La tranquilidad momentánea.

El agua está subiendo y, al parecer, las reservas hídricas siguen aumentando. Pero es ahora el momento de estructurar. Cuando hay, se puede hacer; si no hay, es todo sufrimiento y los avances escasos. Antes de que eso ocurra.

Otra vez.

¡Sí!

¡Otra vez!

Debemos prepararnos para el futuro y preservar el agua. Es momento de reestructurar, replantearse cosas. Si los embalses grandes no funcionan. A lo mejor funcionan embalses pequeños con pequeñas presas y generadores pequeños en mayor número.

La regla de oro de menos es más, aquí podría servir. Generadores más pequeños y mayor número en su recorrido por el transcurso del río.

Aquí no tenemos el río colorado que podemos hacer, una presa gigantesca como la que alimenta eléctricamente, una ciudad como las vegas en medio del desierto. Lo nuestro es diferente, debemos adaptarnos y ser prácticos.

Y no quiero tratar las desalinizadoras, porque estas están a nivel del mar. Subir el agua en altura tiene un coste energético. Esto debe ser siempre mínimo. Con lo que proseguimos en que la esperanza está solo en nuestras manos.

No esperar a que el agua divina caiga de los cielos. Ni rezar, porque te puedo decir que he rezado para que llueva, pero ese no es el caso. Se debe controlar el entorno, crecer como civilización. Porque por muchos avances que tengamos, no sigo de sorprenderme de las cosas que hicieron nuestros padres. Supongo que ahora nos toca el turno a nosotros.

¡El agua es vida! 

Todo el mundo lo sabe, ¿realmente es necesario recordarlo constantemente?

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