Antisolar – Emilio Bueso

Esto es divertimiento puro, aventuras sin fin, es el tipo de novelas perfectas para desconectar un poco de todo. Perfecta para la época en que estamos y alejarte de la pecera, la caja tonta o también llamada televisión. Con esta segunda parte, ya tienes todos los conceptos de la escritura de Emilio bien asimilados. El contraste de sus palabras cultas, con su despiporre verbal, no te sorprenderá y te gustará aún más.

Espectacular edición bolsillo de Gigamesh.

Me repito en decir por segunda vez que la novela no quieres que se acabe, su lectura se hace una experiencia superamena. Me encanta que tenga capítulos cortos que te espolean a continuar, pero que a la vez te dejan atender otros quehaceres para luego volver a coger el libro. Es más, de siempre he defendido los capítulos cortos y una letra de un tamaño decente para que la vista no sufra, esta edición de Gigamesh de bolsillo es brutal, supermanejable y contiene todos esos conceptos. 

En esta segunda parte tenemos el mundo trasncrepuscular, mejor definido y explicado. Es la base de la trilogía y no te sorprenderás en nada, solo te fijarás en lo que disfrutas leyéndola. 

Si de la primera parte hacíamos una similitud con los comics de Druna de los 80. A lo mejor esta vez me paso yo de cafre, la segunda parte sería como Mortadelo y Filemón, por lo guay que son los dos protagonistas principales y digo que me paso de cafre, porque Emilio se le nota que se modera un poco o incluso bastante con ellos, para no quitarle el protagonismo a los demás protas y desnivelar la trama. El Alguacil y trapo, serían como Fafhrd y el ratonero gris de lo que Emilio llama Biopunk. De esta manera les daríamos mayor caché a los protas, aunque Mortadelo y Filemón, nadie los igualará y han creado época. 

Es evidente que leerte la tercera parte y acabar la trilogía, sería lo ideal, una vez acabado el segundo libro. En mi caso dejaré unas pocas lecturas más de otros géneros. No quitaremos emoción y tampoco demasiado tiempo entre libros para no olvidar detalles, ya que cada libro está conectado como si fuera uno solo. Aunque el primero lo podrías leer y dejarlo por concluido. 

Como broche final, esta vez somos lectores. Cada día que pasa, uno se da cuenta de que tener las manos en un libro, te libera de la opresión de los medios. Los que son absorbentes y nadie es culpable por dejarse llevar por las olas que generan. El libro consigue dar esa pausa que arria las velas de tu barco, antes de que vuelva el viento y el oleaje que te empujará de nuevo. 

Con lo que esta vez no somos ni Swords ni Blasters, somos libres de leer lo que nos dé la gana, aunque sean las locuras de Emilio, que por muy locas que sean. ¡Entretienen!

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