¿Algo está cambiando?

Cuando crees que todo se está yendo a la mierda, siempre sale algo para creer.

De aquí la importancia de la literatura.

No me lo puedo creer. La televisión nacional, RTVE, conocida por su buen hacer y por promocionar la literatura, me ha sorprendido hoy. Estaba comiendo con mi familia y viendo un programa del corazón.

No soy partidario de estos programas, pero me gusta estar al día de todo. Como escritor, observar la realidad es esencial, ya que muchas veces supera la ficción. Aunque no me entusiasma este tipo de programas, reconozco que la televisión nacional siempre los ha presentado con mucho gusto y sin llegar a ser malsonantes. Es verdad que este tipo de programas a menudo revelan la decadencia de la sociedad, pero eso es lo que vende.

Pero volvamos al punto. Cuando el programa estaba a punto de cerrar, ocurrió algo mágico. Los colaboradores aprovecharon la Feria del Libro de Madrid, que también ha sido destacada en los telediarios, y la participación está siendo muy prometedora. Mi cuerpo y alma se alegraron aún más cuando estos colaboradores empezaron a aconsejar libros.

Libros.

He dicho libros. ¡Puah! No sabes lo contento que me he puesto.

Un programa que, aparentemente, carece de una orientación tan positiva, hizo un alto y una pausa, aunque corta, para destacar la literatura.

Algo está cambiando.

Y ahora es cuando viene la bomba. Aprovechando la gran plataforma nacional, pude ver, una vez más, una de las películas más conmovedoras e impresionantes que he contemplado en mi vida.

Te lo voy a explicar. La trama, el ritmo, la historia y la unión de las secuencias con la música la convierten en una obra maestra.

Tomates verdes fritos.

He de reconocer que no me he leído el libro, mea culpa, pero pondré remedio a ese aspecto. Tengo mis razones, y una de ellas, básicamente la única, es la unión tan perfecta que tienen sus imágenes con respecto al sonido. Siempre he creído que la cinta puede ser mejor que el libro, pero no estoy seguro, y prometo que este año me lo voy a leer.

Esta película tiene una potencia inimaginable, y no solo por cómo trata la sociedad y la muerte, sino por cómo expresa la importancia de las personas y de las conexiones que una vida cruza. Lo crucial que es escapar de un entorno tóxico, la importancia de la gente que nos rodea y de que sus hábitos sean saludables. Porque, si no, todo requiere un esfuerzo titánico para reconducir los efectos adversos del entorno.

Esa sería la moraleja: la sociedad está entrando en una toxicidad muy alarmante. Esta película muestra otra época, donde esa toxicidad también existía, pero era combatida y contrarrestada. Es posible que hoy no haya contención a ese desbordamiento.

Se me ponen los pelos de punta al ver esta película. Es magia pura, sin swords ni blasters, ¡magia!

Es más, te podría hacer una tarde entera de tertulia de lo que plasma esta película. Pero mejor que la veas tú mismo.

Enlace en la imagen para ver la película.

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