o quizá su obra fue un trabajo colaborativo. Es solo una teoría personal.

Lo indudable es que La Ilíada sigue siendo ampliamente conocida por nuestra generación. Desde pequeños, en la escuela, se nos introduce en su historia y sus personajes.

¿Qué más puedo decir? Quizá disfrutes más los prólogos de las diferentes ediciones que la propia obra. La Ilíada es un texto complejo, difícil de leer. En mi caso, leerla para llegar a esta review me llevó un mes y medio. Una barbaridad para una obra de tamaño medio. Ese tiempo de lectura podría justificarse para libros que superan las mil páginas, pero no para esta.

¿Qué más puedo añadir? Grecia me fascina, incluso más que Roma, aunque menos que Egipto. Aun así, suficiente para tener en mente escribir otra obra en el futuro, con ese toque potente que te haga reflexionar al final.

Pensar. Eso es lo que estos versos logran, o hacia donde te dirigen. Es posible que fueran creados como un compendio de enseñanzas subliminales para su época. Un refranero popular, una herramienta de aprendizaje perpetua para una sociedad que, en lo que respecta al pensamiento, quizá desarrolló más su intelecto que muchas otras civilizaciones, incluida la nuestra, aunque no en términos tecnológicos.

Sin más, dejo esta review. La edición que leí es la de Gredos, con la introducción de Carlos García Gual. También caí en los prólogos de la edición de Penguin, con la intro de Pere Güell.

Es evidente que somos swords. Pero no soy historiador, y es posible que me haya dejado llevar en alguna descripción. Muchos eruditos podrían debatir lo que aquí he dicho. Yo, como creador, antes que nada soy un consumidor. Y me he acercado a esta obra con un único objetivo: disfrutarla.

Saludos,
Jordi Revuelta
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Máscara de Agamenón.

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