Como siempre, las obras que llegan a mis manos traen consigo un contexto muy específico. Estación de tránsito es una obra sorprendentemente actual, a pesar de su antigüedad. La situación que retrata, muy cercana a la época de la Guerra Fría, tiene resonancias claras con el mundo en que vivimos hoy. Su característica más pepino es su comienzo. Es un comienzo de pure class. Te engancha de inmediato, y aunque la historia se vuelve más tranquila y sosegada después, en ningún momento se torna aburrida.

La temática de Estación de tránsito es muy del estilo de un «pepito grillo», una clara muestra de la preocupación del autor por el futuro de la civilización en su época. En este sentido, la obra encaja a la perfección con mi propia idiosincrasia, ya que siempre me interesan referencias que exploren la evolución de la humanidad. Disfrutarás mucho del mensaje profundo que la novela encierra. Además, no hay que olvidar que esta obra, galardonada con un premio Hugo, es imprescindible para cualquier lector amante del género.
«Estación de tránsito», ¿hay que leerla? Pues claro. Tenía planeado leerla en su idioma original, pero la verdad es que no hace falta. La traducción es excelente, con una prosa fluida que se lee rapidísimo, sin interferir en tus quehaceres diarios. Para quienes son más nuevos en el género, la obra resulta un verdadero respiro en comparación con los voluminosos libros de hoy en día.
Y ojo, que aunque parezca una novela más pausada, no te equivoques: su final está cargado de acción y como ya sabemos que somos subjetiv@s, no debemos olvidar que estamos del lado de los blasters bien cargados. Porque no nos equivoquemos, la novela tiene su final con acción, aunque parezca que no la vaya a tener.
¡Ahh! Si quieres el resumen o el espóiler. Solo hay que mirar la wiki.
